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Provinciales > Día del Pediatra

La pediatría como vocación: “La gratitud del niño es el motorcito”

La cardióloga infantil, Vanesa Zegaib, repasó su vocación, el vínculo con los chicos y el acompañamiento a las familias como pilares de la profesión. 

POR REDACCIÓN

Hace 1 hora

Cada 20 de octubre, el Día del Pediatra pone en valor a quienes acompañan la salud de niños y adolescentes. En San Juan, Vanesa Zegaib, cardióloga infantil con 20 años de trayectoria en pediatría, repasó cómo nació su vocación, qué significa trabajar con los más chicos y por qué el vínculo con las familias resulta tan importante como la atención médica.

Zegaib sabía desde los 13 años que quería estudiar Medicina, aunque todavía no tenía definida una especialidad. Durante la carrera, la pediatría incluso le generaba temor por la dificultad que imaginaba para llegar a los pacientes más pequeños.

“Uno siempre tiene miedo a tratar a los más chiquitos porque te parece que no tenés llegada. Después, cuando pasé por pediatría, me fascinó. Entendí que este era el lugar que quería ocupar y que esas eran las personas que quería ayudar”, declaró a DIARIO HUARPE.

Con los años, aquella elección se convirtió en una profesión sostenida por el contacto cotidiano con los niños y la posibilidad de acompañarlos en momentos de enfermedad o preocupación.

“Lo que más me sigue entusiasmando y es nuestro motorcito del día a día es la gratitud que tiene el niño cuando llega enfermo o con algún problema y se va mejor, o pudimos hacer algo por ellos”, expresó.

La empatía antes que el guardapolvo

Para Zegaib, la pediatría exige una sensibilidad particular porque el paciente no siempre puede explicar qué siente. Por eso, la consulta requiere herramientas que van más allá de lo estrictamente médico.

“Generalmente tratamos de usar la empatía. A veces, con los nenes más chiquitos, primero hay que relacionarse a través del juego y recién después ir a lo estrictamente médico”, señaló.

La profesional remarcó que el pediatra acompaña desde el nacimiento hasta los 18 años y que, en ese recorrido, el vínculo también incluye a madres, padres y otros integrantes de la familia.

“El trabajo del pediatra no es solamente el trabajo con el paciente, sino con el resto de la familia”, sostuvo.

En ese sentido, explicó que muchas veces la consulta implica escuchar y contener a los adultos tanto como atender al niño. “Muchas veces trabajamos mucho más con la mamá y con el papá que con el niño”, agregó.

“Ellos recuerdan y el amor está intacto”

Después de dos décadas de trabajo, Vanesa comenzó a reencontrarse con pacientes a los que atendió cuando eran chicos. Su recorrido como cardióloga infantil también le permitió volver a verlos en otras etapas y por diferentes motivos.

“Muchas veces vuelvo a ver pacientes que seguí desde chiquititos y ahora, como cardióloga, los encuentro en otras instancias y por otras situaciones, pero ellos recuerdan y el amor está intacto”, contó.

Para la médica, esos encuentros muestran que el vínculo construido en un consultorio puede permanecer muchos años después. También refuerzan una convicción: los niños forman parte de uno de los sectores más vulnerables de la sociedad y necesitan atención con tiempo, escucha y sensibilidad.

Los que sostienen a quienes cuidan

Zegaib también puso el foco en la red que existe detrás de cada profesional. Familias, colegas y compañeros de trabajo forman parte de una tarea que muchas veces requiere jornadas extensas.

“Lo que nos sostiene es lo que está detrás de nosotros: nuestra familia, nuestros colegas, las personas con las que trabajamos y los que te hacen el aguante en la casa para que vos puedas hacer lo que más te gusta, que es atender a los niños”, expresó.

En este Día del Pediatra, su historia resume una vocación que comenzó con una certeza adolescente, atravesó los miedos de la formación y terminó convirtiéndose en 20 años de trabajo junto a chicos y familias.

Para Zegaib, el sentido de la profesión sigue estando en algo sencillo: que un niño llegue con un problema y pueda irse un poco mejor. Esa gratitud, y el afecto que permanece años después, continúan siendo el motor que la lleva cada día al consultorio.

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