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Soñaba de niña con ser profesora y convirtió esa vocación en su trabajo
Terminó la secundaria de adulta, dejó un trabajo para poder estudiar y convirtió aquella vocación de niña en una vida dedicada a enseñar.
Por Alejandro Sánchez Lirola Hace 1 hora
En el marco del Día del Profesor, que se conmemora cada 17 de septiembre en Argentina, la fecha invita a reconocer la tarea de quienes hacen de la enseñanza una vocación, acompañan trayectorias y dejan una huella que muchas veces trasciende el aula. En ese recorrido aparece la historia de Graciela Reynoso, una sanjuanina que mucho antes de convertirse en profesora de Biología ya imaginaba cómo sería enseñar.
“Cuando llegaba a casa jugaba a que era maestra. Tenía mis alumnos, obviamente eran invisibles, pero tenía una chapa y escribía ahí con un pedacito de tiza.”, recordó a DIARIO HUARPE.
Hoy tiene 51 años y es profesora de Biología. Pero aquella vocación que nació durante su infancia debió esperar, Graciela terminó la secundaria siendo adulta, en un SENS, mientras trabajaba y organizaba sus horarios para poder continuar estudiando.
Dos profesores que la impulsaron el sueño
Durante aquella etapa conoció a dos docentes que terminaron siendo determinantes: Mario Paredes, profesor de Contabilidad, y Graciela Ortega, profesora de Biología. Ambos la inspiraron a continuar formándose y a transformar en una profesión aquello que durante años había surgido de manera natural.
Porque incluso antes de empezar el profesorado, Graciela ya encontraba satisfacción en enseñar. En los momentos libres de la secundaria se sentaba junto a sus compañeros cuando alguna materia se les complicaba y trataba de ayudarlos.
“Yo les enseñaba a mis compañeros cuando tenían dudas y les costaba. Les daba una manito explicándoles y entonces dije: ‘Esta es mi vocación, esto es lo que quiero’”, explicó.
Durante un tiempo dudó entre estudiar Economía o Biología. Finalmente eligió la ciencia que más le gustaba y, a los 36 años, comenzó el profesorado en el Instituto Carmen Peñalosa.
Los sacrificios para poder perseguir su sueño
La decisión también exigió reorganizar su vida. En ese momento trabajaba por la mañana y por la tarde, pero el profesorado se cursaba en horario vespertino. Para poder estudiar tuvo que dejar su trabajo de la tarde y sostener durante años una rutina dividida entre el empleo y las clases.
“Trabajaba mañana y tarde, y tuve que dejar el trabajo de la tarde para poder estudiar en el profesorado”, contó.
Aquel esfuerzo tuvo un objetivo de convertirse en profesora. El mismo deseo que había comenzado como un juego durante su infancia se transformaba, décadas después, en una posibilidad concreta.
Seis escuelas y jornadas llenas de esfuerzo
Actualmente, Graciela trabaja en seis establecimientos educativos. Cinco ubicados en Pocito y otro en Media Agua, algunos días comienza su jornada alrededor de las 5.30 y, tres noches por semana, termina de dar clases cerca de las 23.45.
Muchas veces almuerza directamente en la escuela antes de continuar con sus actividades. A pesar de esas extensas jornadas, cuando habla de su profesión pone el foco en aquello que ocurre frente a los estudiantes.
“Lo más importante pasa en el aula, pasa con los chicos, en el laboratorio o en una salida didáctica. Eso termina siendo lo más lindo y lo más importante”, destacó.
Después de aquel secundario cursado siendo adulta, de las horas repartidas entre trabajo y estudio y de haber iniciado una carrera a los 36 años, su propia historia se convirtió también en el mensaje que intenta transmitirles a sus alumnos.
Para Graciela, estudiar no depende de una edad determinada y siempre existe la posibilidad de volver a intentarlo.
“No hay edad para estudiar, no hay ningún impedimento. Siempre uno tiene que hacerse el tiempo para poder hacerlo, no hay nada imposible si uno quiere. Siempre se puede”, concluyó.