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Más de 3,5 millones de personas llevan un año sin pagar sus deudas
La morosidad se profundizó en el sistema financiero argentino y alcanzó niveles récord.
POR REDACCIÓN
La morosidad se agravó en la Argentina y más de 3,5 millones de personas ya llevan más de un año de atraso en el pago de sus deudas. Se trata de quienes están clasificados en la situación 5 del sistema financiero, considerada de mayor riesgo o “irrecuperable”. En los últimos 12 meses, este grupo creció 63,5%.
Los datos surgen de un análisis de la Gerencia de Estudios Económicos del Banco Provincia sobre la Central de Deudores del Sistema Financiero del Banco Central. En junio, 20,6 millones de personas tenían algún tipo de deuda y 5,6 millones se encontraban en situación irregular, es decir, con atrasos superiores a 90 días.
El dato más preocupante aparece entre quienes acumulan más de un año sin pagar. Hace un año eran 2,1 millones de personas y en junio de este año superaron los 3,5 millones. Así, los deudores considerados irrecuperables pasaron de representar el 11% al 17% del total de personas con alguna deuda.
En la consultora Analytica, en tanto, estimaron que las personas en situación irrecuperable pasaron de casi 2 millones a 3,8 millones en un año. Su director, Claudio Caprarulo, vinculó la evolución principalmente con la pérdida de poder adquisitivo de las familias, en un contexto donde las deudas tienen un promedio cercano a los $400.000.
La clasificación del Banco Central establece distintos niveles según el tiempo de atraso. La situación 1 corresponde a quienes cumplen normalmente, con atrasos de hasta 31 días; la 2 contempla hasta 90 días; la 3, entre 90 y 180 días; la 4, más de 180 días; y la 5, incumplimientos superiores a un año.
Estar dentro de la categoría de mayor riesgo dificulta el acceso a nuevos créditos, tarjetas y garantías de alquiler, ya que las entidades financieras consideran el historial de pago al evaluar a los clientes.
Los especialistas también señalaron otros factores detrás del aumento de la mora, como el endurecimiento de los encajes bancarios, que redujo el crédito en pesos, y la falta de una recuperación sostenida de los ingresos. A esto se suma que muchas familias comenzaron a utilizar tarjetas de crédito para financiar alimentos, productos de limpieza y otros consumos básicos.