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Yo te Invito > Yo Construyo

Cinco cambios en casa para prevenir accidentes en adultos mayores

La arquitecta Laura Rocamora explicó qué cambios permiten adaptar el hogar para envejecer con seguridad y autonomía.

Por Ana Paula Zabala
Hace 5 horas

El baño es uno de los espacios del hogar donde existe mayor riesgo de caídas.

Pensar una casa para envejecer no significa llenarla de rampas, barrales o elementos que recuerden permanentemente el paso de los años. Por el contrario, pequeñas decisiones de diseño tomadas a tiempo pueden permitir que una persona conserve durante más años su independencia y, al mismo tiempo, reducir el riesgo de accidentes.

De eso habló la arquitecta Laura Rocamora, especialista en Diseño de Interiores (UBA), fundadora y directora del estudio Uno en Cien, durante una nueva edición de Yo Construyo, el segmento de arquitectura y diseño del programa Yo Te Invito.

El dato que disparó la conversación es contundente: el 56% de los accidentes que sufren los adultos mayores ocurre dentro del hogar, según datos difundidos por la Defensoría de la Tercera Edad. Además, las caídas constituyen uno de los principales riesgos a medida que avanza la edad. “La mayoría de las casas no están pensadas para envejecer con nosotros. Y eso se nota mucho antes de que haga falta una rampa”, explicó Rocamora.

La especialista identificó cinco barreras frecuentes que pueden comenzar a resolverse mucho antes de que aparezca una dificultad de movilidad.

El baño, uno de los principales puntos de riesgo

Agua, superficies resbaladizas, bañeras que exigen levantar las piernas y falta de lugares donde sujetarse convierten al baño en uno de los ambientes que merece mayor atención. “El baño no avisa. Por eso hay que diseñarlo antes de que haga falta”, sostuvo Rocamora.

Una de las principales recomendaciones es reemplazar las bañeras por duchas al ras del piso y prever bancos y agarres. También existen barrales y apoyos con diferentes terminaciones que permiten integrarlos al diseño sin que el ambiente adquiera necesariamente una apariencia hospitalaria.

Las mesadas flotantes ayudan a despejar la circulación y las puertas que abren hacia afuera, o determinadas soluciones de puertas partidas, pueden facilitar el ingreso de otra persona en caso de una caída.

Dos centímetros también pueden ser una barrera

Otro enemigo cotidiano puede pasar prácticamente inadvertido: los pequeños desniveles.

Eliminar pequeños desniveles puede ayudar a prevenir accidentes dentro de la vivienda.

Umbrales y escalones entre ambientes, galerías o patios son habituales en muchas viviendas y pueden transformarse en lugares de tropiezo cuando disminuyen la movilidad, la visión o el equilibrio. “Un desnivel de dos centímetros puede cambiar una vida. En el diseño no hay detalles menores”, advirtió la arquitecta.

A esto se suma la importancia de elegir pisos antideslizantes y evitar alfombras sueltas que puedan desplazarse o engancharse al caminar.

La iluminación también puede prevenir accidentes

Con los años también cambia la manera en que vemos. Por eso, una iluminación que parecía suficiente puede dejar de serlo.

Rocamora recomendó reforzar especialmente pasillos y recorridos habituales, como el camino entre el dormitorio y el baño. Incluso pueden utilizarse pequeñas luces de enchufe que no requieren una nueva instalación eléctrica.

Una correcta iluminación de pasillos y recorridos cotidianos mejora la seguridad en el hogar.

Pero no se trata solamente de agregar potencia. La especialista propone trabajar con distintas capas de iluminación, combinando luz general con iluminación específica para determinadas tareas y puntos de acento.

Durante la noche, además, aconseja utilizar luces cálidas y regulables para interferir lo menos posible con el descanso y el ritmo circadiano. “La luz no es solo para ver. Es para que el cuerpo sepa qué hora es”, resumió.

Una cocina que no obligue a agacharse ni estirarse

La cuarta barrera aparece en un lugar de uso cotidiano: la cocina.

Alacenas demasiado altas, muebles bajos y elementos de uso frecuente guardados en lugares poco accesibles pueden obligar a agacharse, estirarse o incluso subirse a bancos.

Una cocina accesible evita que las personas tengan que agacharse o estirarse de más.

La recomendación es concentrar aquello que se utiliza todos los días aproximadamente entre la altura de la cintura y los hombros. Los cajones también pueden resultar más accesibles que los tradicionales muebles bajos con puertas. “Una cocina bien pensada no obliga al cuerpo a resolver lo que el diseño no resolvió”, señaló Rocamora.

Cuando el problema de escuchar también está en el ambiente

La quinta barrera es mucho menos visible. La pérdida auditiva aumenta con la edad, pero las características de una vivienda pueden facilitar o dificultar todavía más la comunicación.

Los ambientes amplios, con techos altos y muchas superficies duras, generan reverberación. Esto puede complicar la comprensión de una conversación e incluso dificultar la percepción de determinadas alertas.

Incorporar materiales que absorban parte del sonido, como textiles, madera o soluciones acústicas en paredes y cielorrasos, puede mejorar el confort del ambiente. “No escuchar bien no es solo un problema de oído. Es un problema de espacio”, explicó.

Para Rocamora, adaptar una vivienda no debería comenzar después de una caída o cuando aparece una limitación física. La verdadera oportunidad está en anticiparse e incorporar soluciones que puedan acompañar las distintas etapas de la vida sin sacrificar estética ni comodidad. “Prevenir no es rendirse a la edad. Es diseñar para seguir siendo dueño de tu casa”, concluyó.

La propuesta, entonces, cambia la manera de pensar la vivienda: no diseñar solamente para quienes somos hoy, sino también para quienes seremos mañana.

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