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El color vuelve a las casas: cómo influye en las emociones y el bienestar
Especialistas aseguran que elegir colores mejora el bienestar, refleja identidad y cambia la forma de habitar los espacios.
Por Ana Paula Zabala Hace 2 horas
Durante años, las casas parecían responder a una misma receta: paredes blancas, muebles en tonos neutros y ambientes dominados por grises y beige. La premisa era clara: cuanto más sobrio, más elegante.
Pero esa lógica comenzó a cambiar. Hoy el color vuelve a ocupar un lugar central en la arquitectura y el diseño de interiores, no solo como un recurso estético, sino como una herramienta capaz de influir en las emociones, el bienestar y la forma en que vivimos nuestros espacios.
“Antes de ser un dato técnico o una decisión decorativa, un color es una sensación. Los espacios se perciben primero con el cuerpo y después con la razón”, explica la arquitecta sanjuanina Laura Rocamora, especialista en Diseño de Interiores y fundadora de UNOENCIEN.
La afirmación encuentra respaldo en la psicología del color, disciplina que estudia cómo los distintos tonos impactan en nuestras emociones y comportamientos. Aunque la experiencia es personal, existen patrones que se repiten.
Los azules profundos generan serenidad y favorecen la concentración, por eso suelen elegirse para dormitorios o espacios de trabajo. Los verdes evocan la naturaleza, disminuyen la fatiga visual y transmiten equilibrio. Los tonos tierra, como la terracota o los marrones cálidos, aportan sensación de refugio, calidez y arraigo.
En la otra vereda aparecen los colores más activos. El amarillo estimula la creatividad, el optimismo y la interacción social, mientras que el rojo, utilizado en pequeñas dosis, suma energía y cercanía. Incluso el negro, cuando se combina con buena iluminación y materiales nobles, puede aportar profundidad, elegancia y personalidad.
Un hogar que habla de quienes lo habitan
Para Rocamora, el verdadero cambio no está únicamente en la paleta cromática, sino en la manera de entender la vivienda.
“Hoy ya no diseñamos casas para que se vean perfectas en una foto. Diseñamos espacios para que las personas disfruten vivirlos. El color tiene la capacidad de generar emociones y de construir identidad”, sostiene.
La especialista asegura que el auge del color refleja una transformación cultural: el hogar dejó de ser una vidriera para convertirse en un refugio donde cada elección busca representar la personalidad de quienes lo habitan.
El desafío de diseñar con la luz de San Juan
En una provincia como San Juan, la intensidad de la luz natural agrega un factor decisivo al momento de elegir los colores.
“La luz modifica completamente la percepción. Un mismo tono puede verse muy distinto según la orientación de la casa, la hora del día o el material sobre el que se aplica. Diseñar en San Juan implica comprender esa relación entre arquitectura, clima e identidad local”, explica Rocamora.
Por eso, asegura, elegir un color no debería responder únicamente a una tendencia de redes sociales o revistas de decoración, sino al modo en que cada persona desea experimentar su hogar.
Porque, al final, el diseño más exitoso no es el que sigue una moda. Es el que logra que una casa se parezca, verdaderamente, a quienes la viven.