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Subir al Obelisco, la experiencia para descubrir Buenos Aires desde su cima
Un ascensor lleva hasta los 55 metros y, tras subir otros 35 escalones, cuatro ventanas permiten descubrir CABA desde lo más alto de su monumento más famoso.
El Obelisco es probablemente una de las postales argentinas más reconocidas en el mundo. Millones de personas pasaron alguna vez por sus pies, se sacaron fotos sobre la avenida 9 de Julio o lo usaron como referencia para recorrer el centro porteño. Lo que muchos todavía desconocen es que ahora también se puede entrar, subir y terminar mirando Buenos Aires desde su cima.
Desde noviembre de 2025 funciona regularmente el Mirador Obelisco, una experiencia turística que permite alcanzar los 67,5 metros de altura del monumento y observar la Ciudad a través de cuatro ventanas orientadas hacia los puntos cardinales.
Durante una visita, DIARIO HUARPE recorrió la propuesta desde adentro. Y la primera sorpresa aparece apenas se atraviesa la pequeña puerta de acceso: aquel monumento que desde afuera parece macizo es en realidad una enorme estructura hueca que se eleva sobre la cabeza.
Un ascensor escondido en el Obelisco
Durante décadas, llegar hasta arriba estaba reservado a unas pocas personas dispuestas a enfrentar una escalera marinera de 206 escalones distribuida en siete tramos.
Eso cambió con una obra que incorporó un ascensor panorámico con capacidad para cuatro visitantes. Después de subir ocho escalones desde la entrada, se ingresa al elevador, que demora alrededor de un minuto en alcanzar el nivel de los 55 metros. Uno de sus laterales vidriados permite mirar el interior del monumento mientras se asciende.
La intervención tuvo además una condición particular: debía respetar la estructura original porque el Obelisco es Monumento Histórico Nacional. Por eso, el ascensor fue construido en el exterior, montado luego dentro del monumento y diseñado con un sistema reversible que permite retirarlo sin alterar sus paredes ni fachadas.
Incluso la idea tiene algo de deuda histórica. Cuando Alberto Prebisch proyectó el Obelisco en 1936 ya se contemplaba la posibilidad de incorporar un ascensor. Tuvieron que pasar casi nueve décadas para hacerlo realidad.
Los últimos 35 escalones
Pero el ascensor no llega hasta lo más alto. Al abrirse las puertas en el nivel 55 comienza la segunda parte de la experiencia. Hay que continuar por una estrecha escalera caracol de 35 escalones hasta alcanzar finalmente el mirador.
Arriba el espacio es reducido. Solo un pequeño grupo puede permanecer simultáneamente y alrededor aparecen cuatro ventanas, cada una orientada hacia un punto cardinal.
Entonces llega la recompensa.
Por una ventana se extiende la avenida 9 de Julio. Desde otra, Corrientes parece perderse entre los edificios. También se observan Diagonal Norte, cúpulas históricas, el Teatro Colón y buena parte del centro porteño. La Ciudad que abajo parece enorme empieza a ordenarse bajo los pies.
El punto de encuentro de todo un país
Mirar hacia abajo también permite dimensionar la historia del lugar. Con los años, el Obelisco dejó de ser solamente un monumento y pasó a convertirse en uno de los grandes puntos de encuentro de los argentinos.
Allí se concentraron los multitudinarios festejos por el Mundial de Qatar 2022, fue protagonista de la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de la Juventud 2018 y recibió recitales, intervenciones artísticas y grandes celebraciones populares.
Desde las pequeñas ventanas de la cima, esas mismas avenidas que tantas veces aparecieron cubiertas de gente se ven completamente diferentes.
Un “temblorcito” debajo de los pies
La experiencia guarda además una curiosidad en la base.
Debajo del Obelisco y de su entorno pasa la red de Subte porteña. Desde el interior pueden escucharse las formaciones y, a través de rejillas ubicadas en el piso, percibir parte de ese movimiento bajo tierra.
También se siente una ligera vibración.
Para un sanjuanino o para cualquier cuyano acostumbrado a registrar inmediatamente cualquier movimiento debajo de los pies, la comparación surge casi inevitablemente: se parece a un muy, pero muy leve temblorcito. Solo que esta vez no proviene de la tierra, sino del Subte que continúa circulando mientras, unos metros más arriba, los turistas se preparan para alcanzar la cima.
De mirar el Obelisco a entrar en él
El monumento fue inaugurado el 23 de mayo de 1936 y construido en apenas 60 días por 157 trabajadores. Durante casi 90 años, para la inmensa mayoría de las personas fue una postal para contemplar exclusivamente desde afuera.
La apertura del mirador modificó esa relación. Ahora la visita permite atravesar su puerta, descubrir cómo es por dentro, subir por su estructura y terminar mirando la misma Buenos Aires que minutos antes se observaba desde la vereda.
Ahí está buena parte del asombro de la propuesta. No se construyó un mirador nuevo al lado de un monumento: el mirador está dentro de uno de los símbolos más reconocibles del país.
Y cuando finalmente se llega a la última ventana, después del ascensor y los 35 escalones, aparece probablemente la mejor manera de explicarlo: uno ya no está mirando el Obelisco. Está mirando Buenos Aires desde adentro del Obelisco.
Dato
El Mirador Obelisco está ubicado en la Plaza de la República, en el cruce de las avenidas Corrientes y 9 de Julio. Los turnos se organizan cada 15 minutos y cada grupo es de hasta cuatro personas. La experiencia completa dura aproximadamente 20 minutos.
El valor informado es de $18.000 para residentes argentinos y $36.000 para extranjeros. En una jornada de 9 a 21, el sistema de cuatro visitantes cada 15 minutos permite una capacidad teórica de hasta 192 personas.