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Deportes > Pasión sin fronteras

Gonzalo Cazenave, el argentino que fue "rey" en Bangladesh

Gonzalo Cazenave relató su experiencia en Bangladesh. Fue recibido como invitado de honor debido a la pasión local por la Selección Argentina. 

Hace 2 horas
Cazenave fue tratado como un "rey" solo por ser argentino. (Foto: gentileza).

Bangladesh, un país del sur de Asia, no es un destino habitual para un argentino. Pero para Gonzalo Cazenave, un viajero porteño que lleva 16 años recorriendo el mundo, fue el escenario de una experiencia inesperada que vivió durante seis días: ser recibido como un rey en una ciudad que vibra por la Selección Argentina.

Gonzalo es oriundo de Buenos Aires, es porteño, tiene 42 años y hace 16 años decidió dejar atrás la vida convencional para convertirse en viajero del mundo. En ese recorrido, que ya lo llevó por decenas de países, Bangladesh apareció como su nuevo destino. Y lo que encontró allí lo descolocó desde el primer momento. “Quería conocer un país nuevo y nada mejor que ir a Bangladesh en época de Mundial. La experiencia fue maravillosa. Me trataron como un rey”, contó a DIARIO HUARPE. No era una metáfora. Era literal.

El argentino durante los festejos de la victoria de la Selección.

Todo comenzó en Daca, la capital, cuando fue invitado por una universidad para ver un partido de la Selección Argentina junto a miles de estudiantes. Al llegar, el escenario parecía más una fiesta popular que una transmisión deportiva: un galpón enorme colmado de banderas celestes y blancas, pantallas gigantes y una multitud que gritaba los goles como si fueran propios. “Había 10.000 personas”, recordó. Y en ese instante, sin buscarlo, se convirtió en el centro de una emoción colectiva que lo rodeaba por todos lados: selfies, abrazos, celulares en alto. Una y otra vez.

Pero la experiencia no quedó ahí. Días después fue trasladado a una ciudad más pequeña, donde la escena se volvió todavía más inesperada. Una caravana de motos lo fue a buscar, con banderas argentinas flameando en el aire y bocinas que anunciaban su llegada como si se tratara de un visitante ilustre. Y ese recibimiento no fue casual: Gonzalo contó que los habitantes de esa pequeña ciudad “nunca habían visto un argentino en persona”.

Los bangladesíes se sacaban fotos con el argentino.

En ese lugar participó de encuentros con autoridades locales, recibió como regalo una camiseta original de la Selección y hasta fue parte de una celebración dedicada a Lionel Messi por su cumpleaños número 39, con torta incluida y referencias a los goles de la Selección. “Hicieron un festejo en un parque. Era algo íntimo, pero muy emotivo”, relató.

La explicación de tanta pasión tiene raíces profundas. En Bangladesh, la idolatría por la Selección Argentina nació con Diego Maradona y el Mundial de 1986, cuando el país asiático aún estaba atravesado por su historia colonial bajo el dominio de Gran Bretaña. Aquel gol a Inglaterra fue visto como un gesto de justicia poética encarnado en el entonces capitán del seleccionado argentino y quedó grabado como un símbolo que trascendió el fútbol para convertirse en una herencia cultural. “Aman al Diego y a Messi. Es una tradición que pasa de generación en generación. Ves a niños pequeños vistiendo la camiseta de Argentina”, contó.

Gonzalo eligió viajar por el mundo cuando tenía 26 años.

Hoy, décadas después, esa devoción sigue viva en las nuevas generaciones. En ese contexto, un argentino terminó siendo parte de una historia que no le pertenece, pero que lo abraza igual. Las imágenes de pueblos bangladesíes festejando los títulos de la Selección Argentina quedan guardadas en la memoria colectiva.

Un argentino que eligió el mundo

Hace 16 años, Gonzalo Cazenave decidió dejar atrás la rutina laboral en Buenos Aires para dedicarse a recorrer el mundo. Desde entonces, visitó 99 países, completó dos vueltas al planeta y documentó su experiencia en un libro titulado “140.000 km a dedo por el mundo”.

El libro que publicó el viajero con sus historias y experiencias.

Su recorrido lo llevó por Sudamérica, Europa, Asia y Oceanía, atravesando desde rutas en Rusia en invierno hasta travesías por Australia y el sudeste asiático. En muchos casos, el viaje fue completamente a dedo, una modalidad que le permitió conocer personas, alojarse en casas de familias y construir vínculos que aún mantiene.

“Lo mejor es la gente. Te levantan, te invitan a comer, te dan alojamiento”, explicó. Hoy combina su vida viajera con proyectos de publicidad y emprendimientos personales que le permiten sostener su estilo de vida.

Las dos vueltas al mundo a dedo.

A sus 42 años, Cazenave continúa en movimiento. Tras su paso por Bangladesh, sigue su recorrido en Sri Lanka y ya piensa en su país número 100, que podría ser Malta o Egipto.

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