Política > Guerra de tribunas
Orrego le copó la parada al PJ y blindó el financiamiento para obra pública
En una sesión al límite en Diputados, los intendentes peronistas coparon las bandejas para presionar a su bloque, pero el gobernador apareció de sorpresa y les desactivó la jugada en su propia cara.
Por Mauricio Laciar
La Cámara de Diputados de San Juan fue el escenario de una verdadera batalla táctica que rozó el thriller político. La aprobación del histórico financiamiento para obra pública por hasta 600 millones de dólares no solo dejó asegurados los fondos para el cemento provincial; dejó, sobre todo, una radiografía brutal de cómo se disputa el poder real en San Juan cuando las papas queman.
La oposición peronista intentó una jugada de manual para abroquelar sus filas. Tras haber firmado un duro comunicado denunciando un "tratamiento exprés", los intendentes del PJ (Pocito, Chimbas, Angaco, 9 de Julio, Ullum, San Martín, Calingasta y 25 de Mayo) desembarcaron en masa en las bandejas del recinto. El mensaje implícito no era para el oficialismo, sino para sus propios diputados: una marca personal para evitar filtraciones y garantizar un rechazo en bloque. Una demostración de fuerza territorial en toda regla.
Sin embargo, el peronismo pecó de previsible y subestimó los reflejos del Ejecutivo. Fueron por lana y terminaron esquilados.
En un movimiento audaz e inusual para las formas institucionales, el gobernador Marcelo Orrego decidió que no iba a mirar la batalla por televisión. Fue hasta la Legislatura y se plantó en la misma bandeja, rompiendo la tónica de la jornada. Para equilibrar la balanza y mostrar músculo propio, se rodeó de los intendentes del eje libertador con Capital, Santa Lucía y Rivadavia, además de los ministros de su gabinete.
En la jerga de la rosca política, Orrego les terminó escupiendo el asado.
Ver a los jefes comunales de la oposición y al propio mandatario provincial con su equipo compartiendo el espacio de las gradas, midiéndose con la mirada, transformó el recinto en una arena de pura presión psicológica. Orrego no recurrió al discurso edulcorado; bajó al barro de la Legislatura, les marcó la cancha en su cara y dejó en claro un mensaje pragmático: hoy la centralidad y la lapicera del poder en San Juan pasan por sus manos.
El desenlace en las bancas desnudó la efectividad de la contraofensiva oficialista. El pretendido bloque monolítico del PJ se terminó fisurando, la presión de sus intendentes se diluyó ante el peso de las negociaciones de pasillo y el oficialismo terminó cosechando los votos afirmativos de manera holgada.
Al final del día, el oficialismo se llevó una herramienta financiera clave para la provincia y una victoria política innegable en términos de conducción. El PJ, por su parte, pagó caro el costo de una estrategia que se quedó a mitad de camino: quisieron copar la parada y terminaron asistiendo al living de la Legislatura para ver cómo el Gobernador les daba vuelta el partido en su propio terreno.