Provinciales > El legado de mamá
La historia de Liliana y el padre Nacusi, unidos por el arte y la fe
Martín Nacusi y Liliana Gutiérrez reconstruyeron una historia familiar atravesada por el teatro, la fe, la libertad y el acompañamiento.
POR REDACCIÓN
Liliana Gutiérrez, conocida por todos como “Lili”, es profesora de teatro y comedia musical, dirige su academia desde hace años y es mamá de tres varones: Lucas, Martín y Mariano. En este Día de la Madre, su historia aparece atravesada por el arte, la fe y una forma de criar basada en acompañar las decisiones de sus hijos, incluso cuando el camino elegido fue muy distinto al que alguna vez imaginó para ellos.
El padre Martín Nacusi eligió agradecerle públicamente por los valores que todavía reconoce como propios: compromiso, respeto, fe, sensibilidad hacia los demás y la libertad para descubrir una vocación.
“Mi mamá es una mujer muy especial. No solo es profesora, sino que es mamá para todos sus alumnos”, declaró a DIARIO HUARPE.
Nacusi recordó que Liliana siempre fue más allá de lo estrictamente docente. Por su academia pasaron niños, jóvenes y adultos, y las clases estuvieron acompañadas por una postura firme contra el bullying, la discriminación y cualquier forma de exclusión.
Para el sacerdote, esa capacidad de mirar al otro y acompañarlo fue una de las enseñanzas que luego trasladó a su propia vida.
Una infancia entre escenarios
El arte estuvo presente desde los primeros años de los hermanos Nacusi. Liliana comenzó dando talleres en el quincho de su casa, en el barrio Mantilla 4, y sus propios hijos fueron algunos de los primeros en formarse en canto, baile y actuación.
Martín tenía apenas 4 años cuando subió por primera vez al escenario del Teatro Sarmiento para participar de “El Gran Circo”. A partir de allí, la infancia transcurrió entre camarines, bambalinas, ensayos y musicales.
Liliana reconoció que durante años imaginó un futuro artístico para sus hijos, especialmente para Martín. Él llegó a Buenos Aires para estudiar cine de animación y tuvo propuestas relacionadas con el teatro musical antes de elegir otro camino.
Sin embargo, esa formación nunca desapareció. En 2018, ya como sacerdote, creó la Pastoral Artística para vincular la evangelización con disciplinas como el teatro, la música, la danza, la pintura y el cine.
“La primera en creer en este proyecto fue mi mamá”, recordó el Padre Martín.
Los valores que quedaron
Para Martín, una de las principales enseñanzas de su madre fue aprender a elegir aquello que verdaderamente genera felicidad. Liliana había cursado Abogacía hasta cuarto año, pero abandonó la carrera para dedicarse al teatro, una pasión de la que asegura que no quiere jubilarse.
“Hacé lo que te apasiona, hacé lo que te gusta, no busques solo la plata, porque no hay nada más lindo que levantarse cada mañana para hacer lo que te gusta”, es uno de los consejos que el sacerdote conserva.
Esa forma de vivir también alcanzó a sus alumnos. Liliana aseguró que con los años llegó a sentirse madre de muchos jóvenes que pasaron por su academia y a quienes acompañó más allá de lo artístico.
“Yo creo que para una mujer es lo máximo ser mamá. La maternidad puede ser no solamente biológica, sino también madre del corazón”, expresó.
Cuando su hijo le dijo que quería ser cura
La decisión de Martín de iniciar el camino sacerdotal significó un giro importante para la familia. Liliana había imaginado para él una carrera vinculada al arte, pero recordó que su propia fe la ayudó a aceptar una vocación diferente.
Según contó, un año antes de que Martín regresara a San Juan para comunicarle su decisión, sintió interiormente que su hijo podía elegir el sacerdocio.
“Dios me lo dijo a mí en mi interior, que lo quería sacerdote a Martín, un año antes de él venir a San Juan y tomar esa decisión”, relató.
Cuando llegó el momento, ella y su esposo eligieron no condicionarlo.
“Con mi esposo le dimos todo el apoyo para que él cambiara su vida de artista a una vida entregada al Señor”, sostuvo.
Hoy Liliana reconoce en Martín, vicario de la Catedral, muchos de aquellos rasgos cultivados durante su infancia: la escucha, la sensibilidad, el acompañamiento y el arte puesto al servicio de otras personas.
Para madre e hijo, aquel cambio de rumbo no significó dejar atrás lo aprendido, sino encontrar otra manera de expresarlo.
Antes de finalizar, el padre Nacusi extendió el mensaje nacido de su propia historia a todas las madres sanjuaninas.
“A todas las mamás de San Juan: no se cansen de amar. Sé que por ahí cuesta y es duro, pero si este mundo se sostiene es porque hay mamás que siguen creyendo en que Dios puede hacer algo en sus hijos”, expresó.
Y cerró: “Que el Señor las fortalezca, las consuele y les conceda la dicha de alegrarse por la vida de sus hijos”.