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¿Hay vida después de la presidencia?

Nunca ocurrió, en la historia argentina, que en el Senado de la Nación coexistieran, en ejercicio del cargo legislativo, tres expresidentes juntos, tal como ocurre en la actualidad con la presencia de Cristina Fernández, Adolfo Rodríguez Saá y Carlos Menem.

Félix V Lonigro

POR Félix V Lonigro SEGUIR
12 de agosto de 2019

12 de agosto de 2019

Nunca ocurrió, en la historia argentina, que en el Senado de la Nación coexistieran, en ejercicio del cargo legislativo, tres expresidentes juntos, tal como ocurre en la actualidad con la presencia de Cristina Fernández, Adolfo Rodríguez Saá y Carlos Menem.

Carlos Menem ha sido el presidente argentino que más tiempo ejerció el cargo sin interrupciones: condujo los destino de la Argentina en dos períodos consecutivos, que se extendieron desde el 8 de julio de 1989 hasta el mismo día del año 1995, y desde ese día hasta el 10 de diciembre de 1999, ya que cuando se reformó la Constitución Nacional en 1994, se agregó una disposición transitoria en la que se asignó, al período 1995/1999, una duración excepcional de cinco años y medio, con el objetivo de retornar al 10 de diciembre como fecha de recambio presidencial. Solo Julio A. Roca superó a Menem en cantidad de años gobernados: fueron dos períodos de doce años entre 1880 y 1886, y entre 1898 y 1904; pero no fueron seguidos.

En el extremo contrario, en materia de duración de períodos presidenciales, está Adolfo Rodríguez Saa, quien ejerció la primera magistratura de la Nación durante apenas siete días, entre el 24 de diciembre y el 31 de diciembre de 2001. No fue un presidente electo popularmente, pero no puede objetarse la legalidad de su gestión, porque fue designado por el Congreso de la Nación, en aplicación de la ley de acefalía vigente, como consecuencia de la renuncia del recientemente fallecido Fernando de la Rúa, ocurrida el 20 de diciembre de ese año.

Cristina Fernández fue, asimismo, una de las seis mandatarias en conducir al país en más de una oportunidad. Lo hizo entre 2007 y 2011, y entre 2011 y 2015. De triunfar la fórmula Fernández-Fernández en los comicios del próximo 27 de octubre, se convertiría en el primer caso, en la Argentina, en la que un presidente se convierte más adelante en vicepresidente de la Nación.

 Pues aprovechando esta hipotética circunstancia, vale la pena preguntarse si es cierto que, tal como suele afirmarse, en la Argentina nadie se jubila de la gestión pública, ni siquiera quienes fueron primeros mandatarios.

 Si bien la Constitución Nacional permite a un ciudadano ejercer la presidencia cuantas veces quiera, ya que la única limitación en materia de reelección es que no se pueden ejercer tres mandatos seguidos, la realidad es que, tal como lo anticipé, solo seis presidentes (18%) gobernaron durante más de un período (Roca, Yrigoyen, Perón, Menem, Kirchner y Fernández), y únicamente Juan Domingo Perón lo hizo en tres oportunidades (1946/1952, 1952/1955 y 1973/1974). 

 Pero no solo es bajo el porcentaje de presidentes que repitieron su gestión, sino que también lo es el de aquellos que tuvieron actividad política después de haber desempeñado la primera magistratura. Veamos.

 En cuatro casos ello no pudo ser posible porque tres presidentes murieron en ejercicio del cargo (Manuel Quintana, Roque Sáenz Peña y Juan Domingo Perón) y uno falleció pocos meses después de haber renunciado (Marcelino Roberto Ortiz). En los demás casos, hubo trece presidentes que, al terminar sus gestiones, no ejercieron ningún cargo público (Julio Argentino Roca e Hipólito Yrigoyen –en ambos casos después de haber terminado sus segundas presidencias-, Santiago Derqui, Miguel Angel Juarez Célman, Luis Sanz Peña, Victorino De la Plaza, Marcelo T. de Alvear, Ramón Castillo, Arturo Frondizi, Arturo Illia, Raúl Lastiri, Fernando De la Rúa y Eduardo Duhalde)

Significa entonces que, exceptuando a quienes fallecieron en ejercicio de la presidencia, solo quince exmandatarios (el 38%) ejercieron diferentes cargos públicos después de terminar sus gestiones: nueve fueron senadores nacionales (Mitre, Sarmiento, Avellaneda, Pellegrini, Uriburu, Alfonsín, Rodríguez Saa, Menem y ahora Cristina Fernández), dos fueron ministros del Poder Ejecutivo (Sarmiento y Roca después de su primera gestión), uno fue gobernador de provincia (Urquiza, quien condujo los destinos de Entre Ríos, tal como lo había hecho antes de su presidencia), dos fueron diputados nacionales (Rodríguez Saa y Kirchner), uno fue Director de Escuelas de la provincia de Buenos Aires (Sarmiento), uno fue rector de la Universidad de Buenos Aires (Avellaneda),  uno fue convencional constituyente (Alfonsín durante la reforma de 1994), uno fue representante argentino en el Parlasur (Rodríguez Saa), tres fueron embajadores (Mitre, Cámpora y Figueroa Alcorta) y solo uno fue juez, ocupando un cargo en la Suprema Corte de Justicia de la Nación (José Figueroa Alcorta,  único dirigente en la historia argentina que presidió los tres órganos de gobierno: el Senado de la Nación durante su gestión como vicepresidente de Quintana, el Poder Ejecutivo, al reemplazar a éste cuando falleció, y la Corte Suprema desde 1915 hasta su muerte en 1931).

Pues más allá de estos datos estadísticos, podrá discutirse si es positivo, o no, que quien ha sido presidente de la República alguna vez, continúe desarrollando luego actividad política; lo que no es admisible es que el ordenamiento jurídico habilite a exmandatarios como Menem, en 2017, y Fernández en estas elecciones -quienes presumiblemente cometieron delitos en ejercicio de la presidencia- a presentarse como candidatos a ocupar cargos públicos, buscando impunidad en la protección de fueros que confieren inmunidad de arresto.

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