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La humedad en San Juan: qué cambió y cómo evitarla dentro de casa
El invierno eleva la humedad relativa y puede generar condensación y moho. Expertos explican cómo reducirla en los hogares.
POR REDACCIÓN
La sensación de que en San Juan hay “más humedad” puede tener una explicación, pero los datos climáticos disponibles no permiten afirmar que la provincia se haya convertido en una zona húmeda. Por el contrario, los registros oficiales muestran que San Juan continúa teniendo un clima predominantemente seco, aunque la humedad relativa varía considerablemente según la época del año y la temperatura.
Las estadísticas climatológicas normales 1991-2020 del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), correspondientes a la estación San Juan Aero, indican una humedad relativa media anual del 48,2%. Sin embargo, el valor cambia según el mes: alcanza el 62,2% en mayo y el 60,2% en junio, mientras que desciende al 38,1% en diciembre y al 38,2% en noviembre. En agosto, el promedio es de 45,5%.
Estos números permiten poner en contexto una percepción frecuente durante el invierno: San Juan puede presentar jornadas con una humedad relativa elevada para su clima habitual sin dejar de ser una provincia árida.
Además, la humedad relativa no equivale directamente a la cantidad de agua presente en el aire. Se trata de una relación entre el vapor de agua existente y la cantidad máxima que el aire puede contener a una determinada temperatura. Por eso, cuando baja la temperatura, el porcentaje de humedad relativa puede aumentar aunque no haya ingresado una gran cantidad de agua al ambiente.
El invierno puede favorecer la humedad dentro de las viviendas
En los hogares, el problema puede agravarse por una combinación de factores: temperaturas bajas, poca ventilación, vapor generado durante la ducha o la cocina, ropa secándose en interiores y superficies frías donde se produce condensación.
El propio Ministerio de Salud de la Nación recomienda ventilar los ambientes y evitar que se acumule vapor, ya que la humedad favorece la aparición de moho. Entre sus recomendaciones también incluye mantener los espacios ventilados y evitar condiciones que permitan el desarrollo de hongos.
La situación no es exclusivamente argentina. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que la humedad persistente y el crecimiento de moho en edificios están relacionados con problemas de calidad del aire interior y pueden favorecer distintos efectos sobre la salud respiratoria. Sus recomendaciones ponen el foco en controlar las fuentes de humedad y mantener adecuadamente las condiciones higrotérmicas de los edificios.
¿Qué se puede hacer para bajar la humedad en casa?
Una de las primeras medidas es ventilar diariamente, incluso durante el invierno. El Ministerio de Salud argentino aconseja abrir las ventanas y permitir el ingreso de aire y luz solar. También recomienda abrir una ventana durante el baño y mientras se cocina.
Otra medida importante es no secar ropa dentro de la vivienda. La ropa mojada libera vapor de agua al ambiente y puede aumentar considerablemente la humedad interior. Si no existe otra alternativa, conviene hacerlo en un espacio con ventilación adecuada.
También hay que controlar las fuentes de agua: reparar pérdidas de cañerías, goteras, filtraciones de paredes y techos y evitar que el agua permanezca acumulada.
En viviendas donde la ventilación natural no alcanza, puede utilizarse un deshumidificador. La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) recomienda mantener la humedad relativa interior por debajo del 60% y señala como objetivo ideal un rango de 30% a 50%, cuando sea posible.
Un higrómetro doméstico puede servir para conocer la situación real en lugar de depender únicamente de la sensación corporal. Si el instrumento marca valores elevados de manera persistente, especialmente por encima del 60%, conviene buscar la fuente del exceso de humedad.
No toda humedad se soluciona con un aparato
La aparición de manchas oscuras, pintura descascarada, olor persistente a humedad o condensación en paredes y ventanas puede indicar que existe un problema constructivo o de ventilación.
La OMS señala que el crecimiento de hongos depende de la humedad, la temperatura, los materiales y el tiempo de exposición. En consecuencia, el objetivo no debería ser simplemente “secar el aire”, sino eliminar la causa que introduce o concentra agua dentro de la vivienda.
En San Juan, además, hay que considerar que el clima cambia notablemente a lo largo del año. Las normales del SMN muestran que los meses de otoño e invierno son, en promedio, los de mayor humedad relativa, mientras que primavera y verano presentan valores considerablemente menores.
Dato complementario: un estudio sobre el clima urbano del Área Metropolitana de San Juan, elaborado a partir de 16 años de registros meteorológicos, encontró una leve disminución histórica de la humedad relativa durante el período analizado, mientras que registró un aumento sostenido de la temperatura. Esto refuerza la necesidad de diferenciar entre una percepción de mayor humedad en determinados períodos y una tendencia climática de largo plazo.