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Postergó la docencia para criar a sus hijos y este año volvió al aula
Giselle Correa había postergado su profesión para dedicarse a sus hijos. Este año obtuvo su primer cargo frente a un cuarto grado.
Después de 13 años de haberse recibido de docente, Giselle Correa decidió volver a ejercer la profesión que había elegido. A los 39 años, este año consiguió su primer cargo frente a un cuarto grado, luego de haber dedicado gran parte de ese tiempo a la crianza de sus hijos. Su regreso al aula implicó un cambio para toda la familia, pero también le permitió recuperar una vocación que, según asegura, siempre estuvo presente.
Correa se recibió de docente hace 13 años, en 2013, pero decidió postergar el ejercicio de la profesión para dedicarse principalmente a sus hijos. Uno de ellos tiene discapacidad y durante ese período concentró gran parte de su tiempo en las terapias, estimulaciones y actividades de los chicos. Con el paso de los años, y cuando sus hijos crecieron, junto a su marido, Carlos, comenzó a considerar la posibilidad de retomar la carrera.
“Después de 13 años me animé a empezar a ejercer”, contó. Una amiga, Verónica Bravero, también fue clave para que tomara la decisión. Durante mucho tiempo le insistió para que volviera a inscribirse en la Junta de Clasificación y se presentara a los llamados. Finalmente, en marzo obtuvo su primer cargo.
El desafío era importante porque Correa había trabajado como DAI, pero nunca había estado al frente de un curso. “Siempre he sido DAI, siempre he estado detrás de las seños, nunca enfrente del aula”, explicó.
Una experiencia que trasladó al aula
Los años dedicados a la crianza también modificaron su manera de enseñar. Correa asegura que es exigente con la preparación de sus clases porque busca que sus alumnos participen y que el aprendizaje no se limite a la transmisión de contenidos.
“Me gusta mucho el hecho de que yo a los chicos les enseñe y que ellos tengan una enseñanza”, sostuvo. Por eso incorpora juegos, canciones, dibujos y otras actividades. Incluso contó que ha utilizado TikTok como parte de algunas propuestas.
La metodología tiene un vínculo directo con su experiencia familiar. “Lo mismo que trabajo con mis hijos acá en casa, hago TikTok, pintamos, dibujamos, lo plasmo también en el curso con mis alumnos”, relató.
Actualmente está a cargo de un cuarto grado y trabaja especialmente sobre las emociones, el respeto y los vínculos entre compañeros. “Yo siempre les digo a los chicos, tienen que ser felices, tienen que vivir y ser felices y respetarse”, señaló.
Su deseo es que, con el paso de los años, sus alumnos la recuerden por la forma en que los recibía cada día. “Quiero que me recuerden así, como la señora sonriente, que venía alegre”, afirmó.
El desafío de volver a trabajar
El regreso a la docencia también significó aprender a delegar responsabilidades familiares que durante años habían estado principalmente a su cargo. Correa reconoció que dejar por algunas horas su rol de madre para concentrarse en el trabajo fue uno de los aspectos más difíciles.
“Capaz el despegue ese de ser mamá para yo dedicarme a mi trabajo es como el que me ha costado y me sigue costando”, explicó. En ese proceso, su marido y otros familiares comenzaron a asumir parte de las tareas vinculadas al cuidado de los chicos.
A pesar de las dificultades, destaca el acompañamiento de su familia, sus compañeras de trabajo y las familias de sus alumnos. Asegura que encontró un buen equipo y que disfruta de esta nueva etapa. “Siempre llego a la escuela con una sonrisa”, afirmó.
Una profesión que debe hacerse con vocación
A partir de su propia experiencia, Correa sostiene que quienes quieran estudiar para ser docentes deben hacerlo por vocación y no solamente por una salida laboral.
“Les tiene que nacer”, sostuvo. Para ella, enseñar implica también escuchar y acompañar a los estudiantes en situaciones que exceden los contenidos escolares. “Nosotros no somos seños, somos mamá, somos tía, somos abuela, y tenemos que ser los oídos de los peques”, expresó.
Después de 13 años, Correa volvió finalmente al aula. El regreso implicó superar miedos, reorganizar la dinámica familiar y animarse a ocupar un lugar que había postergado, pero que nunca dejó de sentir como propio.