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El Ejército de Estados Unidos hará controles anuales de testosterona a sus soldados
El secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, anunció un programa de tamizaje hormonal para las Fuerzas Armadas que contempla controles anuales de testosterona para los militares de 30 años o más.
POR REDACCIÓN
El Ejército de Estados Unidos puso en marcha una polémica iniciativa que busca controlar los niveles de testosterona de sus integrantes. El programa fue anunciado en julio por el secretario de Defensa, Pete Hegseth, y contempla que todos los militares de 30 años o más sean sometidos a un examen anual de la hormona como parte de su evaluación médica periódica. Los menores de 30 podrán solicitarlo voluntariamente.
Si los análisis detectan niveles bajos, los soldados podrán acceder a una terapia de reemplazo de testosterona, mediante la administración de testosterona sintética bajo supervisión médica. Hegseth presentó la iniciativa como una herramienta para fortalecer a las tropas y prometió un ejército preparado para mantenerse "en el filo de la letalidad". Al mismo tiempo, aseguró que el tratamiento será opcional y que no constituye una mejora artificial del rendimiento.
La medida generó cuestionamientos principalmente por la decisión de realizar un tamizaje hormonal generalizado, incluso entre personas que no presentan síntomas. La terapia de reemplazo de testosterona es un tratamiento médico legítimo y tiene indicaciones comprobadas para hombres con hipogonadismo confirmado, es decir, cuando el organismo no produce la hormona en niveles normales. El debate está puesto en extender la búsqueda de niveles bajos a toda una población militar.
Según Peter Snyder, investigador que dirigió importantes ensayos clínicos sobre testosterona en Estados Unidos, la deficiencia real de esta hormona afecta aproximadamente al 2% de los hombres, incluso hasta los 79 años. Las guías médicas recomiendan realizar el análisis cuando existen síntomas y confirmar niveles bajos mediante tres análisis matinales antes de indicar un tratamiento.
En ese sentido, el programa militar entra en tensión con las recomendaciones actuales. El Pentágono no presentó estudios que justifiquen un examen masivo de este tipo y tampoco aclaró qué ocurrirá con aquellos soldados que rechacen el tratamiento recomendado. Para los especialistas citados por MDZ, la iniciativa parece responder primero a una necesidad operacional antes que a una necesidad clínica demostrada.
El antecedente que encendió las alarmas
La discusión también recuperó un episodio ocurrido durante la Guerra Fría. Entre 1968 y 1989, Alemania Oriental llevó adelante el denominado Plan Estatal 14.25, un programa secreto de dopaje que alcanzó a unos 10.000 atletas.
Uno de los principales productos utilizados era el Oral-Turinabol, un esteroide anabólico derivado sintético de la testosterona. Los entrenadores entregaban las pastillas a los deportistas como si fueran vitaminas y muchos de los afectados eran menores de edad. Las mujeres y niñas sufrieron especialmente los efectos de las dosis administradas.
El programa produjo resultados deportivos extraordinarios. Un país de apenas 17 millones de habitantes consiguió desplazar a Estados Unidos del segundo lugar de los medalleros olímpicos. En los Juegos de Montreal 1976, las nadadoras de Alemania Oriental ganaron 11 de las 13 pruebas femeninas.
Sin embargo, las consecuencias aparecieron años después. Entre las víctimas se registraron daños hepáticos, cánceres, infertilidad, depresión y malformaciones en sus hijos. En las mujeres también se produjo virilización irreversible, con cambios como voz más grave, crecimiento de vello facial y alteraciones de los órganos.
Uno de los casos más conocidos fue el de Heidi Krieger, campeona europea de lanzamiento de bala en 1986. Las sustancias que recibió sin conocer su verdadera naturaleza alteraron su cuerpo y años más tarde decidió transicionar; actualmente vive como Andreas Krieger. El caso se convirtió en uno de los ejemplos más conocidos de las consecuencias del dopaje estatal de Alemania Oriental.
La Justicia alemana intervino recién en el año 2000, cuando un tribunal de Berlín condenó al jefe deportivo Manfred Ewald y al médico Manfred Höppner por lesiones a menores. Ambos recibieron penas en suspenso. Posteriormente, Alemania creó fondos de compensación en 2002 y 2016 para indemnizar a las víctimas.