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El empate 1-1 clasifica a Egipto y deja a Irán al borde de la eliminación
El gol de Khalilzadeh en el descuento que desató el éxtasis fue anulado por el VAR; el 1-1 final clasifica a los Faraones como segundos y deja a los iraníes a la espera de un milagro.
POR REDACCIÓN
El resultado final no se modificó en el marcador electrónico, pero sí en la conciencia de dos selecciones. Egipto se clasificó este viernes como segundo del Grupo G detrás de Bélgica gracias al empate 1-1 ante Irán, un desenlace que se mantuvo inalterable en los tableros pero que estuvo a centímetros de convertirse en una derrota devastadora para los Faraones. El VAR, con un trazado milimétrico, le arrebató a Irán el triunfo y el boleto en el segundo minuto de descuento, dejando a los asiáticos al borde de la eliminación.
Los extensos descuentos del Mundial 2026 vienen entregando emociones extremas, pero pocas tan vertiginosas como las que se vivieron en Seattle. Durante casi todo el partido, el empate 1-1 sostuvo a Egipto en la segunda posición, un resultado que condenaba a Irán a depender de otros marcadores para avanzar como uno de los mejores terceros. Sin embargo, en el segundo minuto de tiempo agregado, todo cambió en fracciones de segundo. Una jugada accidentada en el área egipcia, propiciada por una salida en falso del arquero Mostafa Shobeir, permitió que Mohammad Ghorbani rematara con un disparo desviado en un defensor. El arquero alcanzó a tapar el primer remate, pero el rebote le quedó servido a Shoja Khalilzadeh, quien empujó el balón al fondo de la red.
Ese tanto significaba el 2-1 y, con él, el arrebato del segundo boleto de la zona a Egipto. La euforia se apoderó de todo el conjunto iraní. Khalilzadeh corrió hacia el banco de suplentes y fue recibido por una marea humana de compañeros que se abalanzaron sobre él con una emoción descontrolada. La escena de festejo se extendió por casi tres minutos, durante los cuales el goleador fue incluso obligado a posar con unos anteojos de meme para cancherear su presunta hazaña, mientras el equipo entero celebraba lo que creía un pase épico a la siguiente ronda.
Pero cuando Khalilzadeh encaró de regreso hacia el centro del campo para reanudar el juego, el árbitro polaco Szymon Marciniak lo esperaba con una expresión inusualmente seria. Algo se estaba revisando en la cabina del VAR. Enseguida, el juez se dirigió al público por el altoparlante para informar la decisión que ningún iraní quería escuchar: el autor de la conquista había partido en posición adelantada en el momento exacto del remate de Ghorbani. Las precisas líneas trazadas por la tecnología computarizada lo confirmaron: con el arquero egipcio adelantado, la regla exige que dos defensores habiliten al atacante; la línea de offside se trazó desde Hamza Abdelkarim, y de Khalilzadeh sobresalía literalmente la puntita del botín. El gol fue anulado y el marcador regresó al 1-1 definitivo.
La desazón se apoderó del banco iraní, que pasó de la euforia más descontrolada a la constatación de una realidad cruel. El empate final no solo le entregó a Egipto la clasificación como segundo del Grupo G, sino que dejó a Irán con apenas tres puntos, deberá esperar el desenlace de los demás grupos y rezar por combinaciones ajenas que hoy parecen imposibles