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Estuvimos de fiesta

La Iglesia sanjuanina reza por este nuevo acontecimiento. 

Mons. Jorge Lozano

POR Mons. Jorge Lozano
05 de septiembre de 2021

05 de septiembre de 2021

Y vos dirás, ¿quién cumplió años? No se trata de una fiesta de ese estilo. Si no de la beatificación de un gran argentino, catamarqueño, que amó mucho a Dios y mucho a su Patria argentina: fray Mamerto de la Ascensión Esquiú. Seguramente el sábado 4 pudiste participar de la ceremonia por las redes sociales y los medios de comunicación. Pero, ¿sabés quién fue este fraile franciscano?

Mamerto nació un 11 de mayo de 1826 en el seno de una familia humilde: papá labrador y mamá tejedora. De chiquito se enfermó gravemente, su mamá hizo una promesa: si su hijo se curaba lo iba a vestir siempre en el poco tiempo que le quedara de vida con el hábito marrón que usan los franciscanos. Y así sucedió… nada más que Mamerto vivió hasta el 10 de enero de 1883.

Ingresó al convento de San Francisco en el año 1836 y se ordenó sacerdote en 1848. Fue muy reconocido por su sermón del 9 de julio de 1853 con motivo de la promulgación de la Constitución Argentina. En ese discurso enalteció el valor de la ley y los valores republicanos de la patria argentina que estaba buscando pacificación después de tantos años de guerras internas. Como subraya sobre dicho sermón el diario El Esquiú: “Es todo un trabajo de sociología cristiana y hasta de historia política”.

Fue consagrado obispo de Córdoba en diciembre de 1880, pero, ¿sabías que en 1867 le propusieron ser obispo de San Juan y en 1872 le ofrecieron ser obispo de Buenos Aires y las dos veces rechazó por no sentirse digno para el cargo?

Mamerto también está unido a San Juan por la paternal y providencial presencia en su vida de fray Wenceslao Achával y Medina, Provincial de los Franciscanos y futuro obispo de San Juan de Cuyo. Fue fray Achával quien pidió ayuda a algunos amigos para que intercedieran ante Mons. José Manuel Eufrasio de Quiroga Sarmiento y lograran que Mamerto se ordenara sacerdote aunque no tuviera la edad estipulada, lo que sucedió en 1848.

Fue un buen y santo obispo en Córdoba, recorrió toda la diócesis a lomo de mula y a caballo, brillaba por su gran inteligencia y su humildad sin límites. Relata Francisco Castellanos en su libro “Fray Mamerto Esquiú. Bosquejo biográfico” una anécdota acontecida mientras Mamerto esperaba la mensajería en la estación San Pedro, Córdoba: “El nuevo obispo está vestido solamente con su hábito franciscano, se acerca un cura, un sacerdote de la campaña, de la parroquia de Chitón, llamado Juan Correa, y le pide que le cuide la mula alazana con abultadas alforjas hasta que él realice una diligencia en las oficinas de la estación. Mamerto acepta y pasó largo rato cuidando al animal; en eso alguien le dice al sacerdote que el ‘cura’ que estaba con la mula era el obispo Esquiú. Con gran vergüenza el sorprendido sacerdote se acerca, le pide disculpas y le da las gracias, a lo que Fray Mamerto responde: ‘No hay perdón alguno donde no hay ofensa y soy yo el que debe agradecerle por permitirme ser útil a los demás’ ”.

Te comparto una oración para unirnos espiritualmente:

“Padre bueno, de cuyo amor procede toda gracia, que diste a nuestro hermano franciscano Mamerto Esquiú, tantos dones especiales y lo hiciste pastor de tu pueblo; por su vida de entrega en la predicación, doctrina, ejemplo y servicio a los más necesitados, te suplicamos que completes su obra, glorificándolo con la corona de los santos.

Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.”

Esta semana estaremos de Retiro Espiritual con los sacerdotes de la Arquidiócesis de San Juan. Acompañanos con tu oración.

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