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Qué flores evitar plantar en el jardín por invasoras o tóxicas
Especialistas advierten sobre especies que pueden volverse invasoras o representar riesgos para la salud. Algunas afectan otras plantas, dañan estructuras o resultan tóxicas para personas y mascotas.
POR REDACCIÓN
El cuidado del jardín no solo depende del riego y la poda, sino también de una correcta elección de las especies. Expertos en jardinería advierten que hay al menos siete flores que conviene evitar, ya sea por su carácter invasor o por los riesgos que pueden representar para la salud y el entorno.
Entre las más problemáticas aparecen aquellas que crecen sin control y pueden afectar tanto a otras plantas como a estructuras del hogar. Un caso emblemático es la madreselva japonesa, una enredadera de gran atractivo visual que puede expandirse rápidamente, trepar sobre árboles y terminar dañándolos o incluso matándolos.
Otra especie señalada es la loosestrife de cuello de ganso, reconocible por sus flores blancas, cuya belleza contrasta con su capacidad de invadir espacios y alterar el equilibrio del jardín. En la misma línea se encuentra la celandina menor, que se propaga bajo tierra mediante pequeños tubérculos, dificultando su control y afectando otros cultivos cercanos.
La glicinia, muy valorada por sus flores lilas, también integra la lista. Aunque puede resultar decorativa, su crecimiento desmedido puede volverla perjudicial cuando entra en contacto con otras especies o estructuras.
Además del problema de la invasión, existen flores que implican un riesgo directo para la salud. Entre ellas se destaca la belladona, una planta altamente tóxica cuyo contacto o ingesta puede resultar peligroso para personas y animales.
La hiedra inglesa, por su parte, combina ambos problemas: es invasora y sus hojas son tóxicas. También puede transmitir enfermedades a otras plantas, lo que la convierte en una opción poco recomendable para jardines domésticos.
Finalmente, la dedalera y el acónito monástico son especies de gran atractivo visual, pero potencialmente peligrosas. En el caso de la dedalera, el contacto puede provocar irritaciones en la piel y su ingesta genera complicaciones graves. El acónito, en tanto, es considerado extremadamente tóxico.
Los especialistas recomiendan optar por alternativas más seguras, como las bocas de dragón, que ofrecen una estética similar sin los riesgos asociados. La clave, sostienen, es informarse antes de incorporar nuevas especies para evitar daños en el jardín y proteger la salud de quienes lo habitan.