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Quién hereda la 10 y el liderazgo en la primera Argentina sin Messi

POR REDACCIÓN

20 de octubre de 2026

Durante casi dos décadas, cada formación de la selección argentina empezó por el mismo nombre. Con Lionel Messi fuera de la convocatoria, el entrenador enfrenta algo que ningún cuerpo técnico albiceleste conoció desde 2005, que es armar un equipo sin su referencia de siempre, y hacerlo con la mirada de todo un país encima.

La pregunta ya no vive solo en los programas deportivos de San Juan o Buenos Aires. Los hinchas comparan rendimientos, discuten alineaciones en grupos de mensajería y, como en cualquier gran ciclo, siguen la actualidad del equipo también en plataformas como 1 Win, donde se consultan estadísticas y calendarios de la Selección junto a otras competiciones. Lo que se debate es una camiseta, pero sobre todo una forma de jugar.

Qué significa heredar la 10 en Argentina

La 10 albiceleste pesa más que un número. Pasó por Maradona y por Messi, y eso la convirtió en una especie de cargo simbólico que exige tres cosas a la vez.

Un candidato serio tiene que cumplir con un perfil bastante exigente, y los técnicos suelen evaluarlo con este criterio:

●    Capacidad para recibir de espaldas y girar bajo presión rival.

●    Pase vertical que rompa líneas, no solo circulación segura.

●    Voz propia en el vestuario, incluso con compañeros mayores.

●    Nivel sostenido cada semana en Madrid, Londres o Milán.

La mezcla de perfiles alimenta el debate en cada conferencia, mientras el cuerpo técnico ensaya combinaciones distintas y deja la jerarquía final para más adelante, sin apuro por ahora. Entre los candidatos actuales, nadie suma esas cuatro virtudes en la dosis que daba Messi. Varios periodistas apuestan a un reparto del legado entre dos o tres futbolistas, cada uno con una tarea propia bien definida dentro del equipo.

Los candidatos sobre la mesa

El vestuario actual tiene talento de sobra, pero repartido en perfiles muy diferentes. La tabla resume a los cinco nombres que más se repiten en las conversaciones, con cifras aproximadas de partidos con la Selección.

Los números cuentan una parte, porque Argentina viene de una generación que ganó trofeos con un núcleo estable y ahora debe sumar caras nuevas sin romper esa base. Quien lleva la 10 no siempre es quien más partidos acumula, sino quien se anima a pedir la pelota cuando el encuentro se complica.

El liderazgo no es lo mismo que el número

Una cosa es la camiseta y otra la jerarquía dentro del campo. Argentina ya mostró en los últimos años que podía repartir ambas.

La figura creativa

Si se busca a alguien que piense el juego, Mac Allister y Enzo Fernández aparecen primero. Ambos juegan de cara al arco rival, saben cuándo acelerar y cuándo frenar, y no necesitan el balón pegado al pie para influir. Un detalle que los entrenadores valoran es su movilidad. Ninguno espera quieto la entrega, se ofrecen en los espacios y obligan a la defensa contraria a decidir. Eso reduce la dependencia de un único conductor, que fue la gran virtud táctica del ciclo anterior.

Imaginemos un partido cerrado contra un rival que defiende con cinco hombres atrás. Con Messi, la jugada se encendía cuando él recibía entre líneas y media docena de rivales se desordenaban. Sin él, la tarea se divide en pequeñas conducciones de veinte metros, un pase al hueco de Mac Allister y una pared de Enzo que lleve el balón hasta el borde del área. Es menos vistoso, pero bastante más repartido entre todos ellos.

La figura que ordena

Del otro lado está el liderazgo de vestuario, y ahí De Paul y Lautaro Martínez llevan ventaja. Hablan con los árbitros, corrigen posiciones y sostienen al grupo cuando el marcador no ayuda.

El liderazgo real se descubre en detalles mínimos, como estos tres que se repiten en casi cada encuentro y que un ojo atento nota enseguida desde la tribuna.

●    Reclaman la pelota en los minutos finales con el resultado ajustado.

●    Se acercan a los más jóvenes después de un error.

●    Asumen el primer remate de una pelota parada importante.

Qué espera el hincha de esta etapa

El público argentino sabe que nadie reemplaza a Messi uno a uno. Lo que pide es identidad, intensidad y un grupo que compita como lo hizo en las últimas copas. Si la nueva Selección logra eso, el debate por la 10 pasará a un segundo plano, y quizá la camiseta termine llevándola quien menos la reclamó.

 

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