PUBLICIDAD
PUBLICIDAD

Sociedad > Sobreexposición

La justicia analiza los límites de los kidfluencers y el debate sobre trabajo infantil

Analizan los límites legales de los kidfluencers, una nueva forma de trabajo infantil digital entre el juego, el lucro y la privacidad.

POR REDACCIÓN

Hace 1 hora
Cuando ya no es juego: kidfluencers y la nueva forma de trabajo infantil en las redes sociales.



Un chico mira a la cámara, sonríe y abre una caja con un juguete mientras cuenta qué le gusta. Detrás de esta escena cotidiana puede haber una marca, un contrato, millones de reproducciones y una familia que obtiene ingresos económicos.

Este fenómeno dio origen a los kidfluencers (niños y adolescentes que crean contenido y construyen grandes audiencias), convirtiéndose en una de las nuevas fronteras del debate sobre el trabajo infantil en la era digital, un tema que ahora comienza a ocupar a investigadores, especialistas y al sistema judicial argentino.

El concepto de "Playbour" y la mirada de la Justicia

Un estudio del Journal of Business Ethics analizó que estos menores pueden estar realizando una forma de trabajo que requiere perspectiva laboral y de protección de la infancia, advirtiendo riesgos de explotación, pérdida de privacidad y dificultad para un consentimiento real.

En diálogo con la Agencia UNQ, Jazmín Blanchiman, jueza titular del Juzgado de Familia N.º 1 de Quilmes, explicó que la clave radica en determinar cuándo la actividad deja de centrarse en el interés del niño para responder a intereses económicos. Para definir esta tensión entre recreación y valor económico, la academia utiliza el concepto de "playbour" (combinación de juego y trabajo).

La magistrada advirtió sobre la complejidad del consentimiento: "No alcanza con que el niño diga que quiere hacerlo; debe analizarse su edad, su grado de madurez y la posibilidad real de comprender las consecuencias futuras".

El rol de los padres y el conflicto de intereses 

Una particularidad central del fenómeno es que suelen ser los propios padres quienes administran las cuentas, negocian con marcas y gestionan los ingresos. Esto genera un conflicto ético y legal, ya que quienes tienen el deber de proteger al menor pueden beneficiarse económicamente de su exposición.

"La representación parental no puede convertirse en una autorización para disponer de la imagen, intimidad o identidad digital de un hijo como si fueran bienes propios", sostuvo Blanchiman, recordando que el derecho a la intimidad cuenta con protección reforzada por tratarse de personas en desarrollo que quizás no pueden dimensionar el impacto a largo plazo de su huella digital.

Un desafío para la legislación tradicional 

La legislación laboral histórica fue diseñada para un entorno físico, visible y con relaciones formales identificables. La economía digital transformó radicalmente este escenario, permitiendo que un menor se convierta en una marca personal desde su propia casa.

Si bien crear contenido no es intrínsecamente negativo ni implica explotación en todos los casos, la discusión que se instala en los tribunales y en la ciencia es profunda: ¿Qué ocurre cuando la creatividad de un niño se transforma en un negocio y su infancia entera queda registrada de forma permanente en Internet?

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD

Más Leídas

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD

Últimas noticias

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD