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Provinciales > Más allá del uniforme

Cuatro héroes, vidas entregadas al servicio y una memoria que perdura en San Juan

Sus familias abrieron el corazón para recordar a Carlos Heredia, Rubén Castro, Jorge Carbajal y Germán Videla, vidas dedicadas al servicio.

Por Maximiliano Maldonado
Hace 6 horas

Carlos Heredia, Jorge Carbajal, Marcelo Videla y Rubén Castro dejaron una huella imborrable en San Juan.

Hay personas que dejan una marca que no desaparece cuando dejan de estar. Queda en una casa que conserva sus objetos, en una fotografía familiar, en un consejo que alguien todavía repite y, sobre todo, en las voces de quienes tuvieron la suerte de compartir una parte de su vida.

A un mes del trágico siniestro aéreo que ocurrió en Valle Fértil, los nombres de Carlos Heredia (55), Rubén Castro (52), Jorge Carbajal (50) y Germán Videla (52) siguen presentes en San Juan. Los cuatro funcionarios perdieron la vida mientras cumplían funciones, pero detrás de los cargos que desempeñaban existían cuatro historias profundamente humanas, atravesadas por el trabajo, la vocación de servicio, la familia, los amigos y los pequeños momentos cotidianos que hoy se transformaron en recuerdos.

DIARIO HUARPE recorrió parte de esas historias a través de quienes más cerca estuvieron de ellos. Nelson Heredia, hermano de Carlos; María Celia Aciar, esposa de Rubén; Valeria, de Jorge Carbajal y Claudia Paredes, de Germán, abrieron las puertas de sus recuerdos para mostrar quiénes eran esos hombres cuando dejaban atrás el uniforme.

Carlos Heredia, el hijo de Valle Fértil que nunca se olvidó de su pueblo

Carlos Heredia era director de Protección Civil y Defensa Civil de San Juan, pero para su hermano Nelson Heredia siempre fue, antes que nada, aquel muchacho con quien compartió la infancia en Astica, los trabajos de la cosecha, los deportes y una parte enorme de la vida.

Nelson recordó que entre ambos había apenas un año y medio de diferencia y que por eso compartieron innumerables experiencias. “He tenido más vivencias con mi hermano Carlos”, contó al recordar aquellos años en los que, junto a sus hermanos, debían trabajar para ayudar a sostener la economía familiar.

La infancia también estuvo marcada por el esfuerzo. Después de terminar el primer año de la secundaria, los hermanos salían a trabajar en la cosecha de uva y melón y luego viajaban hacia la ciudad de San Juan en busca de oportunidades laborales.

Pero Carlos también tenía sus pasiones. Nelson recordó que durante su juventud disfrutaba especialmente del básquet y el vóley, deportes que practicaba junto a los jóvenes del departamento.

Con los años, aquella vocación de servicio se convirtió en una profesión. Carlos llegó a ser licenciado en Higiene y Seguridad, docente y finalmente director de Protección Civil, pero nunca dejó de regresar a Valle Fértil ni de ponerse a disposición de su comunidad. Su hermano todavía recuerda una de las frases que mejor definían su manera de enfrentar las dificultades: “Había un inconveniente, bueno, listo, sáquense la mano de los bolsillos porque se van a podrir las uñas. Esto tiene solución, vamos, para adelante”.

Para Nelson, el orgullo está justamente en todo aquello que Carlos consiguió y en la manera en que lo hizo. “Mi hermano llegó a una cima impresionante con respecto a su conocimiento, su profesionalismo, su parte humana”, expresó.

Rubén Castro, pasión por su profesión y su familia

Rubén Castro era jefe de Bomberos de la Policía de San Juan. Su uniforme representaba una parte importante de su vida, pero para María Celia Aciar, su esposa, era mucho más que el funcionario que tenía responsabilidades y emergencias: era el hombre con quien compartió prácticamente toda su vida.

María Celia contó que conoció a Rubén cuando tenía apenas 16 años, cuando él cursaba en la Escuela de Cadetes. La historia comenzó casi de casualidad, a partir de una conversación con la hermana de Rubén por una máquina de tejer.

“Toda una vida, toda mi vida con él”, resumió María Celia al recordar aquel encuentro que terminó transformándose en una historia familiar de décadas. También confesó que, cuando finalmente lo conoció personalmente, hubo algo que la impactó de inmediato: “Me encantaron sus ojos, para mí siempre han tenido sus ojos muy bonitos”.

