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Los nombres que elegían los argentinos hace 100 años y hoy son raros
Los registros argentinos de 1922 revelan nombres que fueron habituales y que hoy quedaron prácticamente fuera de uso.
POR REDACCIÓN
Elegir el nombre de un bebé suele estar atravesado por modas, tradiciones familiares y tendencias de cada época. Sin embargo, algunos nombres que hoy parecen poco habituales fueron utilizados con frecuencia en Argentina hace más de un siglo. Los registros históricos permiten conocer cuáles eran esas opciones y muestran cómo fueron cambiando las preferencias con el paso de las generaciones.
El Registro Nacional de las Personas cuenta con una base histórica de nombres registrados en el país desde 1922. Ese año, entre los más elegidos aparecían María, Rosa, José, María Luisa, Carmen y Ana. Pero detrás de esos nombres conocidos había decenas de alternativas que con el tiempo fueron perdiendo presencia.
Los nombres de mujer
Entre los nombres femeninos registrados en 1922 aparece Amalia, con 59 registros. Le seguían Aurora, con 54; Matilde y Josefina, con 43 cada una; y Adela y Elisa, con 38.
La lista también incluye a Emma, con 27 registros; Irene y Carmela, con 26 cada una, y Leonor, con 25. Algunos de ellos recuperaron cierta presencia en las últimas décadas, mientras que otros continúan siendo poco frecuentes.
Cada nombre también tiene una historia particular. Aurora proviene del latín y significa “amanecer” o “alba”, mientras que Irene deriva del griego y significa “paz”. Amalia tiene raíces germánicas y suele interpretarse como “trabajadora” o “laboriosa”. Leonor, en tanto, tiene un origen discutido y fue difundido en Europa durante la Edad Media.
Las opciones para los varones
Entre los hombres también aparecen nombres que hoy pueden resultar llamativos. Vicente encabezaba este grupo con 45 registros en 1922, seguido por Domingo, con 41; Ernesto, con 28; y Armando, con 25.
Más abajo aparecen Lorenzo, con 10 registros; Américo y Florentino, con nueve cada uno; y Carmelo, Marcelino e Hilario, con ocho registros cada uno.
Algunos conservan una presencia actual, aunque con una frecuencia diferente a la de otras épocas. Vicente proviene del latín y está relacionado con la idea de vencer, mientras que Lorenzo deriva de Laurentius y quedó asociado con el laurel. Hilario, por su parte, tiene origen latino y significa “alegre” o “jovial”.
Un registro que muestra cómo cambian las modas
La comparación permite observar que los nombres también atraviesan ciclos. Algunos desaparecen durante generaciones y luego regresan, mientras que otros quedan vinculados a una época determinada.
Los datos de 1922 muestran que nombres como Amalia, Aurora, Matilde, Vicente o Lorenzo ya formaban parte de la vida cotidiana de los argentinos hace más de 100 años. Hoy, algunos volvieron a escucharse con mayor frecuencia y otros permanecen como opciones poco habituales.