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Política > Polémica transacción

Argentina compra 235 blindados Stryker tras acuerdo con EE. UU. en medio del ajuste

El Ministerio de Defensa rubricó el acuerdo con Washington mientras se cuestiona el costo económico en plena crisis social.

POR REDACCIÓN

Hace 1 hora
La adquisición de los 235 blindados rondaría en US$ 587,5 millones.

En un escenario marcado por la pérdida del poder adquisitivo, la caída del consumo y el endeudamiento de los hogares, la gestión nacional de Javier Milei y el Ministerio de Defensa, acordó la adquisición de 235 vehículos blindados 8x8 Stryker provenientes de Estados Unidos. La operación, encabezada por el ministro de Defensa, Carlos Presti, mediante la firma de la Carta de Oferta y Aceptación (LOA) con el embajador estadounidense Peter Lamelas, fue presentada por la cartera militar como un paso estratégico para potenciar la movilidad, el transporte de infantería y la evacuación médica de las Fuerzas Armadas.

Sin embargo, el anuncio oficial omitió el monto definitivo del contrato, lo que despertó severas críticas respecto de las prioridades del gasto público. Considerando las transacciones previas del mismo modelo —donde un lote de ocho unidades representó un desembolso de 20 millones de dólares, a razón de 2,5 millones de dólares por vehículo—, la nueva partida podría rondar una inversión calculada entre los 587 y los 658 millones de dólares, de acuerdo con las variables de equipamiento y soporte técnico asociadas.

El ministro de Defensa, Carlos Presti, y el embajador de Estados Unidos Peter Lamelas.

Esta millonaria erogación acentuó el debate sobre la asignación de recursos estatales frente a las necesidades urgentes de la población. Diversos sectores cuestionaron la oportunidad del acuerdo en un contexto en que la economía cotidiana ahoga a las familias trabajadoras, donde el crédito disponible se destina a la compra de alimentos básicos y la morosidad alcanza niveles inéditos. Desde la perspectiva oficial, no obstante, la medida se fundamenta en la urgencia de reequipar al Ejército y revertir el deterioro del material operativo acumulado durante décadas de desinversión.

El reequipamiento militar no constituye un hecho aislado, sino que profundiza un rumbo de alineamiento directo con Washington que sumó antecedentes inmediatos, como la adquisición de los cazas F-16 a Dinamarca, cuya transferencia requirió la autorización explícita de la administración estadounidense. Dicha política de defensa retoma un esquema histórico de cooperación y subordinación a los estándares doctrinarios de la OTAN que rememora la política exterior de la década de 1990, desplazando las iniciativas de desarrollo e integración de la industria bélica nacional.

En ese marco, la cartera de Defensa subrayó que la incorporación de la flota Stryker tiene entre sus metas centrales “profundizar la interoperabilidad” con las Fuerzas Armadas de Estados Unidos.

Esta compatibilidad técnica y operativa reafirma el viraje geopolítico de la Casa Rosada, que presenta la alianza con el país norteamericano como un ejercicio de soberanía. En contraposición, analistas de la defensa y dirigentes de la oposición advierten que la dependencia de proveedores extranjeros vulnera la autonomía estratégica del país y transforma las necesidades operativas de las Fuerzas Armadas en una ventana de negocios para la industria militar externa.

Según el Ministerio de Defensa, además de mejorar la capacidad del Ejército, el flamante acuerdo militar busca profundizar la interoperabilidad con las Fuerzas Armadas estadounidenses.

¿Cómo son los tanques?

Los tanques son blindados 8x8 utilizados por el Ejército estadounidense. Según el Gobierno, permitirán mejorar la movilidad, la protección y la capacidad de despliegue de las tropas, pero también “profundizar la interoperabilidad” con las Fuerzas Armadas de Estados Unidos.

La expresión salió del propio Ministerio de Defensa en su comunicado para presentar la operación como un avance. En otras palabras, no se trata solamente de comprar vehículos: también se busca que el Ejército argentino opere cada vez de manera más compatible con los sistemas y estándares militares de Washington.

Si bien la LOA deja la compra formalmente encaminada, el comunicado del Gobierno no detalla cuánto va a costar la operación ni explica qué hace que esas condiciones sean “tan convenientes”. Y con 235 blindados en juego, el precio no es un detalle menor que pueda esconderse detrás del lenguaje de los comunicados oficiales.

Las “relaciones carnales” con factura

Los Stryker son otro capítulo del alineamiento militar de Milei con Washington. Antes llegaron los 24 F-16 comprados a Dinamarca, una operación que se concretó porque Estados Unidos debía autorizar la transferencia de los aviones, al tratarse de material de origen estadounidense. Fue la salida elegida por Argentina para reemplazar a los Mirage retirados en 2015.

La compra también generó críticas. Luis Petri tuvo que salir a defender los F-16 frente a quienes los calificaron de “chatarra” y sostuvo que “la soberanía se ejerce con actos como esta compra de aviones”.

La escena se repite: Washington vende, Argentina compra y el Gobierno presenta ese alineamiento como soberanía. El Gobierno asegura que los 235 Stryker se incorporan bajo condiciones especialmente favorables. Ahora falta conocer cuáles son esas condiciones y, sobre todo, cuánto cuestan.

La referencia disponible permite dimensionar el negocio. Si se toma el promedio de US$ 2,5 millones de los primeros ocho vehículos, los 235 nuevos representarían unos US$ 587,5 millones. Si el costo promedio fuera de US$ 2,8 millones, la cuenta subiría a US$ 658 millones.

Pero ninguna de esas cifras es el precio oficial de la nueva compra. El monto definitivo todavía no fue informado y puede variar según el equipamiento, los repuestos, la capacitación y el soporte incluidos.

La discusión, entonces, no debería ser si las Fuerzas Armadas necesitan modernizarse. Claro que necesitan equipamiento. La discusión es qué modelo de defensa se está construyendo, cuánto le cuesta al país y qué lugar ocupa la industria argentina en ese proceso.

Porque modernizar las Fuerzas Armadas es una cosa. Convertir cada necesidad de defensa en una oportunidad de negocio para proveedores extranjeros es otra.

 

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