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De la oveja al telar: prendas artesanales con huella sanjuanina

Miriam Rodríguez transforma saberes heredados y naturaleza en piezas únicas que revelan el verdadero valor de lo artesanal.

Por Ana Paula Zabala
Hace 1 hora

Ana Paula lució algunas de estas creaciones únicas y artesanales. (Foto captura HUARPE TV)

En tiempos en los que una prenda puede producirse por miles y recorrer medio mundo antes de llegar a un placard, Miriam del Valle Rodríguez propone detenerse a mirar todo lo que existe detrás de un objeto hecho a mano. Una oveja, alguien que la esquila, otro que hila su lana, un telar, hojas recolectadas, horas de trabajo y, finalmente, las manos del artesano. Ese recorrido invisible es parte de cada pieza de Alumbra by Suyay.

La artesana visitó Yo Emprendo, la sección del programa Yo Te Invito de HUARPE TV destinada a brindar un espacio gratuito a emprendedores de San Juan para mostrar lo que hacen y contar las historias que existen detrás de sus proyectos.

En su caso, esas historias pueden verse sobre la superficie de cada pieza. Miriam trabaja con fibras naturales, telar, cuero, cerámica, plantas y tintes obtenidos de la naturaleza. “Yo no hago prendas, yo trabajo con la materia”, resumió.

La historia que no se ve cuando se mira una prenda

Para comprender el valor de su trabajo hay que retroceder mucho más allá del momento en que Miriam se sienta frente al telar.

“Esto para poder ser tejido tuvo que ser hilado. Para hacer el hilado, alguien tuvo que esquilar la oveja. Es una cadena, es un proceso”, explicó.

Después vendrán sus propias manos: tejer, lavar, preparar la pieza, recolectar el material tintorio, experimentar con plantas y esperar que la naturaleza haga también su parte.

Miriam utiliza hojas, flores, raíces, cortezas, cáscaras de cebolla o cochinilla para obtener colores y estampas. Muchas veces sale en moto después de los característicos vientos sanjuaninos para recoger las hojas caídas que posteriormente incorporará a sus trabajos.

Cada una puede dejar sobre la fibra algo diferente. Una silueta, un color, las nervaduras o incluso los pequeños detalles de una flor. No hay una impresora reproduciendo el mismo dibujo cientos de veces: la propia naturaleza deja su huella y convierte cada pieza en algo difícil de repetir exactamente.

En otras creaciones, Miriam lleva ese concepto todavía más lejos. Estampa cuero y fabrica sus propios botones de cerámica, que también interviene con elementos naturales como la jarilla.

Así, detrás de aquello que finalmente se observa como un tapado, un chaleco o un corset existe una sucesión de saberes y manos que el producto terminado muchas veces no permite dimensionar.

Cuando un error abre un camino

La historia de Alumbra by Suyay también demuestra que lo artesanal no es solamente repetir técnicas antiguas. Es experimentar, equivocarse y descubrir nuevas posibilidades.

Durante la pandemia, Miriam estaba realizando un trabajo teñido con cáscaras de cebolla. Tenía Covid y fiebre, por lo que su hija decidió ayudarla. Al limpiar la olla quedaron algunas cáscaras adheridas y, al colocar la madeja, estas terminaron dejando manchas sobre el hilo.

Lo que podía haber sido simplemente un error despertó su curiosidad. “Siempre les digo a mis hijos que uno tiene que buscar lo positivo dentro de lo negativo”, contó.

Comenzó entonces a preguntarse qué ocurriría si esas marcas dejaban de ser accidentales y ella ubicaba intencionalmente los elementos naturales sobre las fibras. Primero experimentó con cebolla, después con cochinilla y posteriormente con diferentes plantas.

Investigó, se capacitó y siguió probando.

“Es tan mágica la naturaleza que cuando a uno lo atrapa es un llamado permanente”, explicó.

Ese proceso de búsqueda continúa hasta hoy y hace que sus piezas no nazcan de una fórmula cerrada. A veces algo que comienza pensado como una manta termina convertido en un saco. O una pieza cambia de función y se transforma en un tapado reversible, chaleco o pashmina.

Una abuela, un telar y una herencia que volvió

Pero antes de Alumbra estuvo su abuela. Miriam nació en La Rioja y llegó a San Juan cuando tenía apenas dos años. Proviene de una familia de artesanos y artistas y su vínculo con el telar comenzó cuando era una niña.

