Leyendas

Angaco, tierra de Huarpes y grandes historias

2:32 pm

El territorio de Angaco guarda cientos de historias y leyendas, que hablan sobre nuestros orígenes y nos cuentan un poco sobre quienes habitaron estas tierras. Aquí te las contamos.

El departamento del Norte sanjuanino tuvo protagonismo en diferentes etapas históricas de la provincia. Aquí te contamos los datos mas importantes.

El pacífico Angaco

Juan Huarpe de Angaco fue el cacique huarpe que gobernó, a mediados del Siglo XVII, el territorio del norte del valle de Tulum. Era, junto a Pismanta y Huazihul, una de las figuras más dominantes al momento de la llegada de los españoles, con Juan Jufré al frente.

Angaco tuvo una actitud pacífica hacia los conquistadores, por lo que el Rey de España, Felipe II, lo calificó como “el indio noble” y le otorgó el trato de “don” como un privilegio real.

La traición a Pismanta y el origen de las aguas termales

Cuenta la leyenda, que fue el trato pacífico y amable que Angaco tuvo con los españoles lo que sumió en una profunda tristeza al caique Pismanta, el cual comprendía que su par estaba traicionando sus ideales.

Por esta razón, Pismanta huyó de los conquistadores y se retiró a esperar su muerte, a unas cuevas de Angalasto, durante una noche lluviosa. La tradición dice, que poco después de su partida se pudo escuchar un fuerte estruendo lo que alertó a los pobladores del lugar, que al llegar sólo pudieron encontrar una gran grieta de la que emanaban aguas termales.

Lo que se transmitió de generación en generación, es la creencia de que esa vertiente no es más que las lágrimas del Cacique Pismanta que brotan cálidas desde el corazón de la Pachamama, como recordatorio de la traición de Angaco.

El primer matrimonio en la provincia y su gran polémica

La hija del Cacique Angaco, Teresa de Asencio, se casó con el capitán Eugenio de Mallea, segundo de la expedición de Juan Jufré. Se trató del primer matrimonio celebrado en la provincia de acuerdo a los usos y costumbres europeas y causó una gran polémica entre estos, ya que por primera vez una mujer aborigen alcanzaba el mismo rango social que la más alta alcurnia europea.

Lo cierto es que los españoles pretendían asegurarse el dominio de las tierras a través de ese matrimonio, por lo que los conyugues recibieron, como herencia, los campos sobre los que Felipe II había otorgado el señorío al cacique de Angaco.

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