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Cambio climático y terremotos: qué relación existe, según la ciencia
Tras el terremoto de magnitud 7,4 en Colombia, vuelve una pregunta recurrente: si el calentamiento global puede influir en la actividad sísmica.
POR REDACCIÓN
El devastador terremoto de magnitud 7,4 que sacudió Colombia y dejó más de un centenar de víctimas fatales volvió a instalar una pregunta que aparece después de grandes fenómenos naturales: ¿el cambio climático puede provocar más terremotos o hacerlos más intensos?
La respuesta científica requiere diferenciar los grandes movimientos tectónicos de otros fenómenos capaces de alterar las presiones sobre la corteza terrestre.
Los grandes terremotos se producen principalmente por el movimiento de las placas tectónicas y la liberación repentina de la energía acumulada en las fallas geológicas. Por ese motivo, el calentamiento global no es considerado una causa directa de los grandes sismos.
Sin embargo, diferentes investigaciones analizaron cómo determinados cambios ambientales pueden modificar las cargas que soporta la corteza terrestre y eventualmente influir sobre fallas que ya se encuentran sometidas a importantes niveles de tensión.
El peso del agua y el hielo
Uno de los fenómenos estudiados es el derretimiento de grandes masas de hielo. Cuando desaparecen glaciares que durante miles de años ejercieron un enorme peso sobre la superficie, disminuye la presión sobre la corteza y el terreno puede comenzar a elevarse lentamente.
Las lluvias extremas y las grandes variaciones en los niveles de agua también pueden modificar temporalmente la presión sobre determinadas regiones y alterar las condiciones existentes en algunas fallas.
Esto no significa que una tormenta, una sequía o el aumento de la temperatura global puedan generar por sí solos un gran terremoto. La posible relación está asociada a modificaciones de las fuerzas que actúan sobre zonas geológicas que previamente acumularon tensión.
¿Hay más terremotos que antes?
Otra percepción frecuente es que actualmente se producen más terremotos que décadas atrás. Sin embargo, el aumento de los registros no necesariamente implica que haya crecido la actividad sísmica global.
El desarrollo de redes de monitoreo cada vez más extensas y sensibles permite detectar movimientos que anteriormente podían pasar inadvertidos, especialmente los de menor magnitud.
Los especialistas remarcan además que los terremotos continúan siendo fenómenos extremadamente difíciles de predecir. La ciencia puede determinar qué regiones presentan mayor riesgo sísmico y estudiar las fallas activas, pero todavía no puede establecer con precisión cuándo ocurrirá un gran movimiento.
Por eso, frente a zonas de elevada actividad sísmica, la prevención, las construcciones resistentes y los protocolos de emergencia continúan siendo las principales herramientas para reducir las consecuencias de los terremotos.