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La UBA otorgó el Honoris Causa a Alejandro Dolina
Tras recibir el diploma y la medalla entre una ovación de pie, Dolina brindó un discurso en el que combinó la ironía sobre su paso por la academia con profundas reflexiones humanas.
POR REDACCIÓN
Alejandro Dolina recibió el Doctorado Honoris Causa de la UBA y convirtió el homenaje en una reflexión sobre la vida. Ante un auditorio colmado por más de 700 personas en la Facultad de Ciencias Sociales, el escritor y conductor Alejandro Dolina recibió el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Buenos Aires (UBA), la máxima distinción honorífica que otorga la institución a personalidades destacadas por su aporte a la cultura nacional y su trayectoria intelectual y artística.
La ceremonia contó con la presencia del rector de la UBA, Ricardo Gelpi; el vicedecano de Sociales, Diego de Charras; la directora de Comunicación, Larisa Kevjal; el director de Ciencia Política, Miguel de Luca; y el director del CBC, Felipe Vega Terra, además de docentes, estudiantes, familiares y amigos.
Durante la apertura, Diego de Charras destacó el vínculo histórico entre Dolina y la facultad, señalando que la distinción reconoce un conocimiento popular que atraviesa la formación de los estudiantes. Por su parte, Larisa Kevjal pronunció el elogio académico, afirmando que el nombre de Dolina "se volvió adjetivo, verbo y una forma de retórica argumentativa" (lo dolinesco, lo doliniano).
Kevjal remarcó el impacto de su obra en la realidad —mencionando como ejemplo la plaza de Flores bautizada en honor a su personaje El Ángel Gris— y le agradeció por construir un espacio donde la imaginación, el humor, la música y la literatura siguen teniendo lugar.
Tras recibir el diploma y la medalla entre una ovación de pie, Dolina brindó un discurso en el que combinó la ironía sobre su paso por la academia con profundas reflexiones humanas: "Las alegrías después de cierta edad vienen acompañadas por una deliciosa melancolía y por una noble tristeza", expresó.
Con su característico humor, bromeó sobre su condición de "impostor" al no provenir del mundo académico, rechazando el mito de la "universidad de la calle": "Las cosas que se aprenden en la esquina no siempre son académicamente interesantes", sentenció.
En el tramo final, el conductor reivindicó el valor insustituible de la educación pública superior como espacio de intercambio y comunión frente a la soledad de la vida cotidiana.
En ese sentido, cuestionó las prioridades políticas y dejó una fuerte definición: "Deberían entenderlo así quienes los estados nacionales gobiernan y propender cuando se trata de educación a preferir la inauguración de universidades y colegios antes que las de parrilladas". La ceremonia concluyó con una cálida charla entre Dolina y su amigo Gabriel Grilón (Gabriel Rolón) ante el aplauso del público.