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Provinciales

Jorge Carbajal: la historia del bombero de la Policía de San Juan que murió en Valle Fértil

Fue bombero, padre, esposo y referente de sus compañeros. Su familia conserva sus enseñanzas y el orgullo por todo lo que logró.

Por Maximiliano Maldonado
Hace 2 horas

El legado de Jorge Carbajal quedará vivo en su familia. FOTO: MARTÍN BRITO / DIARIO HUARPE.

Jorge Carbajal dedicó su vida a los Bomberos de la Policía de San Juan, se capacitó, asumió responsabilidades y llegó a ser comisario inspector y segundo jefe del Cuerpo de Bomberos. Pero detrás del uniforme había un hombre profundamente familiero, un esposo compañero y un padre presente que encontraba en su casa el lugar donde más disfrutaba estar.

El pasado 29 de julio, el funcionario murió en el accidente aéreo ocurrido en Valle Fértil, durante una misión de capacitación en combate de incendios forestales. DIARIO HUARPE visitó a su familia en Rivadavia para conocer al hombre que existía detrás del cargo y descubrir, a través de sus recuerdos, su huella imposible de borrar.

La familia de Jorge Carbajal lo recuerda con orgullo, amor y gratitud. FOTO: MARTÍN BRITO / DIARIO HUARPE.

Una historia de amor que comenzó en un colectivo

Valeria Paola Atampiz conoció a Jorge durante un viaje en colectivo. Él iba vestido de civil, le preguntó si estudiaba y le contó que era policía. Ella no le creyó.

Meses después volvieron a encontrarse cuando Valeria fue a buscar un certificado de domicilio a Bomberos. Jorge estaba allí y, desde ese momento, sus caminos quedaron unidos. “Desde ahí nos conocimos y no nos separamos más”, recordó Valeria.

Fueron más de dos décadas juntos y 19 años de matrimonio. Ella aprendió a esperar sus regresos de las guardias, las adicionales y las emergencias. “Lo esperaba con el mate y charlaba de todo”, contó.

Jorge también tenía una costumbre que su esposa recuerda con ternura: siempre regresaba con algo para la familia. “Siempre él compraba y mucho, era muy generoso”, dijo.

Un padre que siempre estuvo

Para Sofía, de 19 años, Jorge no era el comisario inspector ni el segundo jefe de Bomberos. Era simplemente su papá. “Significó todo para mí. Era mi vida junto con mi mamá y mi hermano”, expresó.

Lo recuerda preparando el almuerzo, acompañándola en los actos escolares y buscando la manera de estar presente en cada momento importante.

También recuerda una de sus mayores obsesiones: que sus hijos estudiaran. “Siempre era muy jodido con el estudio. Decía: estudien, estudien”, contó.

Santino, de 16 años, también veía a su padre como un ejemplo. “Yo siempre lo he tenido así como un héroe, porque desde toda su historia ha progresado bastante”, afirmó.

Los dos compartían trabajos, juegos y vacaciones. Jorge aprovechaba cada momento para enseñarle el valor del esfuerzo. Después de una jornada de trabajo juntos, cuando estaban cansados, volvía a decirle: “Por eso tenés que estudiar”.

El trabajo como una forma de vida

Jorge era apasionado por su profesión. Las emergencias, los operativos y las capacitaciones podían aparecer en cualquier momento. “Él era un apasionado por su trabajo”, explicó Valeria.

Una vez, mientras hacía compras con ella, vio un incendio y salió inmediatamente a colaborar. Valeria quedó preocupada hasta que descubrió que Jorge ya estaba sobre un techo combatiendo las llamas.

Así entendía su profesión: si alguien necesitaba ayuda, debía estar. Pero cuando regresaba a casa, también encontraba tareas. Pintaba, arreglaba, construía y buscaba siempre algo para hacer. “Todo lo hacía él, todo lo hacía él”, recordó su esposa.

El hombre que reunía a todos

Jorge también era el encargado de mantener cerca a la familia. Organizaba encuentros, vacaciones y reuniones, y disfrutaba especialmente de compartir con sus sobrinos. “Los niños tenían mucho cariño con él, y él con los niños porque le encantaban los niños”, contó Valeria.

Jugaba con ellos, hacía bromas y hasta inventaba trampas en las partidas de cartas. Ese vínculo quedó demostrado después de su muerte, cuando sus sobrinos quisieron acompañarlo y permanecer cerca de él.

El último beso

La mañana del accidente, Jorge llevó a Valeria hasta su trabajo. Hablaron del cumpleaños de su madre, una celebración que quería organizar en la casa. “Me hubiera gustado decirle que lo amaba, aunque él lo sabía”, expresó .

Horas después, Jorge murió mientras cumplía una misión de capacitación. Se fue haciendo aquello que había convertido en una forma de vida: prepararse para estar listo cuando otros necesitaran ayuda.

En su casa quedaron sus herramientas, sus arreglos y sus recuerdos. Pero, sobre todo, quedó una familia que intenta aprender a vivir con su ausencia y que sabe que detrás del uniforme había un hombre que hizo de su vocación un servicio y de su familia, su mayor orgullo.

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