PUBLICIDAD
PUBLICIDAD

Minería > Chofer extremo

La historia de Sebastián Araya, chofer de transporte minero en San Juan

Desde chico soñaba con ser colectivero y hoy conduce poderosas unidades 4x4 en alta montaña. Su trayectoria combina esfuerzo, aprendizaje y pasión.

POR REDACCIÓN

Araya convirtió su pasión por los colectivos en su trabajo en la alta montaña. FOTO: SERGIO LEIVA / DIARIO HUARPE.

Desde chico, Sebastián Araya soñaba con ser colectivero y hoy ese deseo lo lleva por los caminos más altos de San Juan, al volante de un increíble colectivo 4x4. Trabaja y conduce para la empresa Dream (integrante de la división minera de la compañía 20 de Junio), en plena zona de montaña y encontró en el transporte de trabajadores mucho más que un empleo: una vocación que construyó con esfuerzo, aprendizaje y pasión.

Su tarea consiste en trasladar trabajadores mineros, incluso por sectores a los que no suelen ingresar los colectivos de larga distancia. Detrás de cada recorrido hay caminos exigentes, condiciones climáticas cambiantes y una responsabilidad que, según contó a DIARIO HUARPE, nunca pierde de vista: que cada pasajero llegue bien a destino.

Un sueño que comenzó desde chico

Araya obtuvo su licencia profesional a los 21 años y comenzó a buscar oportunidades en el transporte de personas. Primero trabajó con vehículos pequeños, hasta que llegó la posibilidad de dar un salto enorme: conducir un colectivo de gran porte y con tracción 4x4.

Antes de alcanzar su actual trabajo, realizó dos semanas de cursos e inducciones, desde Jáchal hasta Villa Iglesia, en el CIC de Las Flores. Allí recibió capacitación y tuvo la oportunidad de realizar una prueba de manejo con una unidad similar a la que conduce actualmente.

Recordó aquel momento como una experiencia muy especial, porque nunca antes había tenido la posibilidad de manejar un vehículo de esas características. Lo que había comenzado como un sueño de la infancia empezaba a convertirse en una realidad.

Cuando la montaña pone a prueba al conductor

Entre las experiencias que más lo marcaron, recordó un viaje hacia Mina Activa durante un fuerte temporal de viento blanco. La visibilidad llegó a ser prácticamente nula y, en ese momento, apareció el gran desafío: garantizar la seguridad de las personas que llevaba a bordo.

“Ahí sí uno ya siente el desafío, más que nada para que los pasajeros lleguen bien”, recordó. Sin embargo, con el tiempo aprendió que en la montaña no se trata de perder el miedo, sino de conocer los riesgos, respetar el terreno y tomar las decisiones necesarias.

“Tenemos que ir seguros de poder enfrentar cualquier imprevisto. De ese modo, podemos analizar bien el terreno y hacer bien las cosas para llegar a destino”, explicó. Para él, los temporales forman parte de los desafíos cotidianos y cada recorrido exige atención y responsabilidad.

Cada detalle importa cuando hay pasajeros a bordo

La seguridad comienza antes de poner en marcha el colectivo, con una revisión de las ruedas, el paquete de elásticos, posibles fugas y cualquier deterioro de la unidad. Si aparece algún desperfecto, el chofer debe informar inmediatamente a mantenimiento para evitar inconvenientes durante el viaje.

El vehículo cuenta con un sistema para despresurizar las puertas ante una eventual evacuación, un botón antipánico y un intercomunicador para mantener la comunicación con los pasajeros. También dispone de cámaras para controlar las puertas y verificar que las personas permanezcan sentadas y con los cinturones abrochados.

A eso se suman un kit de primeros auxilios, aire acondicionado, calefacción y capacitaciones para responder ante emergencias. Araya explicó que los conductores están preparados para intervenir con maniobras de primeros auxilios y reanimación si la asistencia demora y la situación lo requiere.

Una vocación que también se comparte

Al terminar cada jornada, vuelve a revisar la unidad antes de entregársela al compañero que continuará con el servicio. Es una tarea que forma parte de su responsabilidad y que busca evitar que un desperfecto pueda convertirse en un problema durante el siguiente recorrido.

Con la experiencia acumulada, también encontró otra manera de disfrutar su trabajo: transmitir a los nuevos choferes lo que otros le enseñaron. Para Sebastián, el compañerismo y la posibilidad de aprender todos los días son parte de una actividad que le permitió cumplir aquel sueño de niño.

“De chico siempre soñé con ser colectivero y se dio, gracias a Dios, que pude ejercerlo y lo sigo ejerciendo”, expresó. Y en esa frase se resume una historia de esfuerzo: la de un sanjuanino que encontró su lugar al volante de un gigante, en medio de la montaña.

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD

Más Leídas

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD

Últimas noticias

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD