Provinciales > El homenaje de HUARPE
Nadie es profeta de su tierra: Sarmiento y una historia de rechazos
La provincia que lo vio nacer lo encarceló y clausuró su periódico, mientras Chile impulsó parte de la formación que marcaría su proyecto educativo. Hoy, toda San Juan le rinde honores.
POR REDACCIÓN
En 1811, en una casa de barro de El Carrascal, en San Juan, un niño de apenas cuatro años aprendió a leer por sus propios medios. Aquel aprendizaje autodidacta fue el comienzo de una historia marcada por la educación, el exilio, la censura y una relación compleja con su provincia natal.
Domingo Faustino Sarmiento nació en San Juan y desde muy pequeño estuvo vinculado al aprendizaje y a la enseñanza. Sin embargo, su trayectoria también estuvo atravesada por conflictos políticos. La provincia que lo vio nacer fue la primera en encarcelarlo y, años más tarde, su periódico fue clausurado por decisión del propio gobierno sanjuanino.
A los 30 años, Sarmiento cruzó la cordillera hacia Chile en el primero de una serie de destierros que marcarían su vida. Fue durante ese exilio cuando encontró en la educación uno de sus principales objetivos. El gobierno chileno financió un viaje de dos años por Francia, España, Argelia y Estados Unidos, con el propósito de conocer experiencias e ideas que pudieran servir para desarrollar las escuelas que imaginaba.
De aquel extenso recorrido regresó con dos elementos que quedaron asociados a su experiencia: un libro y una libreta de gastos. El propio Sarmiento consideraba esta última como uno de sus mejores recuerdos, en una muestra de la importancia que tuvo para él aquella etapa de formación y observación fuera de América.
Su vida terminó lejos de San Juan. Sarmiento murió en Asunción, Paraguay, el 11 de septiembre de 1888, a los 77 años. Antes de su muerte expresó un particular deseo: ser envuelto en cuatro banderas, símbolos de los distintos lugares y vínculos que atravesaron su trayectoria.
A más de un siglo de su muerte, la figura de Sarmiento permanece ligada a San Juan, especialmente a través de su historia como autodidacta, maestro y promotor de la educación. El niño que aprendió a leer en una casa de barro, el educador formado también en el destierro y el prócer que lleva su nombre forman parte de una misma historia que la provincia continúa reivindicando.