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Límites en la infancia: cómo recuperar la autoridad sin recurrir al miedo
La psicóloga infantil Mariela Serra explicó que la ausencia de límites claros genera inseguridad en los niños. Cómo ejercer una autoridad basada en el cuidado y el respeto.
Por Brenda Uñate Hace 14 horas
Cuando un niño deja de reconocer al adulto como una figura de autoridad y cuidado, las consecuencias van mucho más allá de una simple desobediencia. Detrás de las conductas desafiantes, la impulsividad o la falta de respeto por las normas suele haber una necesidad de contención que no está siendo satisfecha. Sobre este tema reflexionó la licenciada Mariela Serra, psicóloga infantil, durante su participación en Salud & Bienestar, el programa que se emite por HUARPE TV, señal 19.2 de TDA, Kick y YouTube.
La especialista sostuvo que la autoridad no debe confundirse con autoritarismo y que ejercer un rol de guía es una de las responsabilidades más importantes de los adultos.
"Cuando no tenemos un adulto como figura de autoridad y cuidado, vemos un niño que en cierta manera está desprotegido", explicó.
Serra remarcó que los niños todavía no cuentan con la madurez biológica, emocional, cognitiva ni social necesaria para tomar todas las decisiones por sí solos. Por eso necesitan adultos presentes que les marquen el camino, establezcan límites claros y les brinden seguridad.
Las señales de una autoridad debilitada
Entre los principales indicadores de que el vínculo está desdibujado aparecen los niños que desafían constantemente las normas, responden con agresividad, ignoran las indicaciones o confrontan de manera permanente con los adultos.
Sin embargo, la psicóloga fue clara al señalar que el problema no nace en el niño.
"Este es un problema de los adultos, somos nosotros los que tenemos que enseñarles a los chicos", afirmó.
Para explicar esta dinámica, utilizó la imagen de un organigrama familiar donde los adultos ocupan naturalmente el lugar de conducción y los niños el espacio de quienes reciben orientación. Cuando esa estructura se invierte, aparecen situaciones como el denominado "síndrome del hijo emperador", en el que el niño termina ocupando un lugar que no le corresponde.
La profesional también advirtió que muchos padres, con la intención de evitar frustraciones o conflictos, terminan confundiendo cercanía con ausencia de límites. En otros casos ocurre lo contrario: se ejerce una autoridad basada únicamente en el control y el miedo, generando distancia afectiva.
Autoridad, respeto y acompañamiento
Según Serra, el desafío consiste en construir una autoridad sensible, donde el niño pueda sentirse escuchado, respetado y contenido, sin perder de vista que es el adulto quien debe conducir.
"Si yo quiero que este niño me respete, soy el primero que lo tengo que respetar yo a él", expresó durante la entrevista.
También recordó que los límites no deben entenderse como castigos, sino como una guía que orienta el desarrollo infantil.
"El límite es ese GPS que los orienta y que les marca el caminito", describió.
Cuando esa referencia falta, el niño suele vivir con mayor inseguridad, desorganización emocional y baja autoestima. Además, las dificultades se trasladan a otros ámbitos, como la escuela, las actividades deportivas o la convivencia con otros adultos.
La especialista recomendó que, cuando las dificultades ya están instaladas, las familias busquen acompañamiento profesional. Ese proceso no apunta a señalar culpables, sino a revisar los modelos de crianza, comprender las propias historias familiares y fortalecer herramientas para ejercer una autoridad saludable.
Antes de despedirse dejó un mensaje para madres, padres y cuidadores:
"La crianza consciente es registrar todo esto que hoy por hoy estoy viviendo"
Invitando a revisar las propias prácticas sin culpa y recordando que pedir ayuda también forma parte de cuidar a los hijos.