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Inteligencia artificial en la escuela: cómo evitar su uso excesivo
Especialistas plantean que la IA debe complementar el aprendizaje y no reemplazar el razonamiento, la creatividad ni el trabajo de los estudiantes.
POR REDACCIÓN
La inteligencia artificial ya forma parte de la vida cotidiana de miles de estudiantes y abrió un nuevo desafío para las escuelas: cómo aprovechar sus ventajas sin que termine reemplazando el razonamiento, la creatividad y el esfuerzo necesarios para aprender. Frente al crecimiento de estas herramientas, especialistas y organismos internacionales plantean la necesidad de establecer reglas claras para su utilización.
El debate tomó fuerza durante la Semana del Aprendizaje Digital 2026 de la Unesco, realizada del 8 al 11 de septiembre en París. Allí, representantes del sector educativo analizaron el impacto de la inteligencia artificial en las aulas y plantearon la necesidad de mantener a docentes y estudiantes en el centro de las decisiones vinculadas con estas tecnologías.
La IA como herramienta y no como reemplazo
Uno de los principales desafíos es evitar que los estudiantes recurran automáticamente a una herramienta de inteligencia artificial cada vez que deben resolver una consigna, redactar un texto o investigar un tema.
La propuesta pasa por integrar la tecnología en actividades que obliguen a analizar, comparar información, justificar respuestas y desarrollar ideas propias. De esta manera, la inteligencia artificial puede funcionar como apoyo sin sustituir el proceso intelectual necesario para aprender.
La Unesco sostiene que la incorporación de estas tecnologías debe preservar la capacidad de acción humana y fomentar el pensamiento crítico. Además, remarca que los docentes deben participar en las decisiones sobre qué sistemas se utilizan dentro de las aulas y recibir capacitación para incorporarlos de manera adecuada.
También se plantea adaptar el uso de la IA a la edad y al nivel de desarrollo de cada estudiante, además de contemplar momentos en los que resulte conveniente limitar o directamente suspender su utilización.
El rol clave de docentes y escuelas
La discusión no se limita a permitir o prohibir herramientas. El desafío es determinar para qué pueden utilizarse y en qué situaciones su presencia puede afectar el aprendizaje.
En este contexto, el docente continúa teniendo un papel central. La tecnología puede colaborar en determinadas tareas, pero no debería reemplazar el acompañamiento pedagógico, el intercambio dentro del aula ni la capacidad del profesor para evaluar cómo aprende cada estudiante.
Otro aspecto central es la protección de los datos personales de niños y adolescentes. La Unesco pidió fortalecer la supervisión de los sistemas de inteligencia artificial utilizados en educación y garantizar mayores controles sobre la información que recopilan.
El avance de la IA obliga así a repensar las formas de enseñar y evaluar. Más que eliminar estas herramientas de las aulas, el desafío será enseñar a utilizarlas con criterio, establecer límites y lograr que sigan siendo los estudiantes quienes desarrollen las habilidades necesarias para comprender, crear y resolver problemas.