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La Pastoral Carcelaria y una misión espiritual guiada por la Virgen
La Pastoral Carcelaria celebra misas dentro del penal y continúa su tarea con quienes enfrentan dificultades al recuperar la libertad.
POR REDACCIÓN
El trabajo de la Pastoral Carcelaria cobra un significado particular cada 24 de septiembre, Día de la Virgen de la Merced. Su figura, históricamente vinculada con la liberación de cautivos y representada con cadenas rotas, atraviesa una misión que en San Juan busca acompañar espiritualmente a quienes cumplen una condena y sostenerlos también cuando recuperan la libertad.
El padre Aníbal Sánchez desarrolla esa tarea dentro del Servicio Penitenciario Provincial junto al padre Martín Zeta. Allí atienden tanto a personas privadas de libertad como a agentes penitenciarios, mientras un equipo de voluntarios extiende el trabajo hacia las familias y quienes ya dejaron el penal.
Para Sánchez, uno de los aspectos centrales dentro de la cárcel no pasa únicamente por las condiciones materiales. En el contacto cotidiano con los pabellones aparece otra demanda.
“Acá hay muchas necesidades, y hablo de necesidad espiritual”, declaró a DIARIO HUARPE el padre Anibal Sánchez.
Misas, fe y una forma de atravesar la condena
Cada semana se celebran misas en la capilla con internos provenientes de distintos sectores. Al finalizar, realizan una oración y una consagración a la Virgen de la Merced, a quien recurren como una figura maternal vinculada con el consuelo y el pedido de una gracia.
La palabra “Merced”, explicó el padre, remite justamente a la misericordia, la gracia y la solidaridad. Dentro del penal, ese concepto se traduce en acompañar procesos personales marcados por el arrepentimiento, el dolor o la necesidad de encontrar una forma distinta de atravesar años de condena.
La tarea también se construye en el contacto cotidiano. El padre Anibal contó que al ingresar a los pabellones y las celdas se genera un vínculo diferente al institucional: conversaciones, oración y momentos de escucha terminan formando una relación que, en algunos casos, se mantiene durante años.
La libertad no termina el trabajo
La intervención de la Pastoral Carcelaria continúa cuando una persona deja el Servicio Penitenciario. Los voluntarios colaboran en la búsqueda de trabajo y vivienda, entregan alimentos cuando es necesario y participan en procesos de reconstrucción de vínculos familiares.
“Muchas veces pensamos que salen y ya está, que comienza una nueva vida. Pero a veces en esa vida se cometen aún más errores por necesidades o situaciones”, explicó Sánchez.
Por eso, quienes realizaron un proceso sostenido dentro del penal pueden continuar recibiendo asistencia espiritual y, dependiendo del caso, apoyo laboral o económico.
Este año, seis mujeres que ya recuperaron la libertad participaron de un espacio donde ofrecieron artesanías y trabajos propios para generar ingresos. También se han gestionado domicilios y oportunidades laborales para personas que encontraron dificultades al intentar reinsertarse.
Un mensaje que también alcanza a las familias
Para Sánchez, la tarea carcelaria no puede limitarse a los muros del penal. Ha visitado domicilios, acompañado enfermedades y participado de momentos de dolor junto a familias de internos.
En el marco del Día de la Virgen de la Merced, pidió que esa cercanía también venga desde afuera.
“No dejar de mirar a la Virgen”, señaló el sacerdote.
La imagen de las cadenas rotas representa para la Pastoral una liberación que no se limita a salir físicamente de una cárcel. Sánchez pidió a las familias que mantengan el afecto, la oración y la presencia con quienes cumplen una condena, porque considera que esa red puede ser determinante tanto durante el encierro como cuando llega el momento de volver a vivir fuera del penal.