La historia de Rubén estuvo atravesada por la profesión, pero también por la familia. Las obligaciones muchas veces significaban ausencias, llamados inesperados y días enteros lejos de casa, aunque el regreso siempre tenía un significado especial: encontrarse con Celia, su compañera de vida y sus dos hijos, Rocío y Santino.

Para quienes lo conocieron, Rubén era un hombre apasionado por su trabajo, alguien que asumió su responsabilidad como una forma de vida. Y esa pasión fue también parte de la familia que construyó.

Jorge Carbajal, el trabajador incansable y el hombre de familia

Jorge Carbajal, oriundo de Iglesia, tenía una relación especial con su trabajo dentro de Bomberos, pero quienes compartieron su vida cotidiana recuerdan otra faceta: la del hombre que prácticamente no podía quedarse quieto. Su esposa contó que era “excelente” y “muy trabajador”. En la casa siempre encontraba algo para hacer y, cuando terminaba una tarea, aparecía otra. “Todo lo hacía él, todo lo hacía él”, recordó con una mezcla de orgullo y tristeza.

La vivienda quedó llena de esas pequeñas huellas. Jorge había pintado, trabajado en la ampliación, realizado arreglos y cuidado los espacios exteriores, por lo que hoy cada rincón parece guardar una parte de su presencia.

También estaba el Jorge apasionado por el fútbol y por Boca. Su esposa recordó especialmente la felicidad que tenía cuando podía combinar su trabajo con el deporte, como ocurrió durante los operativos vinculados a los partidos de la Selección Argentina.

Pero si hay una palabra que aparece una y otra vez al hablar de él es familia. “Él era muy familiero”, dijo su esposa, al recordar que estaba siempre presente para sus sobrinos y que incluso tenía la costumbre de aconsejarles que estudiaran.

Jorge era también quien organizaba los encuentros familiares. El día de su partida había dejado pendiente justamente una celebración: quería reunir a todos para festejar el cumpleaños de su mamá. Su esposa recordó que la mañana de la tragedia se despidieron con un beso que quedará eterno en su sentir.

Germán Videla, entre el deber policial y el amor por sus hijos

La historia de Germán Videla, policía y hombre profundamente ligado a su familia, aparece en la voz de su esposa, Claudia Paredes. Para ella, él fue el compañero de una vida que empezó cuando ambos eran jóvenes vecino en el Barrio Santo Domingo de Chimbas y que tuvo que aprender a convivir con las exigencias de la profesión.

Claudia recordó especialmente aquellos primeros años, cuando Germán estaba en la Escuela de Cadetes. Los fines de semana eran el momento que tenían para verse, y cada domingo por la noche aparecía nuevamente la tristeza de la separación. “Era una angustia muy grande tener que irse el domingo en la noche para irse a la escuela”, contó.

Con la llegada de los hijos Emiliano, Carla y Francisco, esa necesidad de aprovechar cada instante juntos se hizo todavía más fuerte. Claudia lo resumió con una frase que parece explicar la esencia de su vida: “Siempre fue el trabajo y la familia”.

Germán no se limitaba a ser un padre presente cuando sus horarios se lo permitían. Cuando Claudia tenía que salir a trabajar, él se ocupaba de los chicos. “Todo el tiempo que podíamos estar nosotros con los chicos, estábamos con ellos”, recordó ella. Esa misma imagen aparece en el recuerdo de su amigo Gustavo Tejada, comisario general, quien lo definió como mucho más que un compañero. “Germán más que un amigo fue y será mi hermano de la vida”, afirmó.

Tejada también describió al hombre que existía detrás de la jerarquía policial. “Fue un hombre simple, que no le gustaban las adulaciones”, contó, y destacó que para Germán “su familia fue todo”. Después venían el deporte, el fútbol y las reuniones con amigos.

Los cargos quedan, pero las personas permanecen

Carlos, Rubén, Jorge y Germán fueron funcionarios, policías, bomberos y responsables de tareas que muchas veces exigían dejar sus hogares para acudir donde alguien los necesitaba. Sin embargo, sus familiares no hablan primero de los cargos, sino de los hermanos, esposos, padres y amigos que marcaron sus vidas.

Cuatro hombres. Cuatro historias. Cuatro familias que todavía los nombran en presente porque hay ausencias que el tiempo no consigue borrar. Carlos Heredia, Rubén Castro, Jorge Carbajal y Germán Videla ya no están físicamente, pero permanecen en las voces de quienes los amaron y en los pequeños recuerdos que permiten volver a abrazarlos por un instante.

 

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