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Faltan recursos, sobran ideas: la historia que representa a cientos de docentes rurales
DIARIO HUARPE reconoce hoy a quienes sostienen la educación rural en Argentina. Y en Jáchal, San Juan, hay una de esas lindas historias para compartir.
Hay escuelas donde enseñar empieza mucho antes de entrar al aula. Hay que recorrer caminos de tierra, adaptarse a la falta de recursos, buscar nuevas formas de despertar el interés de los alumnos y, muchas veces, atender necesidades que exceden lo educativo. En las escuelas rurales de San Juan y del país, esa realidad forma parte de la tarea cotidiana de miles de docentes, y por ello, en este Día del Maestro DIARIO HUARPE elige contar una de esas historias. Es la de la escuela Juan María Gutiérrez, de Huerta de Huachi, Jáchal, donde la docente de Agropecuaria Verónica Pozo, la directora Jaquelina Villalba y el equipo de la institución encontraron en un fruto propio del lugar una manera de enseñar, producir, alimentar y contener.
El membrillo que crece en los terrenos de la escuela dejó de ser solamente materia prima para el tradicional dulce. Con los alumnos de primaria comenzaron a elaborar bombones con chocolate y nuez, barritas de cereales con higo, gomitas naturales y un yogur casero saborizado con membrillo.
La experiencia recibió una mención especial en el Concurso del Membrillo Rubio de San Juan y permitió que los chicos mostraran fuera de la escuela lo que aprenden dentro de ella. Pero detrás de ese reconocimiento hay una institución con 104 años de historia, que funciona a 25 kilómetros de la ciudad de Jáchal, donde el mapa se desdibuja entre cerros, en un paraje atravesado por la despoblación y las limitaciones de recursos.
Por eso, la historia de Huerta de Huachi permite mirar también una realidad más amplia: la de los docentes rurales que, además de enseñar, sostienen proyectos, acompañan a sus alumnos y encuentran soluciones donde muchas veces faltan herramientas.
Del dulce tradicional a una nueva forma de aprender
La idea comenzó con una situación cotidiana. Los alumnos participaban de la producción y elaboración del tradicional dulce de membrillo, pero la actividad había comenzado a perder atractivo para ellos.
Pozo, docente de la institución desde hace nueve años, decidió entonces buscar nuevas alternativas. Con el acompañamiento de Villalba y del resto del equipo docente, comenzó a experimentar con distintas preparaciones para presentar el fruto de una manera más atractiva para los chicos.
Así nacieron los bombones de membrillo con chocolate y nuez, las barritas de cereales con higo y las gomitas naturales. También incorporaron un yogur casero saborizado con membrillo.
“Estas preparaciones enriquecen todos los días el comedor de lunes a viernes, brindando una colación saludable con un alimento que ellos mismos producen”, contó Pozo a DIARIO HUARPE.
El proyecto permite que los alumnos participen de diferentes etapas del proceso, desde la producción y el procesamiento de la fruta hasta la elaboración de los alimentos. De esa manera, la actividad agropecuaria se transforma en una experiencia de aprendizaje concreto.
El reconocimiento que salió de Huachi
El trabajo de los alumnos y docentes trascendió los límites de la escuela. El 5 de junio, durante el Concurso del Membrillo Rubio en San Juan, la institución recibió una mención especial. Fue la única escuela primaria distinguida en una competencia en la que también participaron centros de adultos.
El reconocimiento tiene un valor especial porque las elaboraciones se realizan de manera artesanal y con equipamiento limitado. Los alumnos muelen el membrillo con una pequeña máquina manual y realizan la tarea bajo estricta supervisión docente.
La experiencia tuvo otra instancia el 6 de agosto, durante la exposición por el Día de la Agropecuaria. Allí presentaron el yogur saborizado con membrillo, una nueva elaboración que permitió mostrar el trabajo realizado durante el año. El nuevo producto recibió felicitaciones desde distintos puntos de la provincia y el particular reconocimiento de la ministra de Educación.
Cuando la escuela también es comedor y refugio
El proyecto productivo convive con una realidad social compleja. Huerta de Huachi sufrió un fuerte proceso de despoblación y actualmente solo dos familias viven en el paraje. Para sostener la matrícula, un colectivo escolar traslada a estudiantes desde Villa Mercedes, Tambarías y Jáchal centro.
