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Los data centers de inteligencia artificial usarían hasta el 12% de la energía de EE.UU. en 2028
Detrás del boom de los megaservidores, el fabricante de chips anunció que la infraestructura consume el 4,4% de la electricidad y se proyecta en los próximos años una demanda superior de recursos. Los límites del modelo.
POR REDACCIÓN
El imparable auge de la inteligencia artificial ha chocado de frente con un límite estrictamente físico: la infraestructura energética. Más allá de los balances extraordinarios que exhiben los gigantes tecnológicos, la nueva economía digital revela que sostener los ecosistemas de IA exige cantidades masivas de electricidad, agua y territorio, transformando por completo el mapa de inversiones y encendiendo las alarmas sobre la capacidad real de las redes eléctricas mundiales.
La dimensión de este fenómeno quedó expuesta en el asombroso cierre del segundo trimestre fiscal 2027 de NVIDIA. La compañía reportó ingresos por USD 96.221 millones (un salto interanual del 106%), impulsados casi en su totalidad por su división de centros de datos, que generó USD 89.000 millones (un crecimiento del 117% y el 93% de sus ingresos totales).
Tal como señaló su CEO, Jensen Huang, la capacidad de cómputo se ha vuelto una fuente de ingresos en sí misma, ya que las empresas compran masivamente sus GPU para procesar enormes volúmenes de datos. Sin embargo, como advirtió Elon Musk, la energía es hoy el principal cuello de botella para el desarrollo de la IA.
Estados Unidos es la zona cero de esta crisis de crecimiento. Según el Departamento de Energía y el Lawrence Berkeley National Laboratory, los centros de datos consumieron 176 teravatios hora (TWh) en 2023, acaparando el 4,4% de la electricidad nacional, frente al 1,9% que representaban en 2018. Las proyecciones indican que para 2028 podrían demandar entre 325 y 580 TWh, alcanzando hasta el 12% del consumo total del país. A nivel global, la Agencia Internacional de Energía (AIE) estima que el gasto eléctrico de estas instalaciones pasará de 460 TWh en 2024 a superar los 1.000 TWh en 2030, con Estados Unidos y China liderando esta demanda que ya presiona severamente a los sistemas eléctricos.
El problema radica en la velocidad y el desfasaje infraestructural. Un centro de datos se construye mucho más rápido que las centrales eléctricas, líneas de transmisión y subestaciones necesarias para alimentarlo. Además, el funcionamiento ininterrumpido de servidores requiere potentes sistemas de refrigeración que consumen grandes volúmenes de agua. En regiones con escasez hídrica, esto ha desatado disputas por la distribución del recurso entre la industria y los hogares.
A esto se suma el impacto territorial: los data centers ocupan vastas superficies y, una vez operativos, generan pocos empleos permanentes en comparación con otras industrias. Esta combinación ha derivado en una fuerte resistencia comunitaria de carácter bipartidista, uniendo a demócratas y republicanos. Según Data Center Watch, durante 2025 al menos 48 proyectos valuados en USD 156.000 millones fueron bloqueados o demorados por oposición local.
Estados Unidos enfrenta así una dura paradoja: necesita expandir su capacidad de cómputo para retener el liderazgo global en IA, pero choca con la lentitud del desarrollo de recursos físicos. Esto ya está reconfigurando el destino de los capitales, priorizando zonas con redes disponibles y electricidad abundante. En definitiva, la carrera por la inteligencia artificial dejó de ser un simple duelo de chips o modelos de software; el verdadero triunfo será para quien logre asegurar la energía y el soporte físico para mantener la tecnología encendida.