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Brote estacional: por qué la primavera podría afectar la salud mental

Los cambios de luz y temperatura pueden influir en el ánimo. Raúl Ontiveros explicó cuáles son las señales de alerta.

Por Ana Paula Zabala
Hace 2 horas

Los cambios de luz y temperatura pueden influir en el ánimo. (Foto: generada con IA)

San Juan todavía transita el invierno, pero algunas señales empiezan a anticipar lo que viene. Los días lentamente se alargan, aparecieron jornadas con temperaturas más agradables y las primeras plantas comienzan a brotar. Sin embargo, hay otro “brote” asociado al cambio de estación al que los especialistas en salud mental prestan atención.

Se trata de las descompensaciones y cambios en el estado de ánimo que pueden presentar algunas personas coincidiendo con las transiciones estacionales. Sobre este fenómeno habló el licenciado Raúl Ontiveros durante una entrevista en el programa Yo Te Invito.

Raúl Ontiveros - Psicólogo y magíster en adicciones. (Foto DIARIO HUARPE)

“Cuando viene septiembre, agarrate”, contó Ontiveros sobre una expresión que suele circular entre profesionales de la salud mental. Según explicó, hacia finales de agosto y durante septiembre comienzan a observar modificaciones en el tipo y la intensidad de algunas consultas.

La evidencia científica respalda que existe cierta estacionalidad en determinados trastornos, aunque no afecta de la misma manera a toda la población. Estudios internacionales han identificado, por ejemplo, picos de episodios maníacos vinculados al trastorno bipolar durante primavera y verano.

¿Por qué un cambio de estación puede afectar el ánimo?

La llegada de la primavera modifica mucho más que la temperatura. Aumentan las horas de luz, cambian las rutinas, hay mayor actividad social y se producen modificaciones en los horarios de descanso.

Ontiveros explicó que el organismo responde a la luz que recibe y que esta participa en la regulación del reloj biológico y del ciclo de sueño y vigilia.

“Somos fotosensibles”, resumió el especialista al explicar cómo las variaciones en la exposición a la luz pueden repercutir en nuestro funcionamiento.

La ciencia vincula los cambios estacionales con los ritmos circadianos y con sistemas biológicos involucrados en la regulación del sueño y del estado de ánimo. Esto no significa, sin embargo, que la llegada de la primavera genere automáticamente una crisis psicológica.

“Probablemente a todos de alguna manera nos afecta”, explicó Ontiveros. En una persona con buena estabilidad emocional, sostuvo, el cambio puede traducirse apenas en pequeñas variaciones. Pero en quienes presentan una predisposición o un trastorno previo, determinados factores ambientales pueden actuar como desencadenantes.

No siempre primavera significa estar más feliz

Existe una asociación cultural entre primavera, buen tiempo y felicidad. Sin embargo, desde la salud mental la relación no es tan sencilla.

Una revisión científica sobre estacionalidad encontró que las internaciones relacionadas con episodios maníacos pueden ser entre 7,4% y 16% más altas durante primavera y verano. También observó patrones estacionales en otras situaciones agudas de salud mental.

Por eso, el concepto de estacionalidad no debe confundirse únicamente con la conocida depresión estacional de los meses oscuros y fríos. Diferentes cuadros pueden presentar patrones distintos.

Ontiveros señaló además que al componente biológico se suman los cambios de comportamiento propios de cada época: más reuniones, mayor vida nocturna, modificaciones del sueño, actividad física y también variaciones en el consumo de alcohol y otras sustancias.

“Todos estos factores a veces dan un combo muy complicado”, sostuvo.

Una problemática que ya venía creciendo

El fenómeno ocurre además en un contexto global de fuerte preocupación por la salud mental.

De acuerdo con los últimos datos difundidos por la Organización Mundial de la Salud, alrededor de 1.100 millones de personas vivían con algún trastorno mental en 2021, prácticamente una de cada siete personas en el planeta. Los trastornos de ansiedad y los depresivos se encuentran entre los más frecuentes.

La pandemia profundizó el problema: durante su primer año, la prevalencia mundial de ansiedad y depresión aumentó alrededor de un 25%.

Para Ontiveros, hablar más sobre salud mental es positivo, pero no necesariamente implica que las condiciones de vida actuales sean más saludables. El descanso insuficiente, el sedentarismo, determinados consumos y la calidad de los vínculos también tienen impacto.

“No es lo mismo una persona que duerme bien que una que no”, ejemplificó.

Cómo prepararse para el cambio de estación

Ante la llegada de esta época, Ontiveros puso especialmente el foco en la prevención y en los hábitos cotidianos.

Dormir adecuadamente, mantener actividad física, cuidar la alimentación, sostener vínculos sociales saludables y recurrir a terapia cuando sea necesario forman parte de los factores protectores mencionados por el profesional.

El sueño ocupa un lugar central. El especialista contó el caso de una paciente que había logrado recuperar ocho horas de descanso luego de modificar hábitos sencillos, entre ellos abandonar el celular una hora antes de acostarse y evitar bebidas estimulantes durante la noche.

También destacó la importancia de los vínculos, aunque aclaró que no se trata simplemente de tener muchas personas alrededor. Preservar la salud mental puede significar también poner límites o alejarse de relaciones que generan daño.

Las señales que no deberían naturalizarse

El cambio de estación no debe convertirse en una explicación automática para cualquier malestar. Una modificación persistente o intensa del sueño, cambios marcados del estado de ánimo, aislamiento, irritabilidad inusual o dificultades para sostener las actividades habituales merecen atención profesional.

La detección temprana resulta particularmente importante en personas con antecedentes de trastornos de salud mental.

En niños y adolescentes, Ontiveros destacó además el rol de los docentes, que muchas veces son quienes detectan las primeras modificaciones de conducta y pueden advertir situaciones vinculadas con depresión, consumos problemáticos, violencia, abuso, bullying o grooming.

Para el especialista, la articulación entre familia, escuela y profesionales constituye actualmente uno de los ejes fundamentales para cuidar la salud mental.

Así, mientras San Juan comienza lentamente a abandonar el invierno y aparecen los primeros anticipos de primavera, la recomendación no pasa por temerle al cambio de estación, sino por prestar atención.

Porque así como el cuerpo responde al frío, al calor y a la cantidad de luz que recibe, el cerebro también registra esos cambios. Y reconocer a tiempo que algo está cambiando puede ser el primer paso para pedir ayuda.

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