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Provinciales > Convivencia familiar

“Primero se educa a la familia”: cómo preparar al perro ante la llegada de un bebé

El conductista Roberto Bastianelli explicó en Yo Te Invito qué cambios debe anticipar la familia y por qué la preparación debería comenzar al menos dos meses antes.

POR REDACCIÓN

Hace 0 horas
El conductista canino Roberto Bastianelli explicó qué cambios conviene anticipar y cómo preparar los espacios .

La llegada de un bebé a una casa donde ya vive un perro no debería comenzar el día en que la familia vuelve del hospital. Según el conductista canino Roberto Bastianelli, la preparación debe iniciarse al menos dos meses antes del nacimiento para anticipar cambios de espacios, rutinas y olores.

El especialista explicó en Yo te Invito, que se emite por HUARPE TV y conducido por Ana Paula Zabala, que la responsabilidad de evitar accidentes recae sobre los adultos y que un error frecuente aparece cuando la familia modifica bruscamente la relación con el animal tras la llegada del recién nacido.

Bastianelli cuestionó el “antropomorfismo” o “síndrome de humanización del perro”, una práctica que, según su planteo, lleva a tratar al animal como si fuera un hijo o un bebé. Dormir en la cama de sus dueños o compartir espacios que luego serán destinados al recién nacido puede generar, en su visión, un conflicto cuando cambie la dinámica familiar.

“Primero se educa a la familia, después se educa al perro”, resumió Bastianelli.

Preparar al perro antes del nacimiento

La preparación debería comenzar al menos dos meses antes. Durante ese período, la familia debe establecer las rutinas que pretende mantener después del nacimiento, entre ellas que el perro duerma en su propia cama y fuera de la habitación.

También recomienda preparar con anticipación el cuarto del bebé. La cuna, la ropa, el aceite, los pañales y otros elementos pueden incorporarse antes de la llegada del recién nacido para que el animal conozca progresivamente ese espacio.

En ese proceso, Bastianelli plantea que el trabajar con los olores. Los objetos del bebé permiten que el perro se familiarice con un aroma que luego reconocerá cuando el recién nacido llegue a la casa. La intención es evitar cambios repentinos.

Las cuatro reglas para establecer límites

Dentro del método planteado por Bastianelli aparecen cuatro reglas para establecer límites entre el perro y la familia. Según explicó, todos los miembros del hogar deben mantener las mismas pautas de autoridad.

La primera indica que nadie debe acercarse al perro mientras está comiendo. La segunda establece que el animal debe tener su propia cama y permanecer fuera del dormitorio.

La tercera apunta a evitar que el perro coloque sus patas sobre los integrantes de la familia, conducta que Bastianelli interpreta como una forma de dominación. La cuarta establece que el animal no debe lamer a quienes considera parte de la autoridad.

También considera fundamental establecer horarios y conductas claras durante la alimentación, para que el perro reciba la comida bajo una indicación de sus dueños.

“El perro no es un bebé, el perro es perro”, sostuvo el conductista, quien remarcó que el animal debe ser tratado de acuerdo con su naturaleza y con pautas claras

El primer encuentro con el bebé

Cuando el recién nacido llega a casa, el primer contacto con el perro requiere especial atención. Bastianelli advierte que presentarlo directamente de frente puede resultar peligroso porque el animal puede interpretar la llegada repentina como una invasión de su espacio y sentirse desplazado o amenazado. En ese contexto, una reacción defensiva puede terminar en una situación de riesgo.

Por eso, el conductista recomienda que el acercamiento sea progresivo y controlado. El bebé debe permanecer en brazos de un adulto y el perro debe poder acercarse para reconocer su olor, especialmente en la zona posterior del cuerpo, sin ser obligado a aproximarse ni recibir al recién nacido de frente.

La familiarización con los olores debería comenzar antes del nacimiento, mediante la ropa, los pañales y otros elementos del bebé. De esta manera, cuando finalmente llegue a la casa, el animal ya habrá tenido contacto con un olor que no le resulta completamente desconocido.

A partir de ese primer encuentro, la interacción debe mantenerse bajo supervisión de los adultos. El perro puede observar y reconocer al bebé, pero no debería lamerlo, mordisquearlo, tomar sus juguetes ni ingresar a su habitación. Del mismo modo, cuando el niño crezca, deberá aprender a respetar los espacios y objetos del animal y no tomar sus juguetes.

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