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La crisis con Brasil genera dudas sobre la privatización de AySA
Dos de las empresas interesadas en quedarse con la concesión son brasileñas. La escalada diplomática abre interrogantes sobre el futuro del proceso impulsado por el Gobierno nacional.
POR REDACCIÓN
El conflicto diplomático entre Argentina y Brasil comenzó a impactar en uno de los procesos de privatización más importantes que impulsa el Gobierno de Javier Milei: la concesión de AySA. La tensión bilateral genera incertidumbre porque dos de las compañías que analizan competir por el control de la empresa de agua y saneamiento son de origen brasileño.
Se trata de Sabesp, la mayor empresa de agua y saneamiento de Brasil y una de las más importantes de América Latina, y Águas do Rio, otro de los principales operadores del vecino país. Ambas evalúan presentarse asociadas con firmas argentinas para cumplir con las condiciones establecidas en el pliego de licitación.
La participación de estos grupos cobra especial relevancia porque el proceso exige que el operador técnico tenga experiencia comprobable en la gestión de servicios públicos de agua potable y cloacas. Ese requisito reduce considerablemente el universo de posibles oferentes y convierte a las empresas brasileñas en actores con posibilidades concretas de competir por la concesión.
El Gobierno nacional lanzó la licitación para vender el 90% de las acciones estatales de AySA y otorgar una concesión por 30 años. El objetivo oficial es incorporar capital privado para modernizar el servicio, ampliar las inversiones y reducir la necesidad de aportes del Estado.
Además de las firmas brasileñas, entre los potenciales interesados figura la multinacional francesa Veolia, especializada en la gestión de agua, residuos y energía, que también cuenta con experiencia internacional en este tipo de servicios.
Por el momento, el proceso licitatorio continúa sin modificaciones. Sin embargo, la tensión política entre ambos países introduce un factor de incertidumbre que podría influir en las decisiones de los inversores y en el desarrollo de una privatización considerada estratégica por el Ejecutivo. La expectativa ahora está puesta en conocer cuántas empresas presentarán finalmente ofertas y si el conflicto diplomático tendrá un impacto concreto en la competencia por quedarse con AySA.