Autopensarse

Salir de la “zona de confort”: ¿cuándo es necesario?

5:25 am

Esta frase es continuamente repetida y siempre relacionada con el "peligro" de permanecer inmóviles y no asumir nuevos desafíos. Pero este empujón para corrernos todo el tiempo del lugar tiene un "lado b".

Hay que salir de la zona de confort”. Esta frase se repite en reuniones y capacitaciones sobre diseño de carrera profesional.

En el buscador más importante del mundo, Google, la frase aparece relacionada con el “peligro” de permanecer inmóviles y no asumir nuevos desafíos.

Esta actitud de moda incentiva a escapar de la pasividad y la apatía de una rutina. Se trata de hacer lo posible para que el desarrollo profesional siga un rumbo cercano a los sueños o anhelos de cada uno. Pero, este empujón para corrernos todo el tiempo del lugar en el que estamos tiene un “lado b”: la velocidad permanente, el inconformismo constante, la autoexigencia excesiva.

La especialista en desarrollo profesional Mercedes Korin trabaja sobre estos temas con un enfoque con el que ayuda a planificar y accionar hacia un rumbo laboral deseado. En uno de los talleres que hace con grupos de mujeres, indaga en el entramado de “ciclos laborales” en los que transitamos a lo largo de toda la vida.

La naturaleza es cíclica, así como también lo son los humanos y, en especial, las mujeres. “La propuesta es llevar esa naturalidad de los ciclos al concepto de ciclo laboral”, dice la licenciada en ciencias de la comunicación social y magister en sociología de la cultura que, si bien también trabaja con varones, asegura que éstos prefieren la modalidad individual.

Podríamos decir que en los ciclos laborales hay crisis para todos los “gustos” y edades: desde terminar una formación académica hasta qué hacer con el tiempo libre tras dejar la actividad laboral. “Me causa gracia cuando vienen chicas de veintipico que me dicen ‘acá debés tener todas chicas de veintipico, porque es la edad típica para una crisis’. Y después vienen las de treinta o las de cuarenta y dicen lo mismo porque, a grandes rasgos, cada década, cada etapa tiene su crisis”, comenta Mercedes.

Estos ciclos se entremezclan con los ciclos personales, propios y ajenos. Entenderlos como parte de un contexto permite, no solo “tener más claro adónde estamos paradas e identificar qué sentido tiene la etapa actual”, sino “proyectarnos, dar pasos concretos con ese fin e identificar quiénes facilitan y quiénes obstruyen esos objetivos, tanto a nivel interno (desde la propia intuición, experiencia, habilidades o conocimiento) como externo (interlocutores, oportunidades)”, expone Korin.

En la vorágine en la que vivimos pasamos de un ciclo a otro sin darnos cuenta: Mercedes opina que nuestra sociedad está cada vez menos ritualizada y eso hace que nos cueste más procesar o digerir los cambios.

Desentrañar en qué situación nos encontramos no siempre es tan obvio, porque los fines de ciclo o los cambios no siempre se dan con “hitos” específicos: “No estar conforme con el lugar en el que estoy o con la modalidad con la que trabajo es una sensación que a veces es difícil de poner en palabras”. Así, en una lectura equivocada, la tan esquivada “zona de confort” podría, en ciertas ocasiones, habilitarnos a poner el foco en matices laborales, reuniones que antes parecían imposibles de ser agendadas o, incluso, en aspectos personales a los que no podíamos prestarle demasiada atención.

Tan solo es cuestión de afinar el ojo, pero no esos con los que nos miramos: aquellos con los que nos vemos.

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