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Cultura > A 30 años

Gilda, la maestra que desafió a la cumbia al mito de la santa pagana

De las aulas de Villa Devoto a la devoción popular, el legado musical de una mujer que logró transformar la cumbia.

POR REDACCIÓN

Hace 0 horas
El lugar del siniestro convertido en altar para miles de devotos.

Un choque trágico en el kilómetro 129 de la Ruta Nacional 12, en Entre Ríos, terminó con la vida de Miriam Alejandra Bianchi a los 34 años. Era el atardecer y una lluvia copiosa caía sobre el micro que llevaba a la banda hacia Chajarí cuando un camión intentó una maniobra imposible en una curva. El impacto inevitable cobró siete víctimas mortales y dejó el vehículo destruido. Cagnin, quien tenía 8 años cuando ocurrió el accidente, sobrevivió al hecho en el que recién comenzaba a gestarse la figura artística de su madre.

Antes del reconocimiento masivo y la devoción, la rutina transcurría en Villa Devoto. Trabajaba como maestra jardinera, atravesaba un matrimonio en crisis y sentía la urgencia de cumplir un anhelo postergado en medio de un contexto económico complejo. La decisión de responder a un aviso clasificado del diario Clarín que buscaba voz femenina para una agrupación fue el punto de partida. En ese proceso conoció al músico Toti Giménez, socio y aliado estratégico para afrontar el pago de derecho de piso, la firma de contratos abusivos y la negativa inicial de la industria.

La llegada a la cumbia a comienzos de los años noventa implicó desembarcar en un ambiente predominantemente masculino y habituado a la cosificación femenina. La propuesta apostó por un estilo melodioso y letras dirigidas de igual a igual a las mujeres de barrio. “La vida no siempre regala. Los demás tenemos que luchar con uñas y dientes y demostrar la fuerza interior que tenemos en cada acto... Moraleja: nunca bajar los brazos”, dejó asentado en su diario íntimo en 1994 sobre las dificultades de criar a sus hijos y realizar giras constantes.

Aquella cantante que consultaba a su entorno cuándo alcanzaría la masividad recibió como respuesta que lo lograría cuando el público cantara sus temas en las canchas. El paso del tiempo convirtió creaciones como No me arrepiento de este amor, Fuiste, Se me ha perdido un corazón y Corazón Valiente en canciones adoptadas por las hinchadas de todo el país. Natalia Oreiro expresó tiempo después: “Hoy tengo 39 años y aún no sé exactamente quién soy; lo que sí sé es lo que no quiero y voy en búsqueda de lo que me hace feliz”, en relación a la vigencia y el impacto de la artista que inspiró películas y publicaciones.

El escenario del accidente se transformó con los años en un punto de peregrinación cubierto de flores, muletas, cartas y oraciones. El fenómeno trascendió las épocas mediante discos póstumos y cientos de millones de reproducciones en plataformas digitales, consolidando el recuerdo de una mujer valiente en la memoria colectiva nacional.

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