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Rocky con Nico Vázquez: una experiencia que va mucho más allá del teatro

La adaptación del clásico de Stallone atraviesa la platea, interactúa con el público y entra en sus últimas funciones en la avenida Corrientes.

Rocky vuelve a emocionar con su historia, esta reencarnado por Nico Vázquez. (Foto: gentileza).

Quien esté a punto de leer esta nota tiene que saber algo: no está escrita desde la mirada imparcial de quien fue al teatro a analizar una obra. Está atravesada por la emoción de alguien que, sentado en una butaca de la avenida Corrientes, volvió a sentir lo mismo que muchos años atrás, cuando siendo apenas un niño vio por primera vez a Rocky Balboa en una pantalla y después volvió a encontrarlo tantas veces en el televisor de casa.

Porque uno sabe cómo empieza Rocky. Sabe cómo termina. Conoce a Adrian, a Mickey, a Apollo Creed y hasta puede anticipar muchas de sus escenas. Sin embargo, la obra protagonizada por Nico Vázquez consiguió algo que parecía mucho más difícil que contar nuevamente aquella historia: emocionarme otra vez como lo había hecho Rocky cuando era apenas un niño.

La experiencia comienza antes de entrar a la sala del Teatro Lola Membrives, en avenida Corrientes 1280. El universo de Rocky invade el lugar con objetos, guantes, pantalones y recuerdos. Entre ellos aparece la camiseta de la Selección Argentina que Lionel Messi le regaló a Vázquez, enmarcada después de la visita del capitán argentino a la obra.

Pero después se apagan las luces y todo cambia.

Rocky está ahí

Nico Vázquez asume el enorme desafío de interpretar un personaje que parece inseparable de Sylvester Stallone. Dai Fernández es Adrian; David Masajnik interpreta a Mickey; Leo Trento, a Paulie; Merlyn Nouel, a Apollo Creed; Osky Vidal, a Duke; y Diego Hodara, a Jergens.

La puesta reconstruye la casa de Rocky, el gimnasio, las calles de Filadelfia y varios de los momentos que hicieron inolvidable la película. Está la relación con Adrian, con su ternura y sus silencios; está Mickey buscando a Rocky para entrenarlo; están los toques de comedia y está, por supuesto, el entrenamiento.

Y ahí ocurrió algo que difícilmente olvide.

Rocky salió a entrenar entre la gente. Pasó junto a las butacas mientras el público lo alentaba y comenzó a chocar los puños con quienes estábamos al costado. Cuando llegó hasta mí, extendí el mío.

Choqué mi puño con su mano vendada.

Fue apenas un instante, pero todavía recuerdo la sensación del vendaje contra mi mano y, sobre todo, lo que sentí: alegría, emoción, ilusión. Por unos segundos no estaba saludando a un actor que interpretaba a Rocky. Para aquel niño que todavía seguía mirando desde algún lugar, había chocado el puño con Rocky Balboa.

Cuando el teatro se convierte en estadio

La interacción con el público alcanza su punto máximo con el combate final. Los peleadores ingresan entre la gente y el Lola Membrives deja de ser un teatro para transformarse por momentos en un estadio.

La gente grita, alienta y aplaude. Cada golpe se vive y cada caída se sufre. Aunque prácticamente todos conocemos el desenlace, por momentos pareciera que nadie sabe cómo terminará.

Porque Rocky nunca fue solamente una historia sobre quién gana una pelea. Es también la historia de alguien que recibe una oportunidad cuando casi nadie cree en él. De caer, levantarse y seguir adelante.

Tal vez por eso, tantos años después, volvió a emocionarme.

Cuando terminó la función y volví a salir a avenida Corrientes, me quedó claro que no había ido solamente a ver una obra de teatro. Durante un par de horas me había reencontrado con aquel niño que muchos años atrás descubrió a Rocky por primera vez.

Y entre todo lo vivido esa noche me quedó una imagen: Rocky pasando a mi lado, mi puño chocando con su mano vendada y esa mezcla de alegría, emoción e ilusión que todavía puedo recordar. Duró apenas un segundo, pero alcanzó para que, muchos años después, volviera a sentirme aquel niño frente a Rocky.

Dato

Rocky atraviesa sus últimas funciones en Buenos Aires y tiene anunciada su despedida para el 22 de noviembre en el Teatro Lola Membrives, después de superar las 300 presentaciones.

Las entradas pueden adquirirse en la boletería del teatro o de manera online a través de Plateanet.

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