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Renunciaron 180 técnicos en ARSAT por el ajuste estatal y se profundiza su vaciamiento
Trabajadores de ARSAT denuncian desfinanciamiento, una pérdida del 61% salarial y deudas del Estado por 80 millones de dólares.
POR REDACCIÓN
Los trabajadores de la empresa nacional de telecomunicaciones ARSAT denunciaron un profundo desfinanciamiento y estado de "abandono" en la infraestructura clave del país, situación que provocó la renuncia de alrededor de 180 técnicos y especialistas (aproximadamente el 25% del personal).
Según explicó el delegado de los trabajadores, Ezequiel McGovern, las deserciones se deben a la constante pérdida del poder adquisitivo salarial, la cual alcanzó un 61% desde diciembre de 2023. Esta fuga de talento afecta la operatividad del Centro Nacional de Datos, la Televisión Digital Abierta (TDA) y los servicios de conectividad satelital y terrestre.
También subrayan que el Estado utiliza los servicios de ARSAT sin abonar las tarifas correspondientes mientras desembolsa casi 12 millones de dólares para poner en marcha un proyecto con Starlink con el objetivo de llevar internet satelital a 6.000 escuelas rurales. Especialistas critican el sobreprecio de este acuerdo que tendrán que enfrentar las provincias y municipios.
La empresa nacional estratégica "abandonada"
ARSAT es la empresa nacional de telecomunicaciones del Estado argentino. Su misión es “generar condiciones de igualdad en el acceso al servicio de las telecomunicaciones en todo el país”, conectando a los argentinos con infraestructura de conectividad mayorista terrestre y satelital. Además, opera el Centro Nacional de Datos.
Desde la asunción de Javier Milei a la presidencia en 2023, ARSAT ha sufrido un ajuste y desfinanciamiento profundo que tiene en estado crítico el funcionamiento actual de su infraestructura.
Ezequiel McGovern, delegado de los trabajadores de ARSAT, explica: “El 25% de los compañeros, más o menos 180, se fueron empujados por el bajo salario. Perdimos el 61% del poder adquisitivo del salario desde diciembre de 2023 a la fecha”.
Sobre el estado de la infraestructura el delegado agregó: “Está sobreviviendo lo que es la Red Federal de Fibra Óptica. Hay muchísimos proyectos de ampliar la capacidad, subir velocidades, que están frenados porque todos los créditos internacionales los capta el Ministerio de Economía y no te los deja utilizar, así que la inversión no llega”.
Los proyectos de ARSAT se financian en gran parte con créditos internacionales de organismos multilaterales como el Banco Mundial, que aportan cientos de millones de dólares para la construcción de satélites y para la Red Federal de Fibra Óptica (REFEFO) iniciada en 2010 para igualar la despareja conectividad en el territorio nacional. Esto permite (o permitía) sostener el desarrollo tecnológico sin depender exclusivamente del presupuesto nacional.
“Son inversiones muy grandes, entonces el Estado sale como garante y ARSAT es el responsable técnico”. En el caso del próximo satélite argentino que se lanzará a órbita, el ARSAT-SG1, se financió con un crédito de la Confederación Andina de Fomento.
McGovern también denuncia que distintos organismos estatales están usando los servicios de ARSAT —la REFEFO, los satélites geoestacionarios, el Centro Nacional de Datos y la Televisión Digital Abierta (TDA)— sin abonar las tarifas correspondientes.
“Le deben a ARSAT casi 80 millones de dólares, que es casi el 70% de una facturación anual. Desde 2023 que no nos pagan”. Esto genera un fuerte desbalance financiero para ARSAT, que depende de esos ingresos para mantener y expandir su infraestructura.
Soberanía y mercado concentrado
Desde 2010 ARSAT administra la REFEFO que cuenta con más de 36.500 km de fibra óptica desplegada en todo el país. El tendido está compuesto por una red troncal federal, organizada en 13 regiones geográficas, y redes provinciales interconectadas. Esta red, transporta el tráfico digital entre los puntos de acceso provinciales y el km 0, ubicado en el Datacenter de la Estación Terrena de Benavídez.
Su objetivo oficial es garantizar conectividad mayorista de alta capacidad a cooperativas, PYMES y proveedores locales, reduciendo la brecha digital en Argentina. De esta forma, se instalan nodos en cada ciudad para que se conecten los proveedores locales, quienes se encargan de garantizar el servicio al consumidor final.
Gracias a este servicio de ARSAT “pequeñas empresas dan servicio de Internet donde Movistar, Telecom o Telecentro no llegan”, explica McGovern, y agrega que “estas pequeñas empresas hicieron inversión propia y compraron la capacidad de ARSAT, que es el que pone el precio en el mercado actualmente”.
Sobre la necesidad de obra pública McGovern explica que, por su superioridad a la conexión satelital, “las obras de fibra hay que hacerlas en todos lados porque contra la fibra no podes competir, pero tiene que estar la decisión política de hacerlo”.
Starlink en las sombras
En particular, no se ha extendido la red, pero tampoco se han hecho avances tecnológicos: “Está en 100GB en los enlaces más troncales y tenemos que pasar a 400GB. Multiplicás por cuatro la capacidad de tráfico que puede circular utilizando la misma fibra”.
El Estado, por su parte, no solo dejó la conectividad en las manos invisibles del mercado sino que acordó contratos con privados. El Gobierno de la Nación formalizó el acuerdo con Starlink, empresa de Elon Musk, para llevar internet satelital a 6.000 escuelas rurales de todo el país.
La empresa aportará los kits y 24 meses de servicio, y el Estado argentino deberá desembolsar casi 12 millones de dólares para poner en marcha el programa y sostenerlo durante los primeros tres años.
Hay preocupaciones por el precio de este servicio una vez superados los primeros tres años, ya que las provincias y municipios serán los que se harán cargo de mantenerlo. “Es una compra directa disfrazada de donación, porque hay un montón de empresas que dan esos servicios, además de ARSAT.
Aparte una cosa es el servicio domiciliario de Starlink, que cuesta entre 20 y 40 dólares, pero si vos das ese servicio para un colegio o empresa ese plan ya no va. Aplica un plan que se vende por tráfico y los costos se te van a las nubes porque es más caro que la telefonía celular”, explica McGovern.
Sobre la retirada del Estado en este campo, Baladrón señala: “Deja esa presencia que tiene que ver con la infraestructura, pero también con la protección de los datos que ahí circulan y con el desarrollo tecnológico para el país. Mantener ese rol del Estado genera empleo e industrias vinculadas. Esto generaría una inversión y un desarrollo tecnológico para la inserción profesional, para que haya más trabajo en el sector, y también desde una mirada soberana”.
Desesperanzados de una respuesta ejemplar del gobierno, McGovern explica que el objetivo de los trabajadores precarizados de ARSAT es “mantener la empresa funcionando hasta que haya un cambio de gobierno y ARSAT recupere el rol para el que fue creado: ser el posibilitador tecnológico de las comunicaciones en Argentina”.
Fuente: Infogremiales.