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Provinciales > Tragedia aérea

Un amigo, cuatro héroes y una vida de fútbol, profesión y amistad

Fútbol, familia, bromas y un último abrazo quedaron en la memoria de Esteban Luna, amigo y excompañero de los cuatro funcionarios.

POR REDACCIÓN

Hace 17 horas
Esteban Luna recordó con emoción a sus amigos y compañeros. FOTO: SERGIO LEIVA / DIARIO HUARPE.

Hay recuerdos que el paso del tiempo no consigue acomodar. Se quedan ahí, en algún rincón de la memoria, esperando una conversación, una fotografía o simplemente un momento de silencio para volver a aparecer. Esteban Luna, excompañero y amigo de Germán Videla, Rubén Castro, Jorge Carbajal y Carlos Heredia, habló con DIARIO HUARPE y comentó los recuerdos que vivieron en los años compartidos dentro de la Policía de San Juan, en las reuniones familiares, en las discusiones por fútbol y, especialmente, en aquellos últimos abrazos que hoy adquieren un significado imposible de explicar.

El fútbol, las reuniones familiares y las bromas entre amigos quedaron como parte del recuerdo de cuatro vidas que dejaron huella.FOTO: SERGIO LEIVA / DIARIO HUARPE.

Los cuatro perdieron la vida el 29 de julio de 2026, en el trágico accidente de helicóptero ocurrido en Valle Fértil. Pero para quienes los conocieron, sus nombres no quedaron solamente ligados a aquella tragedia: siguen apareciendo en pequeñas historias de todos los días.

Años que los hicieron hermanos

Luna conocía a Jorge Carbajal desde antes de ingresar a la Escuela de Cadetes. A Rubén Castro también lo había conocido en su juventud. Pero fue durante los tres años de internado en la escuela policial cuando aquella relación se transformó en una amistad profunda.

Dormían bajo el mismo techo, estudiaban, comían y atravesaban juntos cada jornada. Allí también nació una de esas anécdotas que hoy se recuerdan con una sonrisa.

Antes de ingresar, Rubén y Esteban habían observado desde afuera una instrucción militar y se preguntaron si realmente querían atravesar aquello. Rubén intentó tranquilizarlo con una frase que después se convertiría en motivo de risas: iban a estar “en las aulas, como estudiantes”.

Cuando finalmente ingresaron y se encontraron en medio de la instrucción militar, Luna lo miró y le recordó aquella promesa. Rubén simplemente se rio.

El fútbol, las familias y las cargadas

Con los años llegaron los cargos, las responsabilidades y el crecimiento profesional. Pero también llegaron los cumpleaños de los hijos, las reuniones de fin de año y los partidos de fútbol. Rubén era hincha de River. Jorge, fanático de Boca. Y Carlos defendía con orgullo a Valle Fértil. Las cargadas eran parte de la amistad.

También estaban las bromas sobre sus pueblos de origen. Rubén defendía a Jáchal, Jorge a Iglesia y Carlos a Valle Fértil. Cada uno llevaba consigo una parte de su tierra y no dudaba en hacerla valer en cada conversación. Eran discusiones pequeñas, de esas que solamente pueden existir cuando hay cariño y confianza.

El abrazo que quedó para siempre

La última vez que Esteban vio a Germán fue durante una entrevista, pocos días antes del accidente. Le hizo una seña para que esperara. Terminó de hablar con la prensa, se acercó y lo abrazó. Después conversaron sobre sus hijas y sobre la vida.

Hoy, ese abrazo ocupa un lugar especial en la memoria de Luna. “Les dije que estaba orgulloso de ellos”, recuerda. Y esa certeza es, quizás, uno de los pocos refugios que encontró después de la tragedia.

Porque los cuatro habían dedicado su vida a prepararse para enfrentar el dolor de los demás. Como bomberos, policías y funcionarios de protección civil, hablaban incluso de cómo responder ante una catástrofe. Pero nunca imaginaron que algún día serían ellos quienes dejarían a sus compañeros intentando aprender a convivir con el dolor.

La humildad como legado

Cuando Luna habla de ellos como profesionales, hay una palabra que se repite: humildad. Los recuerda como hombres que nunca dejaron de capacitarse, que entendían que siempre había algo nuevo por aprender y que, pese a ocupar los cargos más importantes, nunca se sintieron por encima de nadie. “Eran tremendos seres humanos”, resume.

Por eso, más allá de los uniformes, los grados y las responsabilidades, lo que queda son las personas. Los amigos. Los padres. Los esposos. Quizás allí esté la forma más verdadera de recordarlos: no solamente por cómo murieron, sino por todo lo que fueron antes de aquella tragedia.

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