A los siete años, su abuela ya le había preparado un pequeño banco junto al telar criollo para enseñarle.

Con la adolescencia, como ella misma reconoce, aquellas tradiciones quedaron durante un tiempo en pausa. El arte, sin embargo, siguió presente: estudió en el Centro Polivalente de Arte y años después, durante la pandemia, decidió recuperar aquellos conocimientos que había recibido de niña.

De allí nació primero Suyay, palabra que significa “esperanza” en lengua mapuche. Luego llegó Alumbra, nombre relacionado con el alumbre utilizado en los tintes naturales, pero también con una idea mucho más personal: la luz.

“Fueron momentos duros, pasaron cosas en el medio. Alumbra fue esa pequeña lucecita que permitió a Suyay, a la esperanza, mantenerse firme y seguir adelante”, recordó.

Por eso, detrás de la marca existe también una historia de reconstrucción. Alumbra by Suyay es, para Miriam, una “luz de esperanza”.

La huella de quien lo hizo

En la entrevista surgió una pregunta central: ¿se valora hoy verdaderamente lo artesanal?

Para Miriam, todavía falta mucho. Las artesanías compiten con un mercado atravesado por plataformas capaces de vender productos fabricados masivamente a precios muy bajos. Pero comparar solamente el número de una etiqueta implica dejar afuera aquello que hace diferente a una pieza artesanal. Detrás de ella hay una persona.

Hay tiempo, aprendizaje, errores, conocimiento y decisiones. En una creación de Miriam está también aquella niña sentada junto al telar de su abuela, la mujer que volvió a sus raíces durante la pandemia y la artesana que todavía hoy sale después del viento a buscar hojas para descubrir qué pueden dejar sobre una fibra.

Es la huella del artesano detrás del objeto. Miriam también considera que los propios artesanos tienen una responsabilidad en esa valoración: explicar.

“En el afán de vender, a veces no terminamos explicándole al que está del otro lado por qué es importante una fibra natural”, sostuvo.

Por eso, en las ferias puede pasar horas contando cómo trabaja, de dónde provienen los materiales y cuánto conocimiento existe detrás de aquello que exhibe.

Algunos escuchan y finalmente no compran. Pero preguntan dónde pueden aprender. Y para ella eso también tiene valor.

Transmitir para que el oficio no desaparezca

Miriam brinda talleres a hombres y mujeres, jóvenes y también niños. Enseñar se convirtió en otra parte fundamental de su trabajo. “Eso a mí me llena el alma”, aseguró.

Porque si bien necesita vender sus piezas, entiende que transmitir los conocimientos es una manera de evitar que desaparezcan. Su preocupación está especialmente puesta en las nuevas generaciones y en romper con una idea frecuente: que tradición es sinónimo de antiguo.

“Quiero incentivar a los jóvenes para que vean que con un telar, con eso que ellos por ahí llaman viejo, se pueden crear cosas maravillosas”, expresó.

Sus propias piezas buscan demostrarlo. Técnicas heredadas pueden transformarse en diseños contemporáneos, prendas reversibles, corsets o creaciones capaces de adoptar diferentes formas.

La tradición, en sus manos, no permanece congelada: evoluciona.

De la tierra y nuevamente hacia ella

Hay una última huella que Miriam quiere dejar, aunque paradójicamente se trate de una huella destinada a desaparecer.

“De la Madre Tierra nace y a ella vuelve”, dice una de las ideas que acompañan a Alumbra by Suyay.

Los elementos naturales que utiliza para teñir pueden regresar a la tierra y convertirse en compost. Las hojas vuelven a integrarse al ambiente y las fibras naturales responden a una lógica muy diferente de la que propone la moda rápida y los materiales sintéticos.

Para Miriam, esa también es una conversación que debe darse cuando se habla del valor de una artesanía.

Porque detrás de una pieza hecha a mano no solamente importa cuánto cuesta, sino quién la hizo, cómo la hizo, qué conocimientos hicieron posible su existencia y qué historia lleva consigo.

En Alumbra by Suyay esa historia comienza mucho antes del producto terminado. Puede empezar en una oveja, continuar en las manos que hilaron su lana, pasar por un telar y encontrarse después con las hojas de un árbol sanjuanino.

Al final del recorrido están las manos de Miriam. Y quizás allí esté el verdadero valor de lo artesanal: ninguna máquina puede producir en serie la historia de quien crea.

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