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Daniel Sarmiento, el artesano sanjuanino que transforma la piedra y la arcilla
Con 63 años, el artesano recordó sus comienzos a los 16 y explicó por qué la escultura sigue siendo su pasión, más allá del trabajo diario.
Daniel Edgardo Sarmiento lleva más de cuatro décadas dedicado al trabajo artesanal y la escultura, una actividad que comenzó como un hobby cuando tenía 16 y que se convirtió en su oficio. En 2004 recibió un primer premio en un certamen de la Unesco para América Latina y el Caribe por una conana, un mortero americano antropomorfo al que incorporó un rostro humano.
En diálogo con DIARIO HUARPE, el escultor contó cómo pasó del modelado de arcilla al trabajo con piedra y, especialmente, con travertino de San Juan. Aunque también se dedica a la marmolería y al arte funerario como parte de su actividad comercial, aseguró que su verdadera pasión sigue siendo la escultura.
El reconocimiento que abrió nuevas oportunidades
Sarmiento recordó que el premio obtenido en 2004 le permitió abrir nuevas puertas para trabajar con empresas locales vinculadas a la piedra. A partir de ese momento, amplió su producción y comenzó a realizar esculturas, muebles de baño y bachas sobremesadas, además de las piezas artesanales que elaboraba desde sus primeros años.
El escultor explicó que el travertino es una roca importante para la actividad en San Juan y destacó su presencia en obras realizadas con materiales de la provincia. Con el tiempo, su trabajo incorporó herramientas modernas que le permiten agilizar determinadas tareas sin abandonar el conocimiento artesanal.
La tradición de trabajar la piedra en San Juan
Sarmiento también destacó el aporte de inmigrantes provenientes de la antigua Yugoslavia, entre ellos personas de origen croata y montenegrino, que trabajaron la piedra en la zona y transmitieron sus conocimientos a los trabajadores locales. Según relató, esa tradición contribuyó a desarrollar técnicas para trabajar el travertino y mantener vivo un oficio que requiere experiencia y conocimiento del material.
Actualmente, combina procedimientos tradicionales con herramientas como cortadoras a explosión con agua y cinceles eléctricos. Sin embargo, considera que la tecnología no puede reemplazar el componente humano que necesita una obra artística.
“No, no, no”, respondió cuando le preguntaron si las nuevas máquinas podrían sustituir el trabajo artesanal, y explicó que pueden enriquecerlo y ahorrar esfuerzos físicos. “La obra de arte, el arte en sí tiene que estar de mano de la sensibilidad, no de la fuerza bruta”, sostuvo.
Un oficio que pocos mantienen
El escultor estimó que en San Juan quedan apenas tres o cuatro talladores de piedra, mientras que la actividad alfarera reúne a más trabajadores. También participó en talleres vinculados con el área de rocas de aplicación, con propuestas destinadas a localidades como Sarmiento, Albardón, San Martín, Angaco y Valle Fértil.
Para quienes quieran iniciarse en la actividad, recomendó animarse, buscar asesoramiento y aprovechar las herramientas disponibles en internet. Además, contó que junto a su hermana participa en actividades de alfarería en el Mercado Artesanal, donde también han brindado talleres.
De la arcilla a la escultura
Los primeros pasos de Sarmiento se remontan a 1980, cuando trabajó con Isidro Montilla en la Expo Rural y conoció la arcilla como materia prima. A partir de revistas y publicaciones dedicadas a distintas disciplinas artísticas, comenzó a experimentar con el modelado y a elaborar pequeñas figuras que luego vendía para costear sus estudios.
Entre sus primeras piezas estuvieron los Cristos Pastores, que marcaron el comienzo de una trayectoria compartida durante un tiempo con su hermano. Juntos desarrollaron una alfarería más fina, con diseños inspirados en las culturas indígenas argentinas y el período prehispánico, y llegaron a comercializar sus trabajos en locales de Buenos Aires.
A sus 63 años, Sarmiento mantiene el entusiasmo por una actividad que considera mucho más que un empleo y que le permite expresar su creatividad. “Yo invito a todos, en el ámbito que sea, que trabajen en lo que les gusta”, concluyó.