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Cuando decir que sí significa decirte que no: cómo poner límites
Anabel Alé, terapeuta holística, explicó cómo reconocer la complacencia excesiva y aprender a respetar nuestros propios límites.
Por Brenda Uñate Hace 0 horas
Decir que sí para evitar un conflicto, buscar aprobación o no decepcionar a otra persona puede parecer cariño. Pero cuando esa conducta se vuelve permanente, puede llevarnos a dejar de lado nuestras propias necesidades. En Salud & Bienestar, Anabel Alé, terapeuta holística, explicó cómo reconocer la complacencia excesiva y respetar los propios límites.
“Complacer es un acto de amor”, explicó Alé, aunque aclaró que el problema aparece cuando esa actitud se vuelve exagerada y termina perjudicándonos. Aceptar planes que no queremos, asumir tareas que no corresponden o esforzarnos constantemente para agradar pueden ser señales de que estamos priorizando al otro por encima de nosotros mismos.
La especialista señaló que el cuerpo también puede funcionar como una señal de alerta. Cansancio, ansiedad o falta de ganas pueden indicar que estamos haciendo algo que realmente no queremos. “El cuerpo es sabio”, sostuvo.
Cuando la necesidad de agradar pesa
El miedo al rechazo, al abandono o a no ser vistos puede estar detrás de la necesidad constante de complacer. En esos casos, la persona puede sentir que necesita hacer cada vez más para conservar un vínculo o conseguir reconocimiento.
Alé explicó que esta conducta puede comenzar incluso durante la infancia. Algunos niños pueden aprender a complacer para obtener atención o aprobación. En la adultez, puede trasladarse a la pareja, la familia o el trabajo.
La autoexigencia también puede reforzarla: asumir tareas de más o buscar demostrar capacidad puede convertirse en una forma de obtener aprobación.
Para empezar a modificarlo, la terapeuta propone detenerse y observar los vínculos.
“Hoy me paro, miro qué está pasando con mi pareja, si estoy dando de más, si siempre soy yo la que aporta”, ejemplificó.
El equilibrio también es cuidarse
Aprender a poner límites no significa pasar al extremo contrario ni convertirse en una persona indiferente. El objetivo es encontrar un equilibrio entre brindar a los demás y respetarnos.
Uno de los primeros pasos consiste en registrar qué ocurre en el cuerpo frente a determinadas situaciones. “Si puedo decir que no, probar. Y si no, buscar ayuda”, recomendó Alé.
La especialista también advirtió sobre el papel del entorno. Cuando familiares, parejas o compañeros se acostumbran a que una persona siempre diga que sí, pueden terminar aprovechándose de esa disponibilidad. Cambiar esa dinámica puede generar incomodidad y temor a perder vínculos, pero también permite descubrir que el problema estaba en el miedo a poner un límite.
“¿Cómo pude decir que no y no pasó nada?”, relató Alé al describir lo que ocurre cuando una persona comienza a respetarse. Esa experiencia puede generar alivio.
La propuesta no es dejar de dar ni de acompañar a otros, sino reconocer hasta dónde podemos llegar sin abandonarnos. Escuchar lo que sentimos y animarnos a expresar un “no” cuando lo necesitamos también forma parte del cuidado personal. Porque complacer puede ser una expresión de amor, pero cuidarnos también lo es.
Dato
Salud & Bienestar se transmite por la señal de HUARPE TV en el 19.2 de TDA, Kick y YouTube.