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El método de Sarmiento que cambió la forma de enseñar a leer
El sanjuanino presentó en 1845 un sistema basado en sonidos, sílabas y dificultad progresiva que terminó influyendo en la educación de Argentina y Chile.
POR REDACCIÓN
Mucho antes de convertirse en presidente y en una de las figuras centrales de la educación argentina, Domingo Faustino Sarmiento diseñó un sistema para enseñar a leer que buscaba dejar atrás la memorización mecánica. Su Método de Lectura Gradual, presentado en Chile en 1845, terminó marcando a generaciones de estudiantes y se convirtió en uno de sus principales aportes pedagógicos.
La propuesta surgió durante el exilio del sanjuanino en Chile, donde dirigió la Escuela Normal de Preceptores de Santiago. Allí cuestionó el método de deletreo que predominaba en las escuelas, basado en aprender primero el nombre de cada letra y luego unirlas para formar palabras.
Sarmiento consideraba que ese sistema volvía el aprendizaje lento y excesivamente dependiente de la memoria. Frente a eso, propuso enseñar las consonantes directamente a partir de su sonido. Así, en lugar de aprender primero “eme” para después combinarla con una vocal, el alumno reconocía el sonido de la “m” y avanzaba directamente hacia sílabas como “ma”, “me” o “mi”.
Cómo funcionaba el método
El Método de Lectura Gradual estaba organizado en cuatro niveles de dificultad creciente.
En una primera instancia, los chicos incorporaban las letras y los sonidos más sencillos, además de las sílabas directas. Luego avanzaban hacia combinaciones de consonantes, sílabas más complejas, diptongos y otras estructuras.
En el último tramo se incorporaban aspectos como los signos de puntuación, abreviaturas y palabras con letras de origen extranjero. El libro también incluía pequeñas frases y textos para que los alumnos comenzaran a practicar una lectura más fluida una vez aprendida la mecánica.
El rol de los maestros era fundamental. Sarmiento incluso publicó en 1846 un material complementario con instrucciones específicas para los docentes, donde explicaba cómo conducir los ejercicios, corregir la pronunciación y combinar la lectura con la escritura.
Un método que llegó a las escuelas
La propuesta fue presentada ante la Universidad de Chile el 5 de enero de 1845 y posteriormente adoptada por las autoridades educativas de ese país. Con el paso de los años, se convirtió en uno de los textos más utilizados para enseñar a leer en las escuelas públicas chilenas.
Su influencia también llegó a la Argentina. Cuando Sarmiento regresó al país, impulsó la expansión de la educación primaria y promovió métodos modernos de alfabetización. Durante su presidencia, entre 1868 y 1874, fortaleció esa política mediante la creación de escuelas y la formación de docentes.
Con el avance del siglo XX, el sistema comenzó a perder protagonismo frente a nuevas corrientes pedagógicas que buscaban trabajar no solamente la decodificación de palabras, sino también la comprensión de los textos desde las primeras etapas del aprendizaje.
Sin embargo, parte de aquella idea de enseñar de manera progresiva y relacionar letras con sonidos continuó presente en distintos métodos posteriores.
A más de 180 años de su creación, el método vuelve a cobrar relevancia en medio de las discusiones sobre alfabetización y comprensión lectora. El debate reapareció además después de conocerse los resultados de las pruebas PISA 2025, en las que Argentina registró su desempeño más bajo desde que participa de la evaluación: alrededor de seis de cada diez estudiantes no alcanzaron el nivel básico en lectura.
En vísperas del Día del Maestro, que se celebra cada 11 de septiembre en homenaje a Sarmiento, su propuesta vuelve a poner sobre la mesa una discusión que atraviesa a la educación desde hace décadas: cómo lograr que los chicos no solamente aprendan a leer, sino también a comprender lo que leen.