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El hallazgo de una planta jurásica revoluciona la paleobotánica argentina
El fósil conserva células y tejidos en tres dimensiones, una preservación excepcional que permite reconstruir cómo eran los bosques jurásicos de la Patagonia.
POR REDACCIÓN
La Patagonia volvió a ubicarse en el centro de la paleontología mundial con el descubrimiento de una nueva especie de planta fósil de aproximadamente 150 millones de años en el norte de Santa Cruz. El hallazgo sobresale por un motivo excepcional: el ejemplar conserva tejidos, células y estructuras internas en tres dimensiones, un nivel de preservación prácticamente único en el mundo que abre nuevas posibilidades para comprender cómo funcionaban los ecosistemas durante el período Jurásico.
La especie fue bautizada Austrohamia vitrea y pertenecía a la familia Cupressaceae, el mismo grupo botánico al que hoy pertenecen los cipreses y el alerce patagónico o lahuán. El estudio fue liderado por Alejandro Molano, investigador del Museo Paleontológico Egidio Feruglio (MEF), junto a especialistas del Conicet, la Agencia I+D+I, la Universidad Nacional del Comahue, la Universidad Nacional de Mar del Plata y el CRILAR. Los resultados fueron publicados en la prestigiosa revista científica American Journal of Botany.
A diferencia de la mayoría de los fósiles vegetales, que solo permiten observar la forma externa de hojas o ramas, este ejemplar conserva tejidos internos, estomas, canales de resina y hasta células individuales. Esa información posibilita reconstruir cómo la planta transportaba agua y nutrientes, cómo respiraba y cuáles eran sus mecanismos naturales de protección, aportando datos inéditos sobre la evolución de las coníferas.
Un proceso natural de conservación extraordinario
La clave de esta preservación excepcional se encuentra en el sitio donde fue descubierta la especie: el yacimiento La Claudia, ubicado en el Macizo del Deseado, una de las regiones paleontológicas más importantes del planeta para el estudio del Jurásico.
Hace unos 150 millones de años, el paisaje era muy distinto al de la actual estepa santacruceña. En aquella época predominaba una intensa actividad volcánica acompañada por numerosos sistemas de aguas termales cargadas de sílice.
Cuando ramas y hojas caían al suelo, eran rápidamente cubiertas por esas aguas mineralizadas. El sílice reemplazaba célula por célula los tejidos vegetales antes de que se descompusieran, generando una verdadera copia mineral de la planta.
"En los cortes delgados de este tipo de rocas podemos ver células y tejidos con mucha claridad", explicó el paleobotánico Ignacio Escapa, investigador del Conicet y uno de los autores del trabajo.
Por su parte, Alejandro Molano señaló que ese reemplazo ocurrió de manera muy rápida, permitiendo conservar detalles microscópicos imposibles de observar en la mayoría de los registros fósiles conocidos.
Una nueva especie para la ciencia
El análisis anatómico permitió establecer que las hojas pertenecían al género Austrohamia, conocido previamente por hallazgos realizados tanto en Argentina como en China.
Sin embargo, la combinación de características observadas en este ejemplar no coincidía con ninguna especie registrada hasta el momento, motivo por el cual fue descrita como una nueva especie.
El nombre vitrea proviene del latín y significa "de vidrio", una referencia a la apariencia translúcida que adquieren las hojas y ramas al quedar silicificadas dentro de la roca.
Más allá de sumar una nueva especie al registro científico, los investigadores consideran que el valor del descubrimiento radica en la enorme cantidad de información anatómica que permitirá reconstruir la historia evolutiva de las coníferas y comprender cómo lograron adaptarse a los ambientes jurásicos de la Patagonia.
Una ventana privilegiada al pasado
El hallazgo forma parte de más de dos décadas de investigaciones desarrolladas en la Formación La Matilde, dentro del Macizo del Deseado, cuyos depósitos son considerados entre los registros paleobotánicos más importantes del mundo.
Según los científicos, estos fósiles permiten reconstruir no solamente una planta aislada, sino ecosistemas completos donde convivían bosques de coníferas, helechos, hongos, bacterias, microorganismos y grandes dinosaurios que habitaban la Patagonia durante el Mesozoico.
"Estos depósitos funcionan como una verdadera ventana al pasado. No solo vemos a la planta, sino parte de un ecosistema jurásico completo preservado", destacó Ignacio Escapa.
Las campañas de exploración continúan realizándose cada uno o dos años y siguen revelando nuevos hallazgos. "Cada vez que vamos encontramos cosas nuevas", resumió Giovanni Nunes, integrante del equipo científico.
El descubrimiento de Austrohamia vitrea vuelve a demostrar el enorme potencial científico del patrimonio paleontológico de Santa Cruz y consolida a la Patagonia argentina como uno de los principales escenarios del mundo para reconstruir la historia de la vida hace 150 millones de años.