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Provinciales

Personas con discapacidad padecen la falta de accesibilidad en San Juan

San Juan enfrenta el gran reto que se plantea con respecto a la accesibilidad, tanto como en los edificios públicos, las calles o el transporte. Soluciones para derrumbar las barreras arquitectónicas y sociales.

POR REDACCIÓN

27 de mayo de 2016

Según el artículo 9 de la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, para que los discapacitados puedan vivir de forma independiente, los Estados deben garantizar el acceso a todo lugar: edificios, escuelas, hospitales, viviendas. También a los lugares de trabajo y a las calles.

En el año 2016, 10 años después de ser aprobada, estos objetivos aún no se cumplen por completo. Es que históricamente, ha predominado la tendencia a diseñar el entorno que habitamos, productos o servicios, en base a un criterio estándar sin atender a la diversidad de las personas ni de sus necesidades.

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Al realizar un recorrido por el Gran San Juan, se puede visualizar la falta de adecuaciones en la infraestructura de la ciudad para que sea realmente accesible en requerimientos mínimos, casi de manual, como pasamanos, un ancho específico de una rampa, desniveles y otros tantos.

Para eso basta con escuchar a Abril Moreno, una joven sanjuanina que recorre la ciudad en su silla de ruedas como puede. “Da bronca que existan ciertas leyes que no se cumplen porque en muchos casos ni siquiera se conocen”, cuenta.ACCESIBILIDAD1

“Soy una ciudadana más y no se me permiten ciertas cosas, no poder entrar a un edificio público es muy molesto, no te sentís un ciudadano, sentís muchísima incertidumbre, pensando en ‘¿yo acá que hago?’”, agrega Abril.

Para hablar de accesibilidad, DiarioHuarpe.com recurrió al director provincial de Discapacidad, Gastón Díaz. “Tenemos que pensar no solo en una cuestión edilicia, hay que hablar del medio físico, de acceso a la internación y a la inclusión laboral de personas con discapacidad”, dice.

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Para el funcionario, “a San Juan le hace falta que las barreras arquitectónicas sean suprimidas, que exista mayor cantidad de rampas, baños, veredas accesibles para las personas ciegas, pero por sobre todo, hace falta accesibilidad en los edificios públicos. Esto se da en el poder Ejecutivo, en el Legislativo y fundamentalmente en el poder Judicial”.

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Un tema aparte es el transporte público. Según las asociaciones entendidas en el tema, las empresas de transporte urbano e interurbano de pasajeros deben cumplir con la convención internacional así como leyes nacionales y provincial sobre discapacidad.
Según la Ley Nacional del Sistema de Protección Integral de los Discapacitados, todas las líneas de colectivos debían incorporar unidades con rampas cada vez que renueven su flota. El cronograma establecía que desde el año 2002, todas las unidades nuevas debían ser accesibles para personas con discapacidad. Además, las líneas debían cambiar los coches cuando cumplían diez años.

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“No hemos cumplido con la ley nacional, de igual manera estamos conversando con algunos empresarios del transporte y con el diputado Pablo García Nieto para gestionar un proyecto de ley para que las nuevas unidades de colectivos que vayan reemplazando sean accesibles”, explicó el funcionario.

Para Gastón Díaz el problema va más allá: “Para tener un colectivo accesible, primero los intendentes deben arreglar sus veredas para que las paradas de colectivos permitan el acceso a personas con sillas de rueda, una madre con un cochecito o algún anciano con un bastón”.

En ese sentido, el director de Discapacidad explicó que realizaron un estudio sobre el costo de un colectivo 0km con una rampa y otro de iguales características, aunque sin ser accesible: el primero tiene un valor superior de tan solo 15 por ciento. “No es una inversión grande”, añadió.

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“Hay que sensibilizar a los intendentes y el Estado debe generar políticas de inclusión, debemos sensibilizar al empresariado y a la sociedad en su conjunto”, finalizó Díaz.

Por el lado del Colegio de Arquitectos de San Juan, su presidenta, Norma Merino, cuenta que se debe concientizar a los profesionales y a toda la sociedad, “debemos tener en cuenta que existe un hermano discapacitado que necesita que se tengan presentes todas las cuestiones de normativas. Sobre todo a los propietarios de las obras, uno tiene que enseñarles que la accesibilidad debe estar presente dentro de su edificio”.

Merino destacó que “desde el punto de vista de las obras arquitectónicas, la dirección de Planeamiento de la provincia viene exigiendo hace algunos años, rampas y todo lo que tiene que ver con accesibilidad, lo cual es muy importante. Se deben tener en cuenta los edificios que tienen un gran flujo de gente, deben estar acondicionados para que se cumpla con la normativa”.

En ese sentido aclaró que “en la actualidad hay edificios que pueden ser acondicionados y otros a los que nos cuesta un poco más, pero de acá en adelante se tendrá en cuenta en las construcciones nuevas “.

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Carolina Pantano, usuaria de silla de rueda y licenciada en Comunicación Social asegura que “con algunos elementos, como una rampa o un pasamanos, y buena voluntad, los obstáculos se pueden solucionar”.

“Muchas veces siento impotencia, cansancio o incertidumbre al no saber si voy a necesitar ayuda o no”, dice Carolina y analiza: “En la sociedad hay una mirada integradora, hoy estamos luchando para que sea inclusiva. Eso todavía la inclusión total no se da”.

Cualquier ciudadano se puede beneficiar de una rampa, de un entorno en el que el sonido se capte de una forma cómoda, limpia, que no haya mucho ruido ambiente, o un entorno de una iluminación optima pensando en personas con deficiencia visual o simplemente utilizando un lenguaje fácil.

https://www.youtube.com/watch?v=bOFC-2KW3AA

Hablar de una ciudad inclusiva es hablar de una sociedad inclusiva, una sociedad en la que todos, independientemente de las discapacidades, sean uno más y no tengan que levantar la mano para decir ‘yo no puedo’.

La accesibilidad es una cadena de valores de cuatro eslabones que no deben cortarse, porque se pierde la autonomía del desplazamiento. El primer eslabón se da en la accesibilidad arquitectónica, desde el momento de salir de la casa; el segundo, el urbanístico; el tercero, el transporte, y el cuarto, que tiene que estar en todos lados, es la comunicación.

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