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Así disfrutaron chicos y chicas de las nuevas estructuras del Parque Papa Francisco
Las familias de Rawson estrenaron con alegría el megajuego de 600 metros cuadrados en el renovado Parque Papa Francisco.
POR REDACCIÓN
Cuando el sol comenzó a caer sobre Lemos y Superiora, pero en el Parque Papa Francisco, una marea de chicos y chicas, con los ojos llenos de asombro, corrieron a toda velocidad para llegar a la cima de la novedosa y gran estructura metálica del megajuego recientemente inaugurado.
El gigante pensado para el entretenimiento infantil, cuenta con tres niveles y rápidamente, en cuestión de minutos, transformó la experiencia de los peques en toda una aventura infantil.
El murmullo habitual del parque se convirtió en una sinfonía de risas desbordadas, gritos de entusiasmo y zapatillas retumbando sobre el suave suelo de goma reciclada.
Para los más pequeños, la gigantesca estructura no era simplemente un conjunto de tubos, rampas y redes de escalada; era un castillo inexpugnable, una nave espacial o una fortaleza lista para ser explorada.
Desde lo más alto del tercer nivel, las caritas iluminadas saludaban hacia abajo a papás y mamás que, mate en mano, no dejaban de retratar la hazaña con las cámaras de sus celulares.
La adrenalina se sentía en cada rincón del laberinto. Los más audaces hacían fila pacientemente para lanzarse por los toboganes más altos, mientras los más chiquitos descubrían los paneles interactivos y las zonas de menor altura.
La calidez del atardecer se complementó con un profundo sentido de orgullo comunitario: familias enteras que antes veían el predio como un sector de paso o de sombras, hoy lo habitaron como un gran patio de juegos compartido.
A medida que la noche terminó de caer, los potentes reflectores LED de nivel estadio se encendieron para iluminar la escena. El parque no se apagó; al contrario, cobró una energía renovada.
Entre charlas vecinales, termos que pasaban de mano en mano y chicos con las mejillas coloradas de tanto correr, la inauguración dejó una estampa imborrable: infancias felices, adueñándose con libertad y alegría de su propio lugar en el corazón de Rawson.
Fotos y videos: Martín Britos y Darío Pacheco.