Muchos de esos chicos provienen de hogares vulnerables. Esa realidad se expresa incluso en necesidades tan básicas como la alimentación y la vestimenta.
“Los chicos son muy pobres. A veces vienen sin cenar porque sus familias no tienen qué comer y eso es muy duro”, relató Pozo.
En ese contexto, la escuela garantiza desayuno, almuerzo y merienda durante la jornada y se convierte también en un espacio de acompañamiento. La tarea de los docentes excede así los contenidos curriculares y alcanza situaciones que forman parte de la vida cotidiana de los alumnos.
“Somos madres, padres, hermanas, seños”, resume Pozo al describir el vínculo que construyen con los chicos.
Es una frase que permite dimensionar una realidad que se repite en muchas escuelas rurales: allí donde las distancias y las condiciones sociales pueden profundizar las desigualdades, la escuela se convierte también en un lugar de encuentro, cuidado y pertenencia.
Enseñar con lo que hay
La falta de recursos aparece también dentro de la cocina. Para elaborar salsas y dulces, la directora y la docente utilizan sus propias procesadoras domésticas y una máquina para tapar frascos. La institución tampoco cuenta con un freezer adecuado para conservar la pulpa de membrillo y debe utilizar una heladera convencional que también se emplea para almacenar otros alimentos del comedor.
Las limitaciones impiden, además, responder a todos los pedidos que reciben. El interés por los productos elaborados en la escuela llegó desde otras instituciones y particulares, incluso desde Mendoza, pero aumentar la producción requiere herramientas que hoy no tienen.
La lista de necesidades incluye procesadoras para moler y rallar, una tapadora de frascos, una balanza electrónica, utensilios de cocina y otros elementos que permitirían mejorar las condiciones de trabajo.
Un camino que también forma parte de la historia
Llegar a la escuela es otro de los desafíos. Huerta de Huachi está ubicada a unos 25 kilómetros de la ciudad de Jáchal y el acceso se realiza por caminos de tierra y piedra. Pozo vive en Villa Mercedes y debe trasladarse en moto para llegar a la institución, ya que si lo hace en su auto, en el camino de seguro se rompe.
Para facilitar la asistencia de los alumnos, el Ministerio de Educación colabora con el traslado mediante el colectivo escolar.
La distancia, el estado de los caminos, la despoblación y la falta de equipamiento son parte del escenario en el que los docentes rurales desarrollan su tarea. Sin embargo, en medio de esas dificultades también surgen experiencias que muestran la capacidad de las escuelas para transformar los recursos disponibles en oportunidades.
Un reconocimiento que busca ir más allá de Huachi
La historia de la Juan María Gutiérrez es particular, pero no excepcional. En distintos puntos de San Juan y del país existen docentes que recorren largas distancias para llegar a sus escuelas, que trabajan con grupos pequeños, que adaptan sus clases a las condiciones del territorio y que muchas veces cumplen funciones que van mucho más allá de enseñar contenidos.
Por eso, en este 11 de septiembre, DIARIO HUARPE pone el foco en Verónica Pozo, Jaquelina Villalba y todo el equipo de la escuela de Huerta de Huachi como una manera de reconocer también a quienes sostienen la educación rural en lugares donde enseñar supone un esfuerzo adicional.
Su proyecto con el membrillo es, en definitiva, una muestra de esa capacidad para convertir una dificultad en una oportunidad: aprovechar lo que ofrece el territorio, involucrar a los alumnos y transformar una fruta de la zona en una experiencia que combina aprendizaje, producción y alimentación.
Ahora necesitan ayuda para seguir creciendo. La escuela no cuenta con una cuenta institucional para recibir colaboraciones. Quienes quieran aportar al proyecto pueden hacerlo a través del Mercado Pago personal de Verónica Pozo: 264-456-9195.
En Huerta de Huachi, un membrillo puede terminar convertido en un bombón, una barrita o un yogur. Pero también puede convertirse en una clase, un proyecto, un reconocimiento y una razón para que una comunidad educativa siga apostando por su escuela. Y ese es, quizás, uno de los mejores modos de celebrar el Día del Maestro: contar las historias de quienes todos los días hacen que la educación llegue también hasta los lugares más alejados.