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San Juan tuvo siete culturas indígenas antes de la llegada española
Estudios arqueológicos permitieron reconstruir miles de años de poblamiento y diversidad cultural en el actual territorio sanjuanino.
POR REDACCIÓN
La historia prehispánica de San Juan fue mucho más diversa de lo que suele representar el imaginario popular. Antes de la llegada de los españoles, distintos grupos humanos ocuparon el actual territorio provincial durante miles de años y dejaron rastros que hoy permiten reconstruir sus formas de vida, su organización y los cambios culturales que atravesaron.
En el marco del Día Internacional de los Pueblos Indígenas, la magíster Claudia Mallea, directora del Instituto de Investigaciones Arqueológicas y Museo Mariano Gambier, explicó a DIARIO HUARPE que pensar en un único pueblo originario como habitante de San Juan constituye una mirada simplificada de un proceso mucho más extenso y complejo.
“La gente está acostumbrada a pensar que es un solo grupo humano cuando llegaron los españoles. En realidad, hubo siete y hasta casi ocho grupos humanos diferentes en cuanto a sus características culturales y materiales a través del tiempo”, señaló.
Miles de años y distintas culturas
Según explicó la especialista, el primer poblamiento de San Juan se remonta aproximadamente al 6.500 a.C., con la denominada cultura Fortuna, correspondiente al período cazador-recolector.
Más tarde se desarrolló la cultura Morrillos, también integrada por grupos nómades cuya subsistencia dependía principalmente de la caza y la recolección, aunque con características culturales y materiales diferentes.
Uno de los principales cambios llegó con la cultura Ansilta, cuando comenzaron a incorporarse la agricultura, la ganadería, las primeras viviendas, los tejidos y la cerámica.
Ese proceso dio paso al período agropecuario, en el que se sucedieron diferentes expresiones culturales, entre ellas Punta del Barro, La Aguada y Angualasto.
“Es imposible hablar de un solo poblamiento. Son cientos y cientos de años de variabilidad cultural”, explicó Mallea.
Los rastros del pasado
Buena parte de lo que hoy se conoce sobre esas comunidades pudo reconstruirse a partir de los elementos que quedaron distribuidos en distintos sectores de la provincia.
Fragmentos de cerámica, tejidos, semillas, herramientas y otros restos permiten conocer cómo vivían, qué actividades realizaban y de qué manera se adaptaron a las condiciones ambientales de San Juan.
“Esa materialidad que ellos dejaron ha permitido reconstruir esta prehistoria. No lo dejaron a propósito, pero esos restos nos cuentan una historia”, sostuvo.
Mallea destacó además que las condiciones naturales de la provincia favorecieron especialmente la conservación de ese patrimonio arqueológico.
“Cuando vienen colegas de Europa, se asombran de la conservación que tenemos en San Juan”, afirmó.
Qué se sabe sobre los huarpes
Durante el período agropecuario tardío, entre los años 1100 y 1460 aproximadamente, coexistieron distintos grupos en el territorio sanjuanino. Entre ellos se encontraban las culturas Calingasta, Angualasto y Uyunzonda, identificadas por características particulares en sus cerámicas, tejidos y otras expresiones materiales.
Posteriormente, se produjo la dominación incaica, antes de la llegada de los españoles.
En cuanto a los huarpes, Mallea señaló que todavía existen aspectos que no pudieron confirmarse definitivamente mediante las evidencias arqueológicas.
“Probablemente la cultura huarpe fue la misma de la cultura Uyunzonda que habitó este territorio, pero es improbable afirmarlo hasta que tengamos evidencias materiales que lo confirmen”, indicó.
A diferencia de etapas anteriores, el conocimiento sobre los huarpes también se nutrió de documentos escritos por los españoles, que aportaron información sobre aspectos de su organización social y económica.
La importancia de preservar los hallazgos
La directora del Instituto Mariano Gambier remarcó que cada elemento arqueológico puede aportar información para reconstruir el pasado y destacó la necesidad de respetar los procedimientos establecidos ante cualquier hallazgo.
En San Juan, la ley 571-F establece un protocolo para comunicar este tipo de descubrimientos y permitir que especialistas evalúen las medidas necesarias para su preservación y estudio.
“Todo fragmentito que encontramos implica muchísima historia detrás que tenemos que develar”, expresó.
Finalmente, Mallea destacó la responsabilidad de las generaciones actuales en la conservación del patrimonio.
“Hay memoria en los restos materiales y en el espacio. Somos los que vivimos hoy los encargados de respetar esa memoria, cuidarla y transmitirla a las nuevas generaciones”, concluyó.