PUBLICIDAD
PUBLICIDAD

País > Innovación

Alumnos argentinos transformaron plástico en nafta y crean un reactor autosustentable

Estudiantes de una escuela técnica de Temperley transforman residuos plásticos mediante pirólisis y proyectan llevar el sistema a una planta piloto.

POR REDACCIÓN

Hace 1 hora
El proyecto nació en una escuela técnica de Temperley. FOTO: Gentileza

Una pregunta surgida en un aula terminó convirtiéndose en un proyecto de investigación y experimentación tecnológica. Estudiantes de la Escuela Técnica N.º 5 “2 de Abril” de Temperley, en Lomas de Zamora, desarrollaron un reactor de pirólisis capaz de transformar determinados residuos plásticos en productos líquidos y gaseosos, y lograron utilizar el combustible obtenido para poner en marcha una motocicleta.

La iniciativa se denomina PP Argento, por Petróleo Pirolítico Argento, y nació a partir de la inquietud de un alumno de séptimo año que actualmente ya es egresado. La pregunta que abrió el camino fue si era posible aprovechar el potencial energético de los plásticos descartados.

El antecedente se remonta a fines de 2025, cuando el equipo de la escuela había ganado el Concurso de Innovación Tecnológica de Lomas de Zamora con el proyecto “Tu chatarra es oro puro”. A partir de aquella experiencia surgió la posibilidad de investigar una alternativa para transformar residuos plásticos en combustible.

A comienzos de 2026, docentes y estudiantes de cuarto año de Electromecánica comenzaron a estudiar la pirólisis térmica y avanzaron en la construcción de un reactor a escala de laboratorio dentro de los talleres de la institución.

El equipo está integrado por Joaquín Magis, Bautista Orzuza, Alejo Ottaviano, Joaquín Centurión e Ignacio Moreira de Luca, junto al docente de Química Pablo Enjo, el asesor científico-tecnológico Antonio Cuella y el gestor de recursos Javier Márquez, con el acompañamiento de los directivos y la Cooperadora Escolar.

Cuando la teoría llegó al taller

La pirólisis térmica consiste en someter determinados materiales a temperaturas elevadas y en ausencia de oxígeno para provocar su descomposición. En el caso de PP Argento, el equipo trabaja con poliolefinas como PEAD, PEBD y PP, parte de las cuales fueron obtenidas a partir de descartes industriales donados por IVESS.

El proceso se desarrolla a temperaturas que pueden alcanzar entre 450 y 500 grados Celsius. Para hacerlo posible, los estudiantes y docentes construyeron y modificaron sus propios reactores, incorporando sistemas de condensación mediante serpentinas y un divisor de gases.

El primer prototipo fue construido a partir de una olla a presión de aluminio. Sin embargo, las dificultades aparecieron rápidamente. El recipiente tuvo problemas para soportar las temperaturas requeridas y el grupo debió rediseñar el dispositivo e incorporar una tapa maciza.

Luego surgieron nuevas complicaciones, entre ellas obstrucciones provocadas por ceras y parafinas. Cada falla obligó a revisar el diseño, modificar componentes y volver a experimentar.

“Se nos fueron presentando constantemente problemas o fallos en el planteamiento, que fuimos nosotros, junto a los profes, los que teníamos que resolver”, explicó Joaquín Magis, uno de los estudiantes que participa del proyecto.

Para el joven, el trabajo les permitió comenzar a “pensar como lo haría un ingeniero o un técnico en la vida real”, enfrentándose a problemas que no tenían una respuesta previamente establecida.

Una nafta de 103 octanos

Las pruebas permitieron obtener un aceite pirolítico sintético que puede ser sometido posteriormente a procesos de refinación para obtener distintos combustibles.

Según explicó Pablo Enjo a Cadena 3, en una de las pruebas realizadas en el taller de Automotores obtuvieron una nafta que alcanzó los 103 octanos. El combustible fue colocado en una motocicleta de 150 centímetros cúbicos, que logró arrancar y mantener un funcionamiento estable.

“Obtuvimos una nafta bastante refinada”, señaló el docente.

De acuerdo con la información aportada por el equipo a EDUCREAR, alcanzaron una conversión líquida de entre 80% y 90%. Durante una destilación fraccionada también identificaron un producto que atribuyeron a hexano.

Estos resultados corresponden a las pruebas realizadas y reportadas por los integrantes del proyecto y forman parte de una experiencia que todavía se encuentra en etapa experimental.

El reactor que busca alimentarse a sí mismo

El próximo desafío no está solamente en producir combustible, sino en reducir la energía externa necesaria para hacerlo.

Actualmente, el equipo trabaja en un sistema que aprovecha los propios gases generados durante la pirólisis. Entre ellos aparecen hidrógeno, metano, etano y propano, que pueden ser redirigidos al reactor una vez alcanzadas determinadas condiciones de temperatura.

La propuesta apunta a que esos gases contribuyan a mantener el proceso y disminuyan la necesidad de aportar energía desde el exterior.

“La idea es que no gaste energía para poder obtener energía”, explicó Enjo.

Además, el grupo trabaja en un mechero alimentado con aceite recuperado de automóviles y camiones, con el objetivo de utilizar ese recurso como parte del abastecimiento energético del proceso.

El proyecto se encuentra actualmente con un tercer reactor operativo y avanza hacia nuevos desarrollos para mejorar el funcionamiento del sistema.

Más que combustible: aprender a resolver problemas

Uno de los aspectos centrales de PP Argento no está solamente en el producto obtenido, sino en el proceso educativo que permitió llegar hasta allí.

El proyecto articula conocimientos de Química y Electromecánica con técnicas de mecanizado, soldadura, ajuste, control de temperatura y diseño de dispositivos. Los estudiantes deben interpretar los problemas, plantear soluciones, construirlas y comprobar si funcionan.

“Lo más importante que aprendí participando del proyecto es que no hay que guardarse las ideas porque pensamos que van a ser inútiles o de poca ayuda, sino que hay que hablarlas, explicarlas y, si es posible, intentar llevarlas a cabo”, sostuvo Alejo Ottaviano.

Joaquín Centurión, en tanto, destacó la importancia de la planificación, el trabajo coordinado, la perseverancia y el rigor técnico para atravesar las dificultades que aparecieron durante el desarrollo.

Para Enjo, la experiencia permite trabajar sobre investigación aplicada, pensamiento crítico y resolución de problemas en tiempo real, trasladando conocimientos del aula y del taller a una situación concreta.

Los ensayos se realizan bajo protocolos de seguridad que incluyen elementos de protección personal, matafuegos, sistemas de extracción, válvulas de alivio y supervisión permanente de las fuentes de calor.

Del taller a una posible planta piloto

Con el reactor a escala de banco en funcionamiento, el equipo ya piensa en el siguiente paso. El objetivo planteado por Enjo es avanzar hacia una planta piloto en centros de acopio de Lomas de Zamora, donde el sistema pueda ser probado en una escala mayor.

El proyecto también despertó interés de otras localidades y provincias que se comunicaron con la escuela para conocer la experiencia.

Sin embargo, existe una limitación concreta: la falta de recursos económicos para realizar nuevas pruebas, mejorar los dispositivos y avanzar en otras líneas de investigación.

PP Argento nació de una pregunta sencilla y avanzó a través de prueba y error. En el camino, los estudiantes construyeron reactores, enfrentaron fallas, modificaron diseños y consiguieron transformar un residuo plástico en un producto combustible.

El proyecto todavía tiene desafíos técnicos por delante, pero ya dejó una experiencia concreta dentro de la escuela: la posibilidad de que una inquietud de un estudiante se convierta en una investigación colectiva, donde aprender no significa solamente conocer una respuesta, sino también equivocarse, volver al taller y encontrar una nueva manera de intentarlo.

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD

Más Leídas

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD

Últimas noticias

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD