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Provinciales

Accesibilidad: cuando la responsabilidad es compartida

San Juan y Argentina están adheridas a la Convención de Derechos para Personas con Discapacidad, pero completar esa cadena de valores demanda decisión política y compromiso social.

POR REDACCIÓN

08 de mayo de 2016

En el año 2016 la ONU creó la Convención de Derechos para Personas con Discapacidad. Este instrumento internacional dice que “la discapacidad no la tiene la persona, sino que resulta de la interacción entre personas con deficiencias y las barreras debidas a la actitud y al entorno que evitan su participación plena y efectiva en la sociedad, en igualdad de condiciones con las demás”.

Esto se traduce a que la discapacidad aparece cuando un discapacitado debe estar en igualdad de oportunidades con el otro, lo que tienen las personas son algunas limitaciones que pueden sobreponerse gracias a ciertos ajustes que implementados garanticen la igualdad de oportunidades.

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El artículo 21 del capítulo IV de la ley nacional 24.314 de Accesibilidad al Medio Físico para Personas con Movilidad Reducida dice que los “edificios de uso público deberán observar en general la accesibilidad y posibilidad de uso en todas sus partes por personas de movilidad reducida y, en particular, la existencia de servicios sanitarios adaptados”.

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Al respecto, Marcela Domínguez, coordinadora del área de Accesibilidad del ministerio de Desarrollo Humano, nombra como tal a la condición que debe presentar al medio físico para que las personas con movilidad y comunicación reducida para que su desplazamiento sea de manera autónoma y segura.

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“La discapacidad o la movilidad reducida siempre ha sido socialmente excluida por el hecho de que se cree que son personas que no tienen capacidades por desarrollar. Con el correr de los años se ha ido descubriendo el potencial que tienen”, cuenta la arquitecta.

Para Domínguez, los avances tecnológicos en cuanto a la inclusión son asombrosos sin embargo, en la arquitectura hay cierta resistencia a los cambios, hay conceptos que no están contemplados en el diseño de espacios, la fractura está en la formación del arquitecto. Esto tiene que ver con una instancia de convivencia del arquitecto con todo tipo de personas y estas personas como habitantes de estos espacios”.

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“Al caminar por las calles de la ciudad, entrar en alguna oficina, ir al parque o visitar alguna escuela percibimos que aunque todos coincidimos en la necesidad de espacios inclusivos, aún faltan acciones tanto del sector público como del sector privado para lograrlo”, agrega.

Es por esto que muchos sanjuaninos con discapacidad desisten de estudiar, de practicar algún deporte, de desempeñarse laboralmente o inclusive de acudir a terapia de rehabilitación física porque se topan con la negativa de los transportistas para llevarlos. Las calles no están adaptadas para su tránsito en silla de ruedas. Es todo un reto llegar hasta una escuela o la facultad ante los numerosos escalones que la preceden. Las oportunidades laborales están limitadas y los espacios laborales no están adaptados. En el caso de que la discapacidad sea visual, se pueden encontrar ante otras complicaciones.

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Sebastián Fernández es funcionario de la municipalidad de la Ciudad de San Juan y usuario de silla de ruedas: “Desde el primer momento en que te levantás de la cama, si tu casa no está adaptada, si tu departamento no está adaptado, si tu barrio no está adaptado, si el colectivo o el auto en el que te manejas para ir al trabajo no está adaptado, te encontrás con unas barreras insalvables”.

Fernández asegura que “San Juan no está tan mal comparándola con otras ciudades, es muy bueno todo lo que se ha hecho”.
El dilema es que todas las cosas están pensadas para las personas discapacitadas y un acompañante. En mi caso, las rampas están pensadas para gente que tengan un asistente, por el grado de la pendiente. Yo ando solo en la calle y de una u otra manera te la vas arreglando”, añade el funcionario.

En contraste con la accesibilidad en las calles, para Sebastián, la situación en comercios y edificios públicos “son un tema aparte, no somos un país de guerras como es EEUU donde hay mucha gente que anda en silla de ruedas, ellos tuvieron que adaptar todo, nosotros tenemos arquitectura en general antiguas, no está pensada para las personas con discapacidad”.DSC_5696

Juan José Russo, trabaja en el Centro Cívico, es conocido por todos en ese edificio donde pasan miles de sanjuaninos diariamente y cuenta como es vivir con Mielomeningocele, una discapacidad con la que nació, en la que la columna vertebral y el conducto raquídeo no se cierran antes del nacimiento. Esta afección es un tipo de espina bífida. Tiene 31 años y trabaja en el ministerio de Desarrollo Humano hace 8 años.

“Mucho no entendía al principio que era lo que me pasaba, pero me decían que iba a tener que usar silla de ruedas de por vida, no me hice mucho problema, porque debes adaptarte a las circunstancias que la vida te pone”, cuenta Juan José.

“Estas limitaciones las empecé a entender cuando tenía que pedir ayuda a subir una rampa o escalones en el centro, tenía miedo de sufrir una caída, pero esos miedos se van con el tiempo”, reconoce.

“Dificultades en lo que respecta a la accesibilidad en el Centro Cívico no tengo, los pasillos son amplios, es un edificio bastante grande y bien construido”, explica.

Para Juan José, “una ciudad accesible debe estar diseñada para todos, todos a lo largo de nuestra vida podemos tener algún tipo de necesidad y no necesariamente podes tener una discapacidad propia y tenemos que estar preparados para eso. Cuando hablamos de accesibilidad en un sentido amplio podemos ver una mujer embarazada, personas mayores, todos en nuestro día a día tenemos capacidades diferentes”.

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Cualquier ciudadano se puede beneficiar de una rampa, de un entorno en el que el sonido se capte de una forma cómoda, limpia, que no haya mucho ruido ambiente, o un entorno de una iluminación optima pensando en personas con deficiencia visual o simplemente utilizando un lenguaje fácil.
Hablar de una ciudad inclusiva es hablar de una sociedad inclusiva, una sociedad en la que todos, independientemente de las discapacidades, sean uno más y no tengan que levantar la mano para decir ‘yo no puedo’.

La accesibilidad es una cadena de valores de cuatro eslabones que no deben cortarse, porque se pierde la autonomía del desplazamiento. El primer eslabón se da en la accesibilidad arquitectónica, desde el momento de salir de la casa; el segundo, el urbanístico; el tercero, el transporte, y el cuarto, que tiene que estar en todos lados, es la comunicación